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La sociedad que no quiere luchar

A riesgo de que me acusen de ser un hipócrita, voy a utilizar un informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE) para este comentario. Por fortuna no va a ser el, por otro lado interesante, Cambio climático y conflictos, sino el estudio realizado junto con el CIS sobre la percepción de la sociedad española sobre la Defensa Nacional y FAS.

La mayoría de periódicos se han hecho eco del informe y se han centrado en la poca disposición de la sociedad española a defender el país en caso de ser éste atacado.

La verdad es que hay partes bastantes más interesantes, y que su vez ayudan a entender esa poca motivación para defender España.

Lo primero que indica la encuesta es que las personas se están alejando bastante de la solidaridad que, según los medios de comunicación, nos inunda a todos desde que vivimos en un "Estado de Bienestar". Me explico: menos de la mitad de los encuestados declaran que estarían dispuestos a arriesgar la vida por alguien, o algo, ajeno a su familia.

Parece que en los medios de comunicación se ha mezclado esta respuesta con la reticencia de la sociedad a defender al país, pero en realidad no tiene que ver una cosa con la otra. No arriesgar la vida por nada que no sea tu familia incluye no arriesgarla por alguien que corra grave peligro en cualquier circunstancia de tu vida. O sea que en la sociedad comprometida y solidaria del siglo XXI la mitad de las personas declara implícitamente que no arriesgaría la vida intentando sacar, por ejemplo, a un niño de un coche en llamas si se ven en esa tesitura.

Claro está que si la pregunta se les formula así el porcentaje de personas que contestaría lo mismo bajaría considerablemente. Y es bastante posible que en muchos de esos casos, al verse en situaciones reales, sí arriesgarían su vida, pero, precisamente por ser decisiones que se suelen tomar instintivamente, es razonable pensar que, con un porcentaje tan alto de españoles que se muestra reticente a arriesgar su vida, el número de personas que no serían auxiliadas a no ser que lleguen equipos de emergencia puede ser muy alto.

Lo segundo que se vislumbra con la encuesta es que la sociedad pone la salvaguarda de su propia vida por encima de prácticamente todo. En el caso anterior se ve que solo la mitad de la población está dispuesta a arriesgar su vida por alguna razón ajena a su familia. Pues bien, de este 50% la gran mayoría solo arriesgaría la vida por salvar la de otra persona. Aunque es verdad que dos terceras partes afirman que también lo harían por la libertad o la paz, luego no estarían dispuestos a arriesgarla por sus ideas políticas o por su religión, así que parece difícil pensar que de verdad entiendan cómo se consigue la libertad o la paz.

Lo tercero que muestra la encuesta es que la mayor parte de la población no estaría dispuesta a defender el país voluntariamente si es atacado o tendría una disposición negativa a hacerlo. El hecho de tener una disposición negativa o tener reservas a aceptar no me parece muy significativo, ya que un escenario abstracto de ataque al país no es muy lógico y no permite posicionarse. Lo que ya es más importante es que casi el 40% se declara rotundamente en contra de participar voluntariamente en esta defensa sin saber ni siquiera de qué peligro hay que defenderse.

Por último, de la encuesta parece desprenderse una nula implicación en la Unión Europea, al ser solo un 11% de los encuestados los que creen que estaría justificada una acción militar ante la invasión de territorio Europeo, contra las dos terceras partes que sí lo creen cuando el territorio es nacional.

Aunque las preguntas de la encuestas son demasiado abstractas para llegar a conclusiones definitivas, sí parece claro que una buena parte de la sociedad española está lo bastante desencantada de sí misma como para no mostrar mucho interés en defender su modo de vida. Es bastante significativo de ello: que mientras el Estado nos obliga a dar más del 50% de nuestros ingresos por "el bien común" la mitad de la población se declara en contra de arriesgar su vida por nada que no sea la supervivencia de su familia.

Que se ponga límites muy estrictos a los gobiernos a la hora de emprender acciones militares, o que se deje claro que no existe una anexión de los ciudadanos a defender el país ante cualquier circunstancia puede ser motivo de alegría, ya que podría indicar una sociedad madura y responsable, pero no hay que cerrar los ojos a que este pacifismo parece nacer más bien de la firme convicción a no involucrarse en nada que conlleve un riesgo personal, y ese es el mejor caldo de cultivo para que se vaya reduciendo la libertad de las personas.

Hay una diferencia inmensa entre ser pacífico y ser sumiso. Entre querer la paz y no estar dispuesto a luchar por nada. Por desgracia el IEEE no creo que vaya a dar con la forma de que la sociedad vuelva a comprender algo tan básico. Los institutos públicos son útiles para publicar estudios y encuestas, pero que la defensa de un país dependa solo del ministerio del que depende nos termina llevando a peligros mucho mayores de los que creen defendernos.