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Moral y derechos

Cuando Murray Rothbard defendió por primera vez la legitimidad del chantaje en su Man, Economy and State, fue acusado de aplaudir moralmente un acto deshonesto y execrable. Pero Rothbard no se estaba pronunciando acerca de la moralidad del chantaje, sino de su legitimidad, arguyendo que comprar el silencio de otro no supone violencia contra persona o propiedad alguna, luego sería legal en una sociedad libre.

Las invectivas lanzadas a Rothbard son fruto de la confusión, harto común, de los conceptos “moral” y “derechos”, “moral” y “legitimidad”. Los derechos atañen al liberalismo; la moral, a las personas. Es preciso esclarecer nítidamente este punto, porque es la fuente de numerosos malentendidos, críticas infundadas y propuestas intelectuales desatinadas. El liberalismo es una filosofía política y por la tanto sólo versa sobre el uso legítimo de la violencia. En palabras de Walter Block: “sólo se plantea una pregunta y da una única respuesta. Pregunta, ‘este acto supone necesariamente una invasión violenta?’ Si es así, está justificado emplear la fuerza (legal) para impedir o castigar el acto; si no es así, es improcedente.” El liberalismo proscribe las agresiones contra los derechos individuales, contra la persona y sus propiedades (asesinato, violación, secuestro, asalto, robo, fraude...). Nada nos dice, sin embargo, sobre la virtud y el vicio.

A los liberales, qua liberales, nos conciernen los derechos, no los valores. En la medida en la que expresamos juicios de valor lo hacemos como personas, como sujetos morales, no como liberales. Las gentes tienen ideas diversas acerca de lo que es moralmente correcto y el liberalismo no toma partido por ninguna de ellas. Le es indiferente, en tanto que filosofía política, que los hombres sean egoístas o altruistas, trabajadores u holgazanes, homosexuales o heterosexuales. ¿Significa ello que los liberales somos unos relativistas morales, que carecemos de valores? En absoluto, ¿o es que acaso abogar por la libertad religiosa es incompatible con ser un devoto creyente o un ateo fervoroso? Parece como si uno sólo pudiera tener convicciones morales fuertes si está dispuesto a imponérselas inquisitorialmente a los demás. Por otro lado, algunos creen que por defender la legitimidad de una acción los liberales propugnamos la moralidad de su ejercicio, como si defender el derecho a consumir droga implicara elogiar su consumo. Lo cierto es, por el contrario, que si arguyo que el propietario de un restaurante tiene derecho a ser racista y a no permitir la entrada de negros o blancos en su local, pues es su propiedad y a él corresponde decidir, en modo alguno me estoy confesando racista, lo mismo que el que permita hablar a alguien no implica que comparta lo que diga. De nuevo, una cosa son los derechos individuales y otra distinta la moral, que compete a los hombres y no a las leyes.

Los liberales entendemos que la moral sólo puede cultivarse en libertad. Como apuntó Frank Meyer, a lo sumo uno puede ser obligado a actuar como si fuera virtuoso, pero la auténtica virtud jamás puede imponerse por decreto. La moral se vacía de significado si no hay libertad de elección, pues no tiene mérito alguno hacer el bien a punta de pistola. Una acción no puede considerarse virtuosa si no se lleva a cabo voluntariamente. Sólo en libertad podemos sortear el vicio y abrazar la virtud, viviendo de acuerdo con los valores que tengamos por correctos y siendo responsables de nuestros actos.