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Liberalismo y política

Es utópico esperar que alguna vez, en algún lugar, sobrevengan las circunstancias ideales para la puesta en práctica de un programa libertario tal como los libros lo tienen concebido. La ejecución de las concepciones liberales supone el cumplimiento de condiciones que, en la realidad, es inimaginable que tengan lugar de manera absoluta. El mundo no es como los liberales creemos que debería ser, sino como efectivamente es.

Hay quienes, a pesar de esto, son propensos a asumir posiciones maximalistas y reclaman la aplicación de políticas liberales absolutamente puras. Políticas que serían deseables si fueran posibles pero que encuentran resistencias que las tornan inviables. Quienes así piensan suelen, además, descalificar a quien siquiera sugiera la posibilidad de adoptar alguna posición más flexible, que no sea estrictamente la óptima desde un punto de vista liberal, pero que represente alguna mejoría respecto del antiliberalismo desbordado en el cual la mayoría de los países se encuentra.

Este tipo de disyuntivas suelen agriar mucho las relaciones internas entre partidarios del liberalismo y tienden a paralizar la posibilidad de desplegar algún tipo de acción eficaz a los efectos de instalar al liberalismo como opción política. Para quienes sostienen posturas irreductibles, los partidarios de una flexibilización son “conservadores” (una calificación que encierra un evidente contenido peyorativo) y para los que defienden posiciones posibilistas, sus críticos son “utopistas” (lo que implicaría estar divorciado de la realidad).

La ventaja de las posiciones flexibles es que, por hacer el esfuerzo de contemplar los hechos tal como son, llevan a elaborar iniciativas viables, y no proyectos impracticables por no estar adaptados a las circunstancias concretas. Pero el riesgo que estos enfoques encierran es que tienden a desembocar en posturas demasiado concesivas que implican, en los hechos, desvirtuar por completo los fundamentos genuinos del liberalismo. Como un observador imparcial puede apreciarlo, se produce una tensión entre estas dos orientaciones antagónicas y sobreviene el problema de determinar algún criterio que resulte apto para resolver la disyuntiva.

La posición más doctrinaria, más inflexible, tiene el beneficio de que evita el riesgo de incurrir en desnaturalizaciones conceptuales pero, a la vez, la desventaja de que impide aprovechar las oportunidades de realizar avances parciales que puedan representar contribuciones concretas del liberalismo hacia el progreso y el bienestar de las sociedades donde esas iniciativas se apliquen. El problema que sobreviene, entonces, es el de tener que evaluar cada situación para determinar si es conveniente, desde una posición liberal, prestar apoyo a medidas o a Gobiernos no enteramente liberales pero sí con algún tipo parcial de contenido liberal en sus posiciones.

Este no es un problema fácil de resolver y, además, no existen fórmulas matemáticas e inflalibles para abordarlo. La dificultad radica en que, como en muchas circunstancias propias de la vida, cada situación es diferente a todas las demás y requiere un análisis ad hoc al efecto de que se tome, en cada caso, la decisión apropiada, sin que existan parámetros precisos para evaluar cuál es el enfoque correcto. No existe una “tabla” que diga “en tal caso, hay que hacer tal cosa, en tal otra situación, lo correcto es esto otro”… No hay fórmulas aplicables de validez universal. Cada circunstancia tiene sus particularidades y requiere una evaluación específica.

En los círculos liberales no suele haber una buena predisposición para el tratamiento de este tipo de problemas. La mentalidad característica del liberal es a considerar que las soluciones a las dificultades son conocidas de antemano y consisten en aplicar los principios tal como los libros los han consagrado. Por ende, el tratamiento de situaciones donde las soluciones no se presentan en términos de “blanco o negro” sino que están ubicadas en algún punto de la gama de los grises, suele descolocar a quienes están enrolados en el campo del liberalismo.

Como hemos señalado más arriba, no hay soluciones matemáticas en este tipo de casos. Pero una buena guía general, que igualmente requiere una adaptación a cada instancia en particular, es la de considerar las diferentes circunstancias con prudencia, ateniéndose estrictamente a cada cuestión tratada, y analizándola con un criterio primordialmente técnico, procurando por todos los medios hacer abstracción de las implicaciones políticas que pueda haber contenidas en el tema en cuestión… Por ejemplo, frente a un proyecto de presupuesto que pueda contener una reducción de gastos no todo lo amplia que sería deseable pero que implicara una mejoría respecto de la situación anterior, es conveniente adoptar una postura moderada, haciendo énfasis en discriminar lo positivo de la disminución de gastos por un lado, y lo insuficiente de esa baja por el otro. En la medida en que los representantes del liberalismo sean consecuentes en la práctica de esa conducta, irán poniendo de manifiesto ante la sociedad un buen criterio para la presentación de soluciones satisfactorias, proceso que, en la medida en que se vaya prolongando en el tiempo, sedimentará un crecimiento de la imagen positiva del liberalismo y, consecuentemente, irá despejando el camino para que las soluciones basadas en la libertad encuentren más consenso y, por lo tanto, mayores oportunidades de ser puestas en práctica.

Comentarios

Cesar

El exepticismo nitzcheano del articulista sobre el liberalismo al decir " es utópico esperar que alguna vez se den las circunstancias ideales para el mismo" es un acto reflejo de quien vive en una Argentina socialista y populista desde los años 30 hasta hoy inclusive.
Pero me consuela y da esperanzas el pensamiento de los grandes. Ese compatriota del autor, el gran Jorge L. Borges , cuando entrevistado por un periodista habló sobre la abolición del estado .

P- ¿Pero la abolición del estado que Ud propone tiene mucho que ver con el anarquismo?
Borges: Si , exacto, con el anarquismo de Spencer por ejemplo , Pero no se si somos lo suficientes civilizados para llegar a eso.
P.- ¿Piensa que tal estado es posible?
Borges: Si por supuesto. Eso si, para llegar a eso es necesario esperar 200 o 300 años
P. ...y mientras tanto?
Borges. Mientras tanto, joderse.

Decía N. Bobbio que, a pesar de la doctrina política mayoritaria, el hombre se mueve de cotas de menor libertad hacia una inexorable autonomía individual y social.

Lograremos ser lo "suficiente civilizados" para comprender que el anarcocapitalismo es el destino del hombre en sociedad.

Y no es lirismo utópico , ni el hablar para L´ Humanité de Victor Hugo , es puro pragmatismo, vivencias que van desde la revolución del té en las colonias británicas, hasta las enormes revueltas casi destituyentes en la Francia de hoy contra la fiscalidad asfixiante de Macron. Esta en nuestros genes la rebelión contra la opresión, la que matemáticamente tendera a cero cuando alcancemos esa civilidad de Borges.

Anónimo

Borges podía escribir y decir todas esas cosas porque su mundo era la ficción, por eso era novelista, cuentista y poeta. Los que vivimos en el mundo real y no en un mundo imaginario tenemos una visión más concreta de los problemas...

Cesar

Al anónimo: te dices a si mismo realista . persona de criterio , no utópica o idealista como el anarquismo.
Pero el orden se dice a sí mismo realista, aunque su realidad no es otra que la de la dominación.
Para lograr realizar el liberalismo como dice el articulo es necesario un carácter afirmativo , no solo reactivo de rechazo a la delegación de derechos , a las intrigas palaciegas, a la creciente camisa de fuerza de las leyes para eternizar el privilegio real aggiornado de las socialdemocracias. El anarquismo no es utopia sino realidad vital del individuo .
La utopia y el idealismo nacen de la mente de quien pretende poner orden y sentido a la libertad a la que llama caos , como Hobbes a su estado naturaleza. La utopía e idealismo están del lado de las leyes los estados, , hasta las mismas ciencias y sus sistemas a las que contraponen como frontal antagonismo a su "realidad"
Bajo la fachada de los estados, de las apariencias de instituciones formales, siempre espera una nueva crisis, una nueva explosión, una nueva demostración del carácter anarquista e indomable de la realidad. y como exprese antes aqui, la actual protesta social en la asfixiante France de Macron no es una excepción
Debemos esforzarnos como nuevos Sisifos, en aplicar el proyecto anarquista a la realidad ,pero no en vano.

Lysander Spooner

De igual modo que el comunismo es una utopía lo es el liberalismo. Porque es imposible que todos los seres humanos se sientan concernidos por lo mismo y se apliquen a la tarea de implementar un sistema que, más que de gobierno lo es de vida, de forma pacífica. Vivir en los mundos oníricos no hará que los terrenales sean como deseamos que sean.

Cesar

..."El gobierno como un asaltador de caminos dice al hombre: tu dinero o tu vida y la mayoría, si no todos los impuestos, son pagados bajo la amenaza de esa coacción. Pero el asaltador de caminos toma sobre sí la responsabilidad, peligro y delito de su propio acto. No pretende tener ningún derecho sobre tu dinero ni tiene la impudicia de presentarse como un protector. El asaltador de caminos una vez que te ha quitado tu dinero te deja en paz y no te anda siguiendo intentando convencerte de que es tu soberano y que tiene el deber de protegerte»...." «Y los llamados soberanos, en diferentes tipos de gobiernos, son simplemente las cabezas o jefes, de diferentes bandas de ladrones y asesinos». Lysander Spooner

Mejor cambie de seudónimo ya que lograra que el verdadero se revuelva en su tumba de vergüenza.

Cesar

P.S. ...olvidaba lo que quería resaltar del verdadero Spooner. ...
«La unión, el ser incorpóreo, compuesto de personas reales, no es nada sino una ficción. No tiene ninguna realidad. Es una ficción adoptada simplemente para conseguir librarse de las consecuencias de algunos actos. Un acto de legislación no puede transformar a veinte personas reales en un ser incorpóreo. Después de todos los malabarismos legislativos, "la compañía" sigue siendo tan sólo los individuos que componen esa compañía»

Que asociación legislativa considera usted no "utópica" Mr Spooner . ?

Jose

Afirma el autor que el "buen criterio" del gradualismo, puede modificar la realidad de manera imperceptible y dice:
"… Por ejemplo, frente a un proyecto de presupuesto que pueda contener una reducción de gastos no todo lo amplia que sería deseable pero que implicara una mejoría respecto de la situación anterior, es conveniente adoptar una postura moderada, haciendo énfasis en discriminar lo positivo de la disminución de gastos por un lado, y lo insuficiente de esa baja por el otro"

Que poco original su política económica señor Sala, Es ni mas ni menos que la desastrosa política que ha estado llevando hasta ahora el gobierno "liberal" del mandatario argentino señor Macri . Esa impostura de liberalismo que lleva ya tres años de claro fracaso en reducir la deuda argentina, Ya el ex- presidente del banco central, Melkonian, ha dicho que el nivel de endeudamiento externo e interno acumulado a la fecha por el "gradualismo" del gobierno llevara al país al colapso .
¿Ese es su "buen criterio" su "real" criterio técnico e ideológico, para lograr que se tome en serio la ideología liberal ? ¿Este es el "punto gris que no descoloca a quienes están enrolados en el campó del liberalismo"? ... (!!!!)
No caballero, luchar por un ideal es hacerlo sin dobleces, con la honestidad moral de aplicar sus principios sin "grises"
Un escrito mediocre, yo diría que alcanzo el punto gris de lo que jamas trascenderá , al igual que la oportunidad que ha perdido el nuevo gobierno argentino.

Javiac

Al final es poco relevante si el anarcoliberalismo es viable, pues para llegar a él, antes hay que pasar por un proceso liberal de adelgazamiento del estado, y de un cambio de mentalidad en la sociedad. Y lo queramos o no, ese cambio sólo puede ser gradual. Anarquistas y liberales debemos apoyar toda reforma en la buena dirección, aunque dejando claro que tan solo es un paso, y que todavía no se ha llegado a la meta. Por supuesto debemos apoyar una transición lo más rápida posible, pero la velocidad de los cambios dependerá de lo políticamente posible, y de lo que maximice el bien común. De manera que aunque queramos llegar a una situación sin estado, o con un estado muy pequeño, si una bajada del gasto demasiado acelerada, supone un empeoramiento de la calidad de vida de la sociedad, dicho cambio no debería ser apoyado.
Para aquellos que quieran reducir el tamaño del estado, sin tener en cuenta si el resultado es positivo o negativo para la sociedad, no es que su postura sea utópica, es que es indeseable desde cualquier punto de vista.
No deberíamos perder de vista, que la libertad es el mejor medio para alcanzar un fin, que es el bien común, y por tanto no es un fin en sí misma.

D. L. R.

A mí con que el pactismo no conlleve la pérdida de libertad por otro lado, como propugnan muchos supuestos liberales que se han abandonado a los brazos de Vox o Bolsonaro, me valdría. Para que él gradualismo sea un avance no se puede dar un paso adelante con la derecha y uno atrás a la izquierda. Y me vale lo mismo para el (hasta hace 10 años) liberalismo en lo social de la izquierda.

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