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Oferta monetaria, inflación y señoreaje

Uno de los mayores errores de los seguidores de la Escuela Austríaca es la confusión que tienen entre los términos oferta monetaria, inflación y señoreaje. Un ejemplo de esto se puede observar en un artículo reciente de Vanesa Vallejo, liberal colombiana y columnista del medio digital PanAm Post. En él expone que la definición correcta y “original” del término inflación es el aumento de la oferta monetaria en vez del generalizado aumento de los precios. Este es un error típico en austríacos de la corriente miseana (seguidores de Ludwig von Mises) o rothbardiana (seguidores de Murray Rothbard) y cuyo máximo referente en España es Jesús Huerta de Soto. Para desmontar tremendo error hace falta definir uno por uno estos tres conceptos, explicar su interrelación, y señalar sus similitudes y diferencias para evitar confundirnos en su uso.

Oferta monetaria u oferta de dinero

De manera sencilla se puede explicar como la cantidad de dinero disponible en una economía para comprar bienes, servicios y medios de ahorro en un momento determinado.  La oferta de dinero se mide según diferentes agregados monetarios llamados M0, M1, M2… en el que cada uno incluye al anterior, más ciertos componentes los cuales van siendo menos líquidos según aumente el número del agregado monetario. En la ecuación cuantitativa, MV=PY, la letra M es la oferta monetaria y generalmente se utiliza en la ecuación el agregado más amplio del que se disponga información.

Inflación

Habitualmente se define la inflación como el aumento generalizado de los precios. Un aumento de todos o casi todos los precios de los bienes sólo puede producirse cuando la moneda o unidad de cuenta de los precios se deprecia, por lo que podríamos definir la inflación también como la depreciación o pérdida de poder adquisitivo del dinero en la que estén expresados los bienes en una economía. En la ecuación cuantitativa, MV=PY, la letra P es la inflación medida comúnmente según el índice de precios al consumidor (IPC).

Es honesto comentar que los austríacos hacen buenas críticas a la utilización de los índices de precios como medida de la inflación, ya que estos, aplicando el teorema de imposibilidad de Arrow al campo económico, nos demuestra la imposibilidad de que exista un índice superior respecto de los otros. El método de cálculo del índice de precios sólo respondería a intereses económicos o políticos del instituto de Estadística correspondiente.

Señoreaje

Este término poco utilizado proviene de la antigüedad, de cuando el valor de las monedas dependía de la cantidad de metales preciosos que contuviesen (principalmente oro, pero también podían contener plata o cobre). El señoreaje era el beneficio que obtenía la autoridad de las casas de moneda por acuñar una pieza cuyo valor intrínseco era menor al nominal. Era una técnica muy utilizada por los reyes para financiarse cuando tenían unos gastos excesivos como cuando se produce una guerra. La casa de la moneda correspondiente acuñaba monedas con menor cantidad de metales preciosos (y manteniendo su valor facial) por orden del rey para conseguir los fondos que la Corona necesitaba.

En los tiempos modernos, en nuestra época de dinero fiduciario, el significado de señoreaje es parecido: beneficios o ingresos que el derecho a emitir dinero puede constituir para el emisor monopolístico (banco central).

El señoreaje total (St) se obtiene como la suma del señoreaje puro (Sp) y del impuesto inflacionario ().

  • El señoreaje puro (Sp) es la variación real de la oferta monetaria entre dos instantes de tiempo. Se produce por un aumento de la demanda monetaria de la economía (preferencia de liquidez) y/o por el aumento de la cantidad de las transacciones de la economía.
  • El impuesto inflacionario (Tπ) es la perdida de capital que sufren los agentes económicos debido a la perdida del poder de compra cuando aumenta la inflación. El impuesto inflacionario redistribuye la riqueza desde los tenedores de dinero fiduciario hacia el emisor del dinero, el banco central en regímenes ricardianos (banco central independiente de la política fiscal del gobierno) o el Gobierno en regímenes no-ricardianos (banco central subyugado a la política fiscal del Gobierno).

Es aquí cuando se ha llegado al quid de la cuestión. Es el señoreaje, más concretamente, el impuesto inflacionario, el que provoca la inflación y no la oferta monetaria, aunque el señoreaje y la oferta monetaria estén relacionados. Un aumento de la oferta monetaria no tiene por qué producir inflación si este aumento se debe a un incremento de la demanda de dinero o el aumento de la cantidad de transacciones. Para los interesados, la relación entre la inflación y el señoreaje se obtiene mediante la curva de Laffer-Bailey.

Como conclusión, ni la oferta monetaria es inflación, ni la inflación es señoreaje, ni el señoreaje es oferta monetaria. Confundir estos tres conceptos sólo nos lleva a obtener una imagen distorsionada de la realidad y que, con la cual, nos es imposible comprender los fenómenos monetarios de la economía.