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Liberalismo en España: ¡es la ley!

Una de las sensaciones que se tienen cuando uno da un paso atrás y contempla el panorama liberal en España es la cantidad de estudios, trabajos, grados, posgrados, artículos y blogs relacionados con la economía. En especial, por supuesto, con la teoría y política monetarias. A mí me parece muy bien, pero luego nos quejamos de que tal o cual facción política se autodenomina liberal cuando solamente comparten las medidas económicas. Pero somos nosotros mismos los que nos centramos en ese tema.

Y no es que no sea relevante, pero no es la clave del asunto. Como me dijo cuando empecé mi carrera de economía un jurista muy querido, cada decisión empresarial o económica tiene su reflejo en un acto jurídico y está amparado en una ley. Aun así, no le hice caso y no estudié Derecho simultáneamente. Y ahora noto que en nuestras propias filas hay una inflación de estudios económicos y poca atención a las leyes.

Reconozco que tuvo que venir Frédéric Bastiat a mostrarme que mi abuelo, el jurista del consejo, tenía razón. Y que es importantísimo entender la razón y el sentido de las leyes para no atarnos la soga alrededor de nuestro propio cuello liberal. Como apunta Carlos Rodríguez Braun en su ensayo introductorio a la traducción española de La Ley de Bastiat, para el autor francés, la vida, la libertad y la propiedad no existen porque el hombre ha legislado. Existían ya antes. Y es por eso por lo que el hombre ha legislado, para que se respeten. Las leyes que incitan a lo contrario son expolio.

Bastaría con una pasada por ese tamiz à la Bastiat de todas las leyes españolas, o europeas, para comprobar hasta qué punto es necesario cambiar la mentalidad legislativa de Occidente como punto de partida para denunciar lo que está pasando. Pero es más entretenido, más vistoso y llega más apelar al dinero que nos roban (que nos lo roban) o a cómo va a afectar a tu poder de compra esta medida o la otra. Y, aunque soy la primera pecadora, no puedo evitar echar de menos ese saber clásico que abarcaba la ética, el derecho, la economía y el comportamiento humano como herramientas que permitían obtener una perspectiva mucho más rica que hoy en día.

Hemos inventado un sistema de gobierno pacífico, una economía de mercado, y hemos descuidado las leyes que los protegen. Y no solamente eso. Hemos creado, además, una serie de contrapesos institucionales para afianzar esos valores, esos tesoros de la civilización occidental (la vida, la libertad y la propiedad) y también los hemos descuidado. Los estudios de análisis económico del derecho, la búsqueda del mejor camino para reforzar las instituciones fundamentales de justicia, se tornan tanto más complicados cuanto más hemos rizado el rizo. A más instituciones vigilantes de los vigilantes, más complicado resulta la "limpieza general" de corrupción, trabas y mal funcionamiento que tan necesaria es.

No hay más que recordar las mil y una películas futuristas en las que nos pintan una sociedad de simios y humanos sin instituciones que hagan cumplir la ley ("simio no mata simio") para que nos demos cuenta de que desde la polémica acerca de la reserva fraccionaria hasta el fracaso de la guerra contra el narcotráfico pasa por unas leyes que expolian, leyes que no respetan la vida, la libertad y la propiedad como preexistentes a la propia ley.

Tal vez los jóvenes liberales hispanoparlantes se decidan poco a poco a buscar el camino legal para salir de la servidumbre y llegar a la libertad.