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Malas críticas contra el liberalismo

Matt Bruenig afirma (aquí y aquí) que la propiedad privada es contraria a la libertad, innecesaria e injustificada, que el capitalismo es coercitivo y genera patrones persistentes de pobreza, y que los empleadores coaccionan a los empleados (aquí).

Según Bruenig, los liberales dicen ser contrarios a la agresión, pero en realidad la propiedad privada es una agresión violenta contra la libertad: si alguien se apropia en exclusiva de un objeto o de una extensión de tierra, entonces los demás ya no son libres de usarlo o de pasar por allí; además si el propietario usa la fuerza para defender sus posesiones, entonces es él quien inicia la agresión contra los que no acepten quedar excluidos. Parece defender una concepción ingenua e infantil de la libertad como ausencia total de restricciones; e ignora que todos los sistemas normativos imponen límites al libre albedrío (eso son las leyes), y suelen incluir el uso de la fuerza para sancionar los incumplimientos.

El problema esencial de la ética es justificar las normas que limitan la libertad de acción de los individuos, y especialmente aclarar en qué circunstancias es legítimo utilizar la fuerza contra otros. La forma de argumentar la ética de la libertad (libertad, propiedad, no agresión) es investigar qué normas son universales y simétricas (y por eso justas al ser iguales para todos) y además funcionales, es decir que eviten, minimicen y resuelvan conflictos y permitan la convivencia armoniosa, la cooperación social y el desarrollo humano (parte utilitarista o consecuencialista). El uso de la fuerza es legítimo si es para proteger o garantizar el cumplimiento de este sistema normativo (defensa y justicia).

La libertad del liberalismo no consiste en poder legalmente hacer cualquier cosa que uno desee, sino que está limitada y complementada por la propiedad: uno es libre hasta que choca con la libertad ajena, o mi propiedad acaba donde empieza la del vecino. El libre mercado no es la ley de la jungla o el vale todo sin reglas de ningún tipo. El principio de no agresión no se refiere solamente a la violencia física con puños o armas contra la persona, aunque esta es su forma más básica, sino que también incluye violaciones de la propiedad como el robo o la invasión. Existen acciones que no son físicamente violentas, como el hurto, que son consideradas delito en un sistema liberal; por otra parte existen formas de impedir el acceso que no requieren del uso de la fuerza, como por ejemplo barreras o murallas pasivas suficientemente fuertes y difíciles de superar.

Aunque no lo explicita, Bruenig parece no aceptar la agresión física contra la persona. Sin embargo, no se da cuenta de que la mera existencia de un individuo, sin necesidad de que este se apropie de ningún objeto externo, implica restricciones a la libertad de los otros: como el espacio que uno ocupa no puede ser simultáneamente ocupado por otros, la mera existencia limita la libertad ajena; además de las limitaciones físicas puede haber restricciones normativas si no es legal empujar a los demás u obligarles a apartarse; y si el individuo puede defenderse de las agresiones ajenas entonces podríamos decir que está violando la libertad de agredirlo según la concepción ingenua e irrestricta de la libertad.

Bruenig no ve que está aplicando la idea de propiedad al intentar criticarla o negarla: el hecho de que no sea legal dañar físicamente a otras personas (la agresión más básica) y que cada uno pueda libremente hacer lo que quiera con su cuerpo es equivalente a que cada individuo es dueño exclusivo de sí mismo. Como muchos otros que no saben cómo se fundamenta el liberalismo, sólo aplica la noción de propiedad al control de bienes físicos externos, y no al propio cuerpo, que es el bien o medio de acción más fundamental.

La idea de que la propiedad siempre existe se refiere a que siempre hay alguien (individuo o grupo) legitimado para controlar o decidir sobre el uso de algún bien que pueda implicar algún conflicto, excluyendo o privando a los no propietarios. La propiedad no existe o no tiene sentido sobre bienes no escasos o cosas no valiosas o útiles (que no son bienes), sobre cosas no aprovechables (por ejemplo porque están muy lejos y no son accesibles) o en aquellos ámbitos donde no puede haber conflictos.

Bruenig cree que es erróneo afirmar que la propiedad siempre existe y pone un ejemplo: se pregunta por qué los liberales no aceptan un mundo en el que cualquiera pueda coger y emplear cualquier cosa que otro no esté utilizando en ese momento. Sin embargo en realidad en este sistema también existe la propiedad, ya que no se acepta quitarle a otro aquello que está usando, y eso es algo que puede hacerse sin violencia y sin tocar a la persona: lo que pasa es que se trata de una propiedad peculiar, que se adquiere mediante contacto, al tocar algo, y se pierde o abandona al soltarlo. Este sistema además no está bien definido, ya que los bienes pueden tocarse sin usarse y usarse sin tocarse, y es posible que varios agentes toquen algo a la vez y entonces no está claro quién tiene mejor derecho.

Bruenig reclama que algún liberal le argumente dónde está la coacción en este sistema normativo, porque si no hay coacción debería ser un modelo perfectamente liberal. Sin embargo el problema de este sistema está en lo disfuncional que sería su aplicación: los agentes no podrían hacer planes mínimamente complejos con la seguridad legal de que cuentan con los recursos necesarios, y la producción o elaboración de bienes duraderos o bienes de capital sería extremadamente limitada al no poder los agentes mantener su control en el tiempo y beneficiarse de las inversiones realizadas. Sería muy mala idea no legitimar el uso de la fuerza para defender la propiedad duradera de objetos que no están en uso permanente. Los individuos no sólo quieren disponer de bienes en el momento en que los usan de forma efectiva, sino que necesitan saber que van a estar disponibles en el futuro: así se fomenta la producción, la acumulación y el intercambio de riqueza, y muy especialmente se facilita la coordinación de los planes de acción.

Para ser completo el análisis ético debe considerar todas las normas imaginables, pero una vez estudiadas puede rechazar aquellas que resultan absurdas, destructivas o disfuncionales, como es este caso de propiedad solamente por uso directo. Es posible imaginar mundos sin propiedad o con formas extrañas de la misma, pero resultan ser malas ideas.

Además la propiedad en su sentido ordinario garantiza al dueño la disponibilidad de un bien pero no excluye de forma definitiva o irreversible a todos los demás: en el libre mercado uno puede comprar lo que otros poseen, o puede utilizar las cosas de los demás pidiendo permiso para hacerlo de forma gratuita (como invitados), o alquilándolas (ofreciendo algo a cambio).

Cuando alguien se opone a la apropiación exclusiva de bienes puede referirse a bienes que no eran utilizados por nadie ni propiedad de nadie, o a que se privaticen bienes comunes. Si los bienes no eran de nadie, al apropiarse de ellos uno no está quitándoselos a nadie. Si los bienes son comunes, lo ilegítimo sería que una parte se beneficie a costa de otros, apropiándose de algo sin permitir que otros hagan lo mismo con otros bienes, o excluyendo a antiguos copropietarios sin compensarles por ello. Pero hay formas legítimas (sin causar pérdidas a nadie) de privatizar de forma individualizada (o con grupos más pequeños) lo que previamente era propiedad colectiva, y así evitar problemas como las tragedias de los comunes mal regulados que se agravan con su escala y complejidad: dar a cada miembro una parte proporcional de lo común (una parcela de un terreno), o comprarle su parte con una compensación monetaria.

La propiedad privada (individual en la medida de lo posible) es una forma de distribuir y concentrar la capacidad normativa y de decisión: sobre lo que es de todos, cada uno tiene poco poder de decisión y recibe un beneficio parcial pequeño, y el sistema de gestión de lo común puede ser muy ineficiente, conflictivo o corrupto; la propiedad de cada individuo es sólo una pequeña parte del total, pero la decisión y los beneficios se concentran, aprovechándose el conocimiento local disperso y no articulado y generándose los incentivos adecuados para la producción y el mantenimiento de los bienes.

Un sistema liberal de propiedad privada es más flexible y tolerante que un sistema colectivista: las propiedades privadas pueden unirse o asociarse si los propietarios así lo acuerdan, y nadie está forzado a participar; los sistemas colectivistas no suelen consentir que los individuos abandonen el grupo o tengan ámbitos de decisión sobre los cuales son completamente soberanos.

Bruenig argumenta también que el capitalismo causa privación a aquellos que no tienen propiedades (ignorando que uno es dueño de su cuerpo y de su capacidad de trabajo, y por lo tanto todos tienen alguna propiedad) y a quienes por incapacidad o incompetencia no tienen nada suficientemente valioso que ofrecer a otros (vendiendo un bien o proporcionando un servicio). En realidad lo que una sociedad libre prohíbe es que la gente, aunque sea pobre y necesitada, viva a costa de los demás sin su consentimiento. El capitalismo no sólo no causa la pobreza, que es una condición para muchas personas sin necesidad de que sea culpa de otros, sino que es el sistema económico que mejor facilita la producción y distribución de riqueza mediante intercambios voluntarios. Los que son más ricos lo son por haber servido con más éxito a otros. Bruenig ignora que gran parte de la pobreza se debe a agresiones permitidas, no perseguidas o causadas por los Estados; y no menciona que en la sociedad libre no sólo existen relaciones comerciales, laborales o empresariales: también hay familias y asociaciones de ayuda mutua o de caridad con los necesitados.

Sobre los trabajadores, Bruenig afirma que están esencialmente explotados y sometidos a los dueños del capital, que además está concentrado en muy pocas manos. Ignora que gran parte de ese capital es propiedad de trabajadores actuales o pasados (fondos de inversión, planes de pensiones). Asegura que los empleadores están bien financiados y no tienen necesidades mientras que los trabajadores se ven obligados a aceptar salarios o condiciones de trabajo indignos. No distingue al trabajador que se ve “forzado” por sus circunstancias del esclavo que es literalmente forzado por el esclavista. Ignora lo difícil y arriesgado que es ser empresario; que los jefes existen porque los trabajadores necesitan ser coordinados, para estimar su rendimiento y para evitar su posible escaqueo; y que los empleadores pueden exigir por la fuerza a los empleados que trabajen de forma productiva porque los empleados pueden exigir a los empleadores por la fuerza que les paguen. Equipara el no recibir ingresos del mercado o de un empleo con ser pobre, y así los niños, los ancianos, los estudiantes o quienes no trabajan por cuenta ajena son considerados pobres.

Según Bruenig, la auténtica libertad implica no ser pobre y poder librarse de las exigencias del empleador. Ignora que los empleadores no fuerzan a los empleados a trabajar para ellos, y olvida la libertad del empleador, que también necesita al empleado y no puede prescindir de él sin sufrir pérdidas considerables (véanse los daños provocados por las huelgas). Si la libertad de los pobres fuera falsa, no pasaría nada si la perdieran: pregunten a los pobres si les importa o no que se la quiten.

Comentarios

Anónimo

No se duerma el lector, mañana tocan las buenas

Pizarro

Bruenig quiere aportar según su capacidad y recibir según su necesidad, y si hay dudas, pues el Estado definirá sus capacidades y sus necesidades.
Aportar según su elección y recibir según la aceptación, o generosidad, de los demás, le parece esclavitud.
Matt no critica, gargajea.

Fernando

Gran artículo, Paco.

Recuerdo una conferencia brillante que diste en el IJM sobre ética, normas y contratos, pero no encuentro el texto: te agradecería que lo compartieras aquí, por favor.

Un saludo useño,

Fernando

Francisco Capella

Hola Fernando

Si puedes precisar un poco más, algún enlace al video... Si había presentación seguramente aún la tengo y puedo dártela, pero también es posible que no hubiera texto y fuera todo improvisado.

Saludos

Paco

FERNANDO

Gracias por la pista del video: encontré varias presentaciones al respecto en el canal de YouTube del IJM.

Fernando.

Alejandro

Muy buen artículo Francisco, aprovecho para comentarte que estuve viendo varias de tus conferencias y quería agradecerte por tu esfuerzo de tratar de acercar a la Escuela Austríaca al pensamiento científico escéptico, a la biología y las neurociencias, y alejarla del dogmatismo, el conservadurismo, la religión y el apriorismo extremo pseudocientífico en que muchos austríacos caen, y que tanto daño le ha hecho a esta escuela económica que me parece muy valiosa y es totalmente marginada.

Al respecto te quería hacer unas consultas:

1) Estuve investigando sobre la evidencia empírica de muchos teoremas austríacos-praxeológicos, y encontré que cuentan con mucho respaldo (por ej, sobre el control de precios y escasez, sobre los salarios mínimos y el desempleo, sobre la productividad como determinante del salario, etc). Pero me gustaría encontrar evidencia empírica de neurociencias que respalde el modelo de agente propuesto por Mises como axioma principal, es decir "La acción humana intencional es el intento de pasar de una situación subjetivamente menos satisfactoria a otra subjetivamente mas satisfactoria". ¿conoces papers de neurociencias que apoyen este modelo de agente o al menos sean coherentes en gran medida?.

2) He leído en varios circulos escépticos, que se suele decir que la psicología evolucionista es pseudocientífica, ya que sus hipótesis son infalsables. ¿Estas de acuerdo con esto? ¿Hay experimentos y formas de falsar las hipótesis?

Nada mas, quería contactarte por mail, pero no encontré en ningún lado tu información de contacto. Por cierto sería genial si usaras las redes sociales Twitter o Facebook, asi podemos seguirte de una forma mas directa sobre todo aquellos que no somos españoles.

Gracias!

Francisco Capella

Hola Alejandro, gracias por tu comentario y por el interés.

Sobre el agente intencional y la neurociencia: desde siempre la filosofía, la sociología y la economía han descrito así al agente intencional, no es algo que necesite mucha fundamentación, es más una explicación de algo bastante obvio que la intencionalidad es eso, con palabras más o menos equivalentes. A mí me interesa presentar la intencionalidad como un modo avanzado de control de la acción de un organismo, estudiando qué otras posibilidades hay (reacciones, hábitos) y cómo emerge evolutivamente como una adaptación funcional muy potente.

A veces se abusa de la psicología evolucionista, y quizás se ignoran aspectos ambientales o culturales, pero creo que en el fondo o base es correcta. Si buscas críticas y defensas encontrarás muchas referencias.

https://en.wikipedia.org/wiki/Criticism_of_evolutionary_psychology

https://whyevolutionistrue.wordpress.com/2013/07/07/a-defense-of-evoluti...

Saludos

Paco Capella

Alejandro

Gracias Paco por tu respuesta y los links sobre psicología evolucionista.

Respecto al agente intencional creo que no me expliqué correctamente: me ha pasado varias veces que al defender ese axioma básico me respondieran. ¿Y que evidencia científica tienes de que los agentes actúen efectivamente de esa manera como dice Mises?, y me suelen decir que se demostró en neurociencias que la mayoría de acciones son inconscientes, emocionales, sesgadas, etc. También que muchas acciones son altruístas y no egoístas (por ej, un soldado que se arroja sobre una granada para salvar al resto) que no siguen esa lógica racional autointeresada de "satisfactor de necesidades subjetivas" que propone Mises.

Sin embargo, hay estudios en neurociencias que si parecerían ratificar ese modelo miseano de agente. Por ej:

"Human fronto–mesolimbic networks guide decisions about charitable donation" (Jorge Moll 2006) http://www.pnas.org/content/103/42/15623.full

Que muestra que la toma de decisiones humanas, ya sean "altruistas" o "egoístas" activan los mismos mecanismos de recompensa cerebral, es decir que en ambos tipos de decisiones el agente siente placer. Pareciera entonces que el ser humano si actúa como un satisfactor subjetivo de placer, algo similar a lo que propuso Mises para su axioma principal.

Pero no conozco mas estudios en la misma dirección coherentes con el axioma, por eso te preguntaba si en base a tu experiencia en estos temas, podías recomendarme algunos otros

Nuevamente gracias!

Francisco Capella

Mises siempre habla de racionalidad imperfecta (algo parecido al behavioral economics con sus múltiples sesgos y errores) y nunca de egoísmo o altruismo, sino de acción según las preferencias del individuo, que pueden incluir el bienestar ajeno. Por otro lado el altruismo es explicable desde perspectivas individualistas (aunque normalmente con componente grupal), y el soldado que se sacrifica quizás más reacciona que planifica su conducta.