Usted está aquí

Las propiedades del dinero

La subjetividad del valor no está reñida con la objetividad de la realidad. Los seres humanos actúan en un entorno físico regido por sus propias leyes y características a las que han de adaptar la búsqueda de sus fines y sus medios. Dicho de otro modo, que el valor sea subjetivo no puede significar que sea del todo arbitrario. Si no queremos morirnos de hambre, valoraremos los alimentos pero no cualquier cosa puede ser un alimento por mucho que nos empeñemos.

Lo mismo sucede con el dinero. Para cumplir con sus dos funciones más importantes (medio de cambio y depósito de valor) necesita poseer una serie de características que hacen a determinados materiales mejor que otros para ser dinero. Que a lo largo de la historia hayan existido distintos sistemas monetarios no significa que todos fueran igual de buenos y útiles: también a lo largo de la historia han existido distintos mecanismos de transporte y ello no pone al caballo al nivel del automóvil.

El dinero no es una convención humana, sino un proceso de descubrimiento empresarial para encontrar el bien que mejor cumple estas funciones. Keynes atacó al oro como una "bárbara reliquia" por creer que la única fuente de valor del dinero era su circulación. Sin embargo, la circulación es una consecuencia de su valor: circula porque es útil y es útil porque tiene unas propiedades óptimas.

Carl Menger fue el gran sistematizador en el estudio de las propiedades del dinero. Por desgracia, más de un siglo después de él nadie ha proseguido y profundizando en el análisis de esta área esencial del conocimiento económico, debido al triunfo del nominalismo monetario y a la confusión acerca de la naturaleza del dinero fiduciario.

En este artículo vamos a tratar de simplificar las propiedades mengerianas del buen dinero, dándoles un perfil más subjetivista y tratando de distinguir si tales propiedades son necesarias para que la función del dinero como medio de cambio o como depósito de valor.

1. Demanda no monetaria previa: Sólo aquellos bienes que tienen un valor de mercado con independencia a su uso monetario pueden aspirar a convertirse en depósitos de valor. La propia transición del trueque al intercambio indirecto requiere que los excedentes productivos se intercambien por bienes de los que sea muy fácil desprenderse sin pérdida de valor. Por consiguiente, el valor no monetario antecede al uso dinerario; Mises explicó este fenómeno mediante su teorema regresivo. Además, la existencia de una intensa demanda alternativa a la monetaria reduce el riesgo de la desmonetización: si un bien sólo se usa como dinero, perderá todo su valor si deja de usarse como tal; en cambio, si tiene otros usos industriales, no.

Debe quedar claro, sin embargo, que la demanda no monetaria previa sólo es un requisito del dinero como depósito de valor. En principio, cabe la existencia de medios de pago sin demanda previa, siempre que guarden una paridad con el patrón monetario (depósito de valor), dando así lugar a sistemas monetarios duales. El caso más conocido es el del papel moneda: en un principio, los billetes consistían en promesas de pago en oro. El billete entró, de este modo, en competencia con las monedas de oro como medio de cambio, pero nunca logró sustituir al metal dorado como depósito de valor.

2. Accesibilidad: El dinero ha de estar accesible para que pueda emerger tanto como depósito de valor o medio de cambio. Si en una isla (o en un planeta) no existe un determinado material es obvio que no podrá utilizarse como dinero, por muy positivas que sean sus restantes propiedades. La concentración geográfica de un material, por consiguiente, no favorece su transición hacia un sistema monetario internacional (especialmente por el desfase temporal en aprovechar las ventajas de red, ya que una vez se hayan acumulado importantes stocks, esto resulta menos problemático). Además, por este mismo motivo, el dinero como medio de cambio (y en menor medida como depósito de valor) también debe ser accesible en cuanto a su facilidad de transporte.

La accesibilidad también debe ser de tipo jurídico, esto es, que no existan restricciones legales a la explotación y comercio de un determinado material. La prohibición de su tenencia o los tipos de cambio forzosos, si bien no logran desmonetizar un tipo de dinero ya existente, si suelen favorecer su exportación y su eliminación de la circulación (Ley de Gresham).

La accesibilidad, desde una perspectiva subjetiva, también comprende la transformación del dinero (un metal bruto en la mina no sirve como tal) y la atesorabilidad (accesibilidad intertemporal), si bien por su importancia los extractamos en los puntos tres y cuatro.

3. Facilidad de transformación: El dinero debe poder estandarizarse en piezas de valor homogéneo para así facilitar las transacciones, constituir una unidad de cuenta en la que expresar el capital y, en su caso, para poder desatesorarlos en pequeñas cantidades. La facilidad de transformación depende de numerosos factores como la ductilidad (conversión de un metal en hilos), maleabilidad (conversión de un metal en láminas), la dureza (resistencia a ser rayado) y tenacidad (resistencia a fracturarse) o la fusibilidad (facilidad para fundirse). Ahora bien, un exceso de facilidad de transformación hace que los materiales no sean aptos para convertirse en dinero, debido a las dificultades que tendría para atesorarlo.

4. Atesorabilidad: La atesorabilidad es una propiedad del dinero como depósito de valor y se refiere tanto a la facilidad con la que un material puede conservar su valor a lo largo del tiempo (atesorabilidad estricta) como a la facultad para extraer pequeñas cantidades del fondo atesorado sin afectar al valor de las restantes (desaterosabilidad).

La atesorabilidad estricta depende de la vida media del material, de que sea difícilmente destructible o, en todo caso, que sea fácil de recomponer, de su resistencia a la corrosión (reduce los costes de la conservación) y de su elevado valor unitario (lo que permite almacenar un gran valor en poco espacio). La desatesorabilidad depende de la divisibilidad del material que, a su vez, puede depender de la facilidad de transformación y del bajo valor unitario (cuanto mayor sea el valor, más elevada y costosa deberá ser la división).

En su momento, el ganado fue utilizado como medio de cambio, pero no como depósito de valor, ya que ni era duradero (el ganado moría) ni, sobre todo, podía desatesorarse una parte de una res sin afectar el valor del resto.

5. Escasez relativa: Consiste en la existencia de una alta relación entre el stock de dinero y flujo anual de producción, de modo que el incremento anual de la cantidad de dinero no altere de manera significativa el stock acumulado y no provoque fuertes oscilaciones de su valor. Se trata de la característica más importante del dinero que sólo puede alcanzarse cuando convergen las anteriores características del dinero como depósito de valor, ya que es entonces cuando la gente está dispuesta y tiene la capacidad para atesorar todo el dinero que se va produciendo a lo largo de la historia (de modo que los aumentos anuales sean porcentualmente menores con respecto al stock).

Un dinero con una baja relación stock/flujo sería un mecanismo muy arriesgado para atesorar la riqueza, ya que un incremento desproporcionado de la producción hundiría el valor del patrimonio personal.

Pese a lo que suele pensarse, la escasez relativa no es una cualidad tan importante del dinero como medio de pago. Si existe un sistema monetario dual, el valor del medio de pago siempre puede definirse con respecto al del depósito de valor, lo cual puede ser costoso, pero infinitamente menos que un hundimiento de los valores patrimoniales (la literatura neoclásica, de manera bastante miope, considera que los "costes de menú" son uno de los mayores problemas de la inflación entendida como aumento de precios, sin prestar demasiada atención las consecuencias de la inflación sobre el dinero atesorado).