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La gestión privada al rescate de la pesca

Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad es el de la explotación pesquera. La producción en las pesquerías no ha dejado de crecer, en términos absolutos. En relación con la evolución de la población, ese crecimiento se ha detenido, y decae. Pero no ocurre lo mismo en el conjunto de la producción pesquera, gracias a la creciente oferta proveniente de la acuicultura. De hecho, según los datos de 2012, que se pueden ver en el último informe anual de la FAO, se produjeron 158 millones de toneladas, de las cuales 66,6 millones proceden de la acuicultura, y 91,3 de las capturas. Es decir, que la producción controlada en piscinas y recintos aporta un 42 por ciento de la producción mundial. Hasta los años 70, ese porcentaje era mínimo, y no ha dejado de crecer especialmente desde la segunda mitad de los años 80.

El problema al que se enfrenta la captura en las pesquerías es el de la sobreexplotación. Es un ámbito en el que la tragedia de los bienes comunales hace que los recursos se agoten rápidamente. Para solventar ese problema, hay dos soluciones. Una de carácter administrativo, y la otra más cercana a la propiedad. La solución administrativa pasa por fijar unas cuotas de pesca que, idealmente, serán suficientes para su explotación, pero no tan altas como para que ésta fuera insostenible en el tiempo.

La solución más cercana a los derechos de propiedad es el de las cuotas individuales transferibles, ITQ por sus siglas en inglés. No se trata de la concesión de un derecho de propiedad sobre una zona, sino sobre una determinada cuota concedida administrativamente, por lo que no estamos hablando estrictamente de derechos de propiedad. Pero sí son derechos que, una vez adquiridos, se pueden explotar o vender. Esta forma de explotar los recursos, ¿ha sido un paso adelante frente a la solución puramente administrativa?

Afortunadamente, contamos con el mayor estudio que se haya llevado a cabo al respecto, publicado en la revista Science. El estudio se titula Can Catch Shares Prevent Fisheries Collapse? Y está escrito por Christopher Costello, Steven D. Gaines, y John Lynhan. El informe controla la evolución de 11.135 caladeros desde 1950 hasta 2003, y fue publicado en 2008 (Science. 19 September 2008. Vol 321. 1678). El resumen del informe es que sus autores han controlado diversas causas del declive general de los caladeros, pero de todas ellas hay una que destaca, y es la mala gestión de los recursos.

Se plantean la siguiente cuestión: Si es rentable explotar los caladeros de forma rentable, ¿por qué se da la circunstancia de que hay explotaciones depredatorias? La respuesta, dice, está en los incentivos. Cuando se fijan cuotas de pesca y se asignan, ello lleva a un tipo de explotación predatoria que no es necesariamente compatible con el mantenimiento a largo plazo. Lo importante es capturar la cuota del modo más eficiente y barato posible. Y cumplir con ella en el momento en que se ha obtenido esa concesión, sin una seguridad de que se mantendrá en períodos posteriores. Además, según han podido observar los autores, el sistema favorece que haya una acción de lobby hacia unas mayores cuotas de las que permitirían una sostenibilidad en el tiempo.

Eso no ocurre cuando se otorgan no cuotas de pesca, sino cuotas individuales transferibles (ITQ). En ese caso, los incentivos son distintos, y la experiencia también. Resulta rentable hacer una explotación sostenible, para obtener una renta futura que tenga valor. Esa renta futura, descontada por el interés, es lo que le otorga valor actual al recurso, y el propietario querrá que ese valor actual sea el mayor posible.

El informe se plantea la posibilidad de que algún propietario pueda invertir en agotar un caladero y reinvertir los beneficios en otra inversión, pero eso apenas ocurre, y bajo cualquier circunstancia, si están definidos los derechos sobre la explotación del caladero, merece la pena no agotarlo e invertir en generar con él una renta sostenible. Lo que implica un caladero sostenible biológicamente.

El informe recoge un gráfico, con la evolución de las pesquerías colapsadas. Si en 1950 no había pesquerías colapsadas, a mediados de los 80' había colapsado ya un 20 por ciento, y en 2003 ese porcentaje se acercaba ya al 22 por ciento. Lo interesante es que, recurriendo a la regresión estadística, calcula el porcentaje que habría si, desde que empezó el sistema ITQ, éste se hubiera generalizado. Básicamente, se hubiera mantenido o, incluso, se habría reducido ligeramente la incidencia de ese colapso, y afectaría a menos del 10 por ciento de las mismas. De este modo, se ve que una fórmula más cercana a la propiedad es capaz de mantener los recursos de forma sostenible, sin que caigan en la trampa de la sobreexplotación.

La misma conclusión se puede observar con la acuicultura, que se realiza bajo un régimen de propiedad privada. El hecho de que haya podido multiplicar su producción para atender a unas necesidades crecientes ante el menor crecimiento de las capturas muestra la capacidad de la propiedad privada de atender las necesidades humanas de forma creciente y sostenible en el tiempo.