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No te preguntarán

Terminada la fiesta de la democracia ya solo queda la resaca… y una factura que el contribuyente deberá continuar pagando. Así hasta las próximas elecciones en las que volveremos a ser convocados con gran pompa y circunstancia para elegir de nuevo quién debe seguir gastando nuestro dinero.

Los votos que se metieron en las urnas ya se han contabilizado y, aunque los nuevos representantes todavía no han tomado posesión de sus escaños, el reparto de poder ya ha empezado. Nada como asistir a este reparto de cargos y presupuesto para confirmar nuestro recelo hacia los profesionales de la burocracia. Las ideas se dejan a un lado, los odios se apaciguan y las propuestas se acomodan para llegar a acuerdos que permitan a los políticos la conquista del anhelado poder. Donde dije digo, digo diego y los renovadores se abrazan con la casta sin despeinarse la coleta, los miedos y promesas se dejan a un lado para que el pragmatismo allane el camino hacia la moqueta y el coche oficial. Eso no se lo contaron durante los largos y repetitivos días de la campaña electoral.

Es común que todos los partidos políticos se declaren ganadores tras unos comicios, no les falta razón, ellos siempre ganan y nosotros siempre perdemos, porque deberemos mantener con nuestro esfuerzo fiscal las promesas que ellos hicieron. Las hubiéramos votado o no. La abstención es, con diferencia, el partido más votado y no por ello sus partidarios se abstendrán de pagar impuestos o sufrir las políticas de unos u otros. Es más, tenga la precaución de no quejarse o el listillo de turno le espetará aquello de “haber votado”. Ya se sabe, mejor no hablar de política, todo cambia para que todo siga igual.

No lo olvide, tome nota y apúnteselo para que dentro de cuatro años, o cuando sea que vuelvan a invitarle a la fiesta de la democracia, solo le quieren como convidado de piedra. Y es que una vez que deja el sobre con su voto dentro de la urna no le volverán a preguntar aunque las facturas le seguirán llegando.