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La cansina lucha política

Se acercaban las navidades de 2015 y a los villancicos y a la lotería se le sumó la primera crisis del lustro: Podemos podía ganar las elecciones. Las RRSS se llenaban de gente llamando a la movilización. Era un momento decisivo en la historia de España, nadie se debería quedar en casa. Era un problema de todos. Las ideas de fondo no importan, lo importante era unirnos ante esa amenaza.

Pasaron esas críticas elecciones y nos metimos en un circo parlamentario al que le puso fin una nueva convocatoria de elecciones. Otra vez nos encontramos en un momento crítico en nuestra historia. Y, para más mala suerte, el referéndum británico para salir de la Unión Europea le añadía al mes de junio de 2016 los ingredientes propicios para pasar a la historia como una de las épocas clave para la humanidad.

Nadie, nadie podía mantenerse al margen de tales eventos. Podemos seguía siendo una brutal amenaza para el futuro de España, y los conservadores británicos y su xenofobia iban a acabar con la Unión Europea. Era un problema de todos. Nadie se podía mantener al margen. Las ideas de fondo no importan, solo unidos podíamos afrontar estos retos.

Por desgracia, aunque se salvó por los pelos el desastre en España, el Reino Unido se lanzó en brazos del populismo provocando que todo ser humano de bien mostrara, sin reparo, sus lágrimas de desesperanza ante las desgracias que dicho evento anunciaba.

Mientras en España el circo parlamentario continuaba, aunque con algo más de relajación, en Estados Unidos un señor, que parecía un villano de cómic, se postulaba a presidente del gobierno federal. Una vez más nadie se podía quedar al margen. Todos nos debíamos movilizar para evitar el fin del mundo tal y como lo conocemos. No era un momento para los tibios. Las ideas de fondo nos alejaban de la unidad necesaria para afrontar problemas de este calado.

Por desgracia Trump terminó ganando. El 2016 pasaba a ser un año negro. Nuestros hijos y nietos nos juzgarán por haberlo permitido.

Después hemos disfrutado de unos meses más tranquilos. Solo un par de crisis en países que solo importan si salen en las noticias nos han perturbado. Pero una vez pasado el verano otra crisis se ha abierto ante nosotros: el referéndum catalán. De nuevo, por enésima vez, nadie se puede quedar al margen. Todos nos debemos movilizar. La sociedad debe ser una. Las ideas de fondo no importan. Solo la unidad importa.

Y en esas estamos ahora mismo. Mientras que escribo estas líneas los políticos de un lado han mandado a gente y a policías a enfrentarse a los policías y guardias civiles que han mandado los del otro lado. Mientras, en las redes sociales, miles de personas piensan que gracias a sus opiniones, memes, fotos (falsas o no) están cambiando el mundo.

La realidad es que nada cambia. La siguiente crisis vendrá en unos meses y volveremos a escuchar lo mismo. Nadie se puede quedar al margen, no hay tiempo para pensar o reflexionar. Si dices algo que va en contra de mi grupo estás a sueldo del otro grupo. O en el mejor de los casos “no eres oportuno y por tanto eres un tonto útil”.

Y de este modo se perpetúa la cansina lucha política. De la que, lógicamente, solos los políticos salen beneficiados. Seguramente funcionaría igual sin la colaboración de tanta mente brillante cegada por la actualidad. Aunque la participación una y otra vez en este circo de personas cuya capacidad y cultura deberían haberles vacunado hace mucho y, sobre todo, su cansina insistencia en que los demás también debemos acompañarlos en su cruzada, empieza a ser muy deprimente.