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La función social del especulador

Solemos entender por especulador a la persona que compra bienes para posteriormente venderlos sin que le aporte un valor añadido. Este, compra los bienes a un precio reducido para venderlos al cabo de un tiempo por un precio superior. Por eso, se tiene la visión del especulador como un ser malvado del mercado que se aprovecha de la infravaloración que hace el mercado de ciertos activos. Sin embargo, el especulador realiza dos funciones imprescindibles.

La primera es la creación del mercado. El especulador realiza la función de market-maker. Estos comerciantes, realizando su función especulativa, son los responsables de que clientes impacientes puedan comprar o vender rápidamente a los precios de compra (bid) o de venta (ask) que ofrezca el especulador. El beneficio que este recibe es el spread, la diferencia entre el precio de compra y el de venta. Dado que estos intercambios se producen con prisa, los market-maker evitan tener grandes inventarios y procuran equilibrar las órdenes de compra con las de venta. Como resultado de su función, proveen liquidez de manera casi instantánea a aquellos que más necesidad tienen de ella, eliminando discontinuidades y suavizando las curvas de oferta y demanda. Las curvas de oferta y demanda son presentadas como curvas suaves y continuas, lo que matemáticamente se denomina funciones diferenciables. Sin embargo, es la función del especulador, el creador del mercado, el que consigue esta continuidad y suavidad.

La segunda función es la intermediación del mercado. El especulador realiza la función de market-dealer. Mientras que con la primera función los intercambios se realizaban de la manera más inmediata posible, en esta segunda función los intercambios se realizan de una manera mucho más calmada. Estos especuladores intentan conocer la valoración correcta de los activos y compran o venden cuando el mercado les ofrece una valoración que consideran incorrecta. No se dejan llevar por la esquizofrenia de Mr. Market (alegoría creada por Benjamin Graham, padre del value investing en su libro The Intelligent Investor). Además, son capaces de acumular grandes inventarios. Su efecto sobre el mercado es de aplanar la curva de precios, suavizar la variación de manera intertemporal. Evitan que en períodos burbujísticos los precios aumenten aún más, vendiendo el stock de sus inventarios; y durante los períodos de recesión evitan que los precios se desplomen completamente, comprando y rellenando inventarios. Así, las ondulaciones de precios en diferentes momentos del ciclo económico tienden a desaparecer. Por todo ello, es la función del especulador, conocer la valoración correcta de los productos y trasladar esta información al resto del mercado.

Como se ha visto, el especulador obtiene beneficios realizando dos funciones imprescindibles para el mercado: otorgar liquidez y estabilidad. Por eso, esa visión del especulador como un ser malvado que se beneficia del sufrimiento de las personas es errónea. Él ayuda a liquidar y obtener liquidez a las personas que la necesiten y además previene que estas se dejen llevar por los ataques irracionales y maníaco-depresivos que a veces afectan al mercado.