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Por encima de la Ley no está la democracia

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Hayek habla de las bondades de cierta democracia al afirmar que esta, como método de resolución de conflictos generales, no es un mal sistema, pero se torna peligroso cuando se hace extensiva a todos los ámbitos de la sociedad.

Hace unas pocas semanas, el número dos de Podemos y licenciado en políticas, Íñigo Errejón afirmaba -referente a Cataluña- que “por encima de la ley está la democracia”. Al hilo de esta insensatez jurídica, conviene tener claros una serie de puntos en la relación ley-legislación-democracia, que sin ánimo de ser exhaustivos nos vemos en la obligación de poner de manifiesto.

Dos mil quinientos años atrás, los sofistas griegos hablaban de la distinción entre los hechos naturales –physei– y artificiales –nomo-, con los cuales se quería distinguir entre lo que existe independientemente de la acción humana en el primer caso, y aquello que precisa de ella en el segundo. En el siglo II d.C., un gramático latino llamado Aulio Gelio[1], traduciría estos términos como naturalis y positivus. Todos conocemos estos vocablos; trasladados a nuestra lengua llevan enfrentando a los estudiosos de la ciencia jurídica desde entonces.

¿Positivo o natural? ¿Creado por hombres concretos en un momento específico, o universal, anterior y superior al ordenamiento jurídico humano? Dos centurias más tarde, en una aciaga tarde de la polis ateniense, Platón hizo una pregunta que ha condicionado la ciencia política desde entonces: ¿qué queremos, un “gobierno de las leyes, o un “gobierno de los hombres”? Mucho después, un verdadero enemigo de la libertad individual como Rousseau, se volvió a plantear este dilema, dando su propia respuesta que –como no podía ser de otro modo– seguía en la línea de aquellos “demócratas” que constantemente buscan a los mejores, a aquellos más sabios, para ser alzados por la mayoría al Gobierno[2]. La sofocracia de la que Platón nos habla en “La República”; escoger al más válido por su condición, para ser quien dirija las vidas de aquellos menos capaces, quienes deberán seguirle con fe ciega. A un paso de la tiranía democrática; una suerte de votación del caudillo. No voy a detenerme más que brevemente en la teoría de las élites que la izquierda e intelectualidad continental lleva propugnando el último siglo y que comenzó a esbozarse en “El Príncipe” de Maquiavelo: Gaetano Mosca y Vilfredo como grandes teóricos[3], y en España -erróneamente- atribuida a Ortega y Gasset. La falsa creencia de que la sociedad debe ser gobernada por aquellos más válidos e inteligentes sin contar con la opinión de los menos dotados, pues son ellos –y no otros- los que deben guiar de forma coactiva a la colectividad hacia las más elevadas cotas de igualdad y seguridad. Desde luego, por su bien. Olvidando que siempre será más honrada la vida con la inseguridad de la libertad, que con las migajas de la servidumbre.

Como en artículos anteriores, las declaraciones de líderes de Podemos no se utilizan en nuestras líneas para criticar al partido –que no necesita mayores críticas, se desacredita sólo– sino para mostrar que existe una creciente tendencia social hacia el totalitarismo de corte democrático. La democracia no puede estar por encima de toda ley, pues aunque dejásemos de lado las leyes naturales que no deben ser objeto de discusión ni votación, nos quedarían otras de vigencia consuetudinaria y basadas en la experiencia y en el conocimiento acumulado a lo largo de los siglos, las cuales no pueden ser vaciadas de contenido de la noche a la mañana por voluntad contemporánea. El concepto de soberanía nacional que manejamos habitualmente no es sólo errado en su propia concepción -los habitantes de un territorio tienen poder constituyente sobre todo y todos los que se encuentren dentro- sino que además, no es válido para el fin que nos ocupa. Por mucho que llegásemos a atribuir validez política a la soberanía nacional de un Estado, esta no llegaría nunca hasta el punto de ser suficientemente vinculante como para que todas sus decisiones democráticas fueran aplicables a todos, de forma irresoluble. Las palabras de Errejón no son más que el sentir cada vez más generalizado de los que nos rodean, que han pasado de tener a la democracia como un instrumento al que acudir para dirimir las cuestiones que afectaban a todos de forma irresoluble (ultima ratio), a ser un arma con la que subyugar al cuarenta y nueve por ciento de los que los rodean. Se ha involucionado; de la democracia como medio (uno de los muchos que pudieran ser útiles para tener una sociedad pacífica) a un fin al que deben aspirar todas las formaciones humanas. La tan manida expresión que se escucha ante cualquier discusión de “pues lo votamos”, sustituye a la actitud coherente de asegurar sólidos principios rectores, ya sean naturales, legales o estatutarios que rijan a las colectividades, y crea la inseguridad ya no sólo jurídica, sino personal, de aquellos que pueden ver cambiar lo que les rodea porque la mitad más uno se lo ordene. No vamos a hablar ahora de la imposibilidad material y moral de la democracia como fin (en la que la mayoría pudiera regular todos los aspectos de vida de la colectividad), pero sí es necesario tener claro que por encima de la Ley, no está la democracia. Y que esta, como medio que es, debe servir para decidir sobre aquello en lo que todos los que están llamados a votar se vieren vinculados, y no una suerte de ensayo error en el que los más, por arte de las matemáticas[4], decidamos sobre la vida privada de los menos. Todo esto hablando por supuesto en términos ideales, suponiendo que la democracia siempre sometiera al voto dos opciones. Cuando pasamos a más, nos encontramos con la Paradoja de Arrow[5] y sobre todo, con el ejemplo práctico de que la gente (los que nos rodean) no vota para que el Candidato X gobierne en consenso con el resto de partidos, sino con el firme deseo de que haga lo que ellos quieren, sin contar con nadie más. Que para eso ha ganado, ¿no?

Los actuales parlamentos han olvidado -maliciosamente- sus orígenes lockeanos, que les daban potestad y obligación de elaborar leyes que desarrollasen el sano derecho natural, y a la par debieran fiscalizar y perseguir la actividad del gobernante. Hoy no son más que extensiones del poder del Ejecutivo, aprobando las leyes que este ha cocinado previamente en un par de despachos, y controlando tan sólo a los partidos de la oposición, si es que se dignan en fiscalizar a alguien. Es por ello que prácticamente todos los colectivos de la sociedad se muestran cada vez más interesados en el proceso legislativo, no por blindar los mínimos derechos que todos precisamos, sino para utilizar para sí el entramado positivo que nos rodea. Ya decía Bastiat en “La Ley” que “(…) desde el momento en que las clases desheredada han recobrado sus derechos políticos, la primera idea que se les ocurre no es liberarse del despojo (esto supondría una ilustración que no tienen), sino organizar contra las demás clases y con detrimento propio, un sistema de represalias, como si fuera preciso que, antes del advenimiento de la justicia, tuvieran que sufrir todos el castigo”.

Esto nos muestra que hace más de siglo y medio, uno de los grandes juristas liberales tuvo claro que si la máquina legislativa servía -como sirve- para otorgar privilegios a unos y quitar derechos a otros, en lugar de para ordenar lo mínimo y necesario para la vida en sociedad, el acceso a esta se regiría por el puro interés corporativo. Y así lo vemos ahora, cuando los que se presentan a los puestos dicen hablar no ya en nombre de sus partidos, ni tan siquiera del “pueblo”, sino contra los demás. Pues las políticas de la izquierda son contra la derecha, las del 15M contra “los de arriba”, y el miedo, una vez más, cambia de bando. La democracia de guerrilla.

Es inevitable reconocer, y de justicia tener en cuenta, que el ideal democrático per se no debe ser reputado negativo. No vamos a usar la manida reductio ad hitlerum[6] para desacreditar la democracia como sistema, aunque podríamos hacerlo. Quien derribó el comunismo (el estatal, pues la batalla ideológica la ganaron) no fue otra cosa que la democracia liberal, a lo que debemos añadir que de ninguna revolución colectivista ha salido avance de la civilización. Ronald Reagan, Margaret Thatcher o San Juan Pablo II[7] como grandes artífices de la caída del Muro de Berlín, tuvieron la democracia liberal como arma y la libertad individual por bandera. Algo demasiado alejado de los vientos de democracia totalitaria que ya soplan por Europa. Quizás sea útil recordar que lo que derrocó al totalitarismo no fue votarlo todo, sino dejar que cada uno fuera quien quisiera ser. No hizo falta referéndum para derrocar al mal.

Hayek años antes ya habla de las bondades de cierta democracia al afirmar que esta, como método de resolución de conflictos generales, no es un mal sistema por su propia naturaleza, sino que se torna peligroso cuando se hace extensiva a todos los ámbitos de la sociedad[8]. Es clave que para tomar decisiones que afecten a la colectividad  sean necesarias importantes mayorías cualificadas y, de no lograrlas, aplicar un principio básico; in dubio pro statu quo. El estado minarquista que planteamos en artículos previos con una efectiva separación de poderes se debe complementar con una verdadera democracia de mínimos, que proporcione instrumentos para articular la vida en sociedad, sin dejar en manos de las mayorías el control de vida de las minorías, menos aún con la excusa de que esa dictadura del cincuenta y uno por ciento se llama “interés general” o “voz del pueblo”.  

La verdadera esencia de la democracia reside en tener claro que esta es un medio más -de entre tantos- para alcanzar la paz y la prosperidad de las sociedades, y ordenar los puntos en común de los ciudadanos. Una vez que esto se comprenda y se olvide la idea revanchista que da alas a los partidos “del cambio”, tratando  de que sea el pueblo el que los encumbre como élite dictatorial -ya que ellos son los únicos que saben cómo resolver nuestros problemas la democracia se verá como lo que debe ser: un modo para resolver algunos temas concretos que no pueden ser depurados individualmente, y no un fin social en sí misma. Y que en todo lo demás, seamos libres y responsables de nuestros errores y aciertos.


[1] HAYEK, F.A. “Derecho, Legislación y Libertad” Página 40. 2ª ed. Madrid. Unión Editorial, 2014.

[2] CUBEDDU, R. “Atlas del Liberalismo” Página 65. 1ª ed. Madrid. Unión Editorial, 1999.

[3] A este respecto, es de útil visionado el Seminario “Ideologías y Teorías Políticas Contemporáneas” del Profesor Miguel Anxo Bastos en la Universidad Francisco Marroquín durante el mes de agosto de 2015, disponible en este enlace.

[4] La democracia como abuso de la estadística, como decía Borges.

[5] Esta teoría viene afirmar que cuando a la hora de votar se presentan ante el votante tres alternativas o más, no existirá sistema de voto válido para reflejar lo deseado por los individuos como resultado general.

[6] Falacia ad hominem creada por Leo Strauss por la que cuando algo lo hizo Hitler (en este caso, subir al poder democráticamente), se utiliza de modo asociativo para decir que toda democracia es mala, y a la par, otro argumento ad nauseam para invalidar al interlocutor para el resto de la discusión. Una pena que Schopenhauer no fuera contemporáneo de estas teorías y publicase “El arte de tener razón” un siglo antes, pues hubiera sido una falacia digna de ser la número treinta y nueve en su obra.

[7] Entre otras muchas referencias, SAN JUAN PABLO II, “Encíclica Centesimus Annus”: “(…)Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia.” Del mismo modo, COMPTE, T. “Juan Pablo II y la Democracia” en Revista Sociedad y Utopía Nº27 Página 26. Madrid, 2006 : “(…) lo que pretenden las teorías del poder inocente según las cuales no existe, por encima de la ley positiva y el querer de las mayorías, ningún límite al poder político.”

[8] HAYEK, F.A. “Los límites de la democracia” Página 5 y siguientes. Revista Ideas de Libertad nº 115.  Ecuador, 2008.

 

32 Comentarios

  1. La democracia es un método de
    La democracia es un método de resolución de conflictos que se basa en la imposición por violencia diferida de ideas cuya legitimidad no se sustenta en la ética o la eficacia empírica o la razón argumentada, sino en un mayor apoyo popular. De traca.
    Acatar leyes sobre el aborto, la negociación con terroristas, el aumento del déficit, la subida de impuestos, la intervención de los mercados… que van en contra de la ética, la razón y la eficacia empírica, te convierte en un miserable, un ladrón, y un empobrecedor de los demás, por miedo a delinquir, a la policía y a la cárcel. Es tremendo.
    Imponer la libertad, imponer la democracia e imponer la voluntad de la mayoría no es acertar, ni es moralmente superior, ni es práctico, es sencillamente imponer. Lo haga Napoleón, Estados Unidos o tu alcalde.
    Discrepo en ver la democracia como un medio para alcanzar la paz y la prosperidad, es una imposición disfrazada de razón, ética y consenso, pero una imposición al fin, que en la práctica es demagogia y violencia monopolizada infumable.
    La paz y la prosperidad ( con mi hermano o con Italia ) no se votan, se trabajan a diario.

    • Como objeción teórica y
      Como objeción teórica y general está bien. Pero la realidad es que han sido las democracias liberales las que han alcanzado una mayor amplitud de libertad y prosperidad.

    • Me alegra ver que te
      Me alegra ver que te interesan mis artículos y la capacidad crítica, siempre es un acicate para mejorar. En este caso o no me he explicado bien o no se ha entendido lo que quería decir; el mensaje del artículo es que la democracia es un medio (más) para llegar a acuerdos entre aquellos que sí o sí tengan que ponerse de acuerdo, y este medio puede ser igual para una colectividad o para una sociedad mercantil. También en las Sociedades Anónimas se votan los acuerdos que vincularían a todos los socios, y estos por mayoría eligen a los Consejos de Administración; otra cosa sería que los socios pudieran votar sobre la vida privada del resto. El mensaje es que como medio última ratio es válida, pero que no debe primar en toda las capas sociales porque como bien dices, acaba siendo coacción organizada.

    • Hola Gómpin,
      Hola Gómpin,
      Lo que te parece una objeción teórica es mi experiencia personal.
      En cuanto a los éxitos de las democracias liberales se me ocurren dos preguntas al aire ¿ algo es bueno por el argumento de que el resto es peor ? y ¿ conformarse acríticamente es lo correcto ?
      Un saludo.

    • Hola Javier Pérez Bódalo,
      Hola Javier Pérez Bódalo,
      Uno de los alicientes para leerte es lo bien que te explicas. Otro es discrepar con sosiego.
      La coacción es incompatible con la ética de la libertad.
      La democracia es el legitimador definitivo de la coacción del poder que le dice al pueblo que oprime, no por orden divina, étnica, nacional, natural…sino por orden del pueblo, así que no puede reclamar.
      Si en una S.A. quieren decidir democráticamente o a la pajita más larga, el resto no tenemos nada que opinar.
      Un saludo.

    • Pizarro, aun estando de
      Pizarro, aun estando de acuerdo en que la coacción y la libertad son incompatibles. No es menos cierto que un mínimo grado de coacción defensiva es necesaria, puesto que la libertad de una persona podría ir en perjuicio de otra. Por supuesto eso nos lleva a la conclusión de que la libertad absoluta es imposible, y que tan solo podemos aspirar a minimizar la coacción, sin llegar nunca a eliminarla por completo.
      En este contexto, las decisiones democráticas pueden tener cierta función positiva, pero como bien explica Javier Pérez, las decisiones colectivas deben ser las menos posibles. Y posiblemente deberían basarse en limitaciones imperativas tanto al gobierno, como a la estructura y la metodología de actuación de los jueces. Que serán los auténticos descubridores de la ley. La vida de las personas no debería estar regulada de forma coactiva, aunque si que puede ser positivo la existencia de normas dispositivas.

  2. Pizarro, aun estando de
    Pizarro, aun estando de acuerdo en que la coacción y la libertad son incompatibles. No es menos cierto que un mínimo grado de coacción defensiva es necesaria, puesto que la libertad de una persona podría ir en perjuicio de otra. Por supuesto eso nos lleva a la conclusión de que la libertad absoluta es imposible, y que tan solo podemos aspirar a minimizar la coacción, sin llegar nunca a eliminarla por completo.
    En este contexto, las decisiones democráticas pueden tener cierta función positiva, pero como bien explica Javier Pérez, las decisiones colectivas deben ser las menos posibles. Y posiblemente deberían basarse en limitaciones imperativas tanto al gobierno, como a la estructura y la metodología de actuación de los jueces. Que serán los auténticos descubridores de la ley. La vida de las personas no debería estar regulada de forma coactiva, aunque si que puede ser positivo la existencia de normas dispositivas.

    • Eso de la coacción defensiva
      Eso de la coacción defensiva es una contradicción en los términos. O hay ataque o defensa, pero A y no A son lógicamente incompatibles. Si hacemos bandera de la irracionalidad, cualquier debate sobra.

    • Anónimo, que sucede si un
      Anónimo, que sucede si un individuo quiere tocar la guitarra a las 3 de la madrugada, y su vecino quiere dormir. Puede que lleguen a un entendimiento pacifico y voluntario, pero entenderás que eso no siempre es así. Y cuando no se llega a un entendimiento, tiene que existir un procedimiento de resolución de conflictos, que dictamine una sentencia resolutiva. Puede que una de las partes no este conforme con la decisión del juez, pero si el juez ha respetado la metodología de trabajo que le marca la constitución. Su sentencia sera firme, y el individuo disconforme deberá aguantarse (la justicia estará coaccionando a dicha persona para que acate la ley). Y si dicha ley, esta basada en una constitución liberal, se estará minimizando la coacción.

    • ejemplo de resolución para el
      ejemplo de resolución para el caso expuesto: se puede tocar la guitarra, siempre y cuando no se impida el sueño del vecino. Bien insonorizando la habitación, bien mediante el uso de cascos si es eléctrica. Puede que el rockero, no termine de entender el fundamento de la sentencia, y se considere seriamente agredido. Pero supongo que la mayoría si que es capaz de ver que la coacción se ha minimizado.

    • Cuando tratas de defender que
      Cuando tratas de defender que la libertad absoluta es imposible, porque siempre será necesario algo de violencia para impedir actos agresivos, demuestras una notoria confusión de conceptos. Libertad no es hacer lo que nos dé la gana, sino no padecer inicio de violencia o actos agresivos; tampoco tiene ningún sentido combatir la violencia con más violencia, ya que eso no la ataja, la incrementa. La violencia o el ataque se detienen con legítima defensa.

      Una vez diferencies cabalmente libertad de libertinaje y legítima defensa de violencia, verás que tus objeciones carecen de sentido. Dos individuos no pueden tener simultáneamente derecho a tocar la guitarra y a dormir. No se trata de una confrontación de libertades, sino de un derecho y una agresión contra el mismo, que en caso de conflicto deberá dirimir un juez, no aplicando violencia sino legítima fuerza defensiva.

      Un juez no minimiza la coacción o la violencia, la condena y elimina de modo tajante. No sé qué líos te haces, pero la cosa está clarísima

    • Según tu:
      Según tu:
      «Dos personas no pueden tener simultáneamente el derecho a tocar la guitarra y a dormir»
      En mi párrafo anterior he puesto como compaginar ambos derechos.
      Mi definición de libertad es que puedes hacer lo que quieras siempre y cuando no dañes a otros, y tengas la debida tolerancia (con debida tolerancia ya incluyo un conato de obligación legal, de coacción).
      PD: Con debida tolerancia, me refiero a la obligación legal a respetar ciertos comportamientos que para algunos pueden ser inmorales, o dañinos, pero que para la gran mayoría son aceptables. Como depende de una opinión mayoritaria o costumbre, la debida tolerancia evoluciona con las percepciones de la gente (véase derecho consuetudinario).
      Por ponerte otro ejemplo, pongamos que quieres pintar tu casa, y tu vecino protesta por que considera que el color elegido es dañino para la vista, y que reducirá el valor de su propia casa. Quien tiene razón? Entra dentro del campo de las agresiones, o de la debida tolerancia?

    • Lo de la guitarra es un
      Lo de la guitarra es un eterno debate para los civilistas. La solición liberal es sencilla: si es en una misma comunidad de propietarios habrá que atenerse a los estatutos que se firmaron en inicio y que todo propietario acepta con la compra, donde se debería especificar horarios de descanso y actividades molestas prohibidas. En caso de comunidades diferentes (pensemos que el vecino guitarrista toca en el edificio de al lado, y despierta a nuestro hijo a las 3 de la madrugada) es obvio que hay que aplicardos dos fuentes del derecho: un principio general que es el de «in dubio pro statu quo» y la costumbre del lugar. Si NUNCA en esta zona, ciudad, edificio se ha perturbado el sueño de los vecinos con semejantes actividades, y es costumbre dejar dormir a la gente, ante la duda nos quedamos como estábamos. Una cosa es libertad, y otra bien distinta libertinaje. Si yo toco la guitarra, sería anti-libertad que otro viniera a prohibírmelo. Pero de igual modo y manera si yo quiero dormir a la hora usual de dormir, y otro toca la guitarra en ese momento, vulnera mi descanso y también por ende mi libertad. No obstante la solución a eso no es democracia, sino Ley.

    • Lo de la guitarra es un
      Lo de la guitarra es un eterno debate para los civilistas. La solición liberal es sencilla: si es en una misma comunidad de propietarios habrá que atenerse a los estatutos que se firmaron en inicio y que todo propietario acepta con la compra, donde se debería especificar horarios de descanso y actividades molestas prohibidas. En caso de comunidades diferentes (pensemos que el vecino guitarrista toca en el edificio de al lado, y despierta a nuestro hijo a las 3 de la madrugada) es obvio que hay que aplicardos dos fuentes del derecho: un principio general que es el de «in dubio pro statu quo» y la costumbre del lugar. Si NUNCA en esta zona, ciudad, edificio se ha perturbado el sueño de los vecinos con semejantes actividades, y es costumbre dejar dormir a la gente, ante la duda nos quedamos como estábamos. Una cosa es libertad, y otra bien distinta libertinaje. Si yo toco la guitarra, sería anti-libertad que otro viniera a prohibírmelo. Pero de igual modo y manera si yo quiero dormir a la hora usual de dormir, y otro toca la guitarra en ese momento, vulnera mi descanso y también por ende mi libertad. No obstante la solución a eso no es democracia, sino Ley.

    • Lo de la guitarra es un
      Lo de la guitarra es un eterno debate para los civilistas. La solición liberal es sencilla: si es en una misma comunidad de propietarios habrá que atenerse a los estatutos que se firmaron en inicio y que todo propietario acepta con la compra, donde se debería especificar horarios de descanso y actividades molestas prohibidas. En caso de comunidades diferentes (pensemos que el vecino guitarrista toca en el edificio de al lado, y despierta a nuestro hijo a las 3 de la madrugada) es obvio que hay que aplicardos dos fuentes del derecho: un principio general que es el de «in dubio pro statu quo» y la costumbre del lugar. Si NUNCA en esta zona, ciudad, edificio se ha perturbado el sueño de los vecinos con semejantes actividades, y es costumbre dejar dormir a la gente, ante la duda nos quedamos como estábamos. Una cosa es libertad, y otra bien distinta libertinaje. Si yo toco la guitarra, sería anti-libertad que otro viniera a prohibírmelo. Pero de igual modo y manera si yo quiero dormir a la hora usual de dormir, y otro toca la guitarra en ese momento, vulnera mi descanso y también por ende mi libertad. No obstante la solución a eso no es democracia, sino Ley.

    • Lo de la guitarra es un
      Lo de la guitarra es un eterno debate para los civilistas. La solición liberal es sencilla: si es en una misma comunidad de propietarios habrá que atenerse a los estatutos que se firmaron en inicio y que todo propietario acepta con la compra, donde se debería especificar horarios de descanso y actividades molestas prohibidas. En caso de comunidades diferentes (pensemos que el vecino guitarrista toca en el edificio de al lado, y despierta a nuestro hijo a las 3 de la madrugada) es obvio que hay que aplicardos dos fuentes del derecho: un principio general que es el de «in dubio pro statu quo» y la costumbre del lugar. Si NUNCA en esta zona, ciudad, edificio se ha perturbado el sueño de los vecinos con semejantes actividades, y es costumbre dejar dormir a la gente, ante la duda nos quedamos como estábamos. Una cosa es libertad, y otra bien distinta libertinaje. Si yo toco la guitarra, sería anti-libertad que otro viniera a prohibírmelo. Pero de igual modo y manera si yo quiero dormir a la hora usual de dormir, y otro toca la guitarra en ese momento, vulnera mi descanso y también por ende mi libertad. No obstante la solución a eso no es democracia, sino Ley.

    • Javiac:
      Javiac:

      Veo que ya has recibido oportuna respuesta que debería haberte esclarecido que no se trata de compaginar derechos equivalentes ni de resolver arbitrariamente externalidades. Como te han señalado, se trata de que los derechos de propiedad estén bien definidos y punto. Por eso es tan importante establecerlos y respetarlos a rajatabla como único modo objetivo de resolver conflictos sin eternizar discusiones. El disparate más idiota es pensar que nadie es dueño de nada y que todos tenemos derecho a todo.

      Añadiré que tu definición de libertad es confusa e imprecisa. Aunque no dañes a nadie es evidente que no podrás hacer todo lo que te plazca (por ejemplo, atravesar las paredes o tragarte un autobús de un bocado) y no por ello sufrirás esclavitud o injusta falta de libertad. Tampoco es legítimo exigir tolerancia con la inmoralidad. Yo no respeto nada a los mentirosos, cobardes o traidores ¿deberían encarcelarme por ello? Lo que sí estoy obligado es a no iniciar violencia sobre nadie, y punto. Si un fulano me engaña en un contrato, eso es una agresión muy clara, en concreto una estafa, que autoriza el empleo reactivo de fuerza proporcionada contra él; si me manda en la dirección opuesta cuando le pregunto por una calle, podré tomar medidas, pero en ningún caso represalias violentas. “Violencia” es concepto claro y distinto que no admite dudas razonables. Cosa distinta es tu particular desorden mental ¿pretendes convertirlo en un argumento?

    • Javier, estoy de acuerdo en
      Javier, estoy de acuerdo en que la solución al problema planteado es la ley y no la democracia. Pero en ultima instancia, creo que debe existir una constitución y unas normas imperativas para regular el funcionamiento de los tribunales y las penas permisibles. Y eso, aunque lo pueden proveer distintos sistemas políticos, es el fundamento principal de la democracia (regular al estado y no a las personas).
      Tal vez en el fondo defiendes un sistema jurídico policéntrico, si es así, ¿podrías explicar el sistema de resolución de conflictos entre alguien adscrito a un ordenamiento liberal, y otra persona adscrita a la sharia?

  3. En la línea de Pizarro, diría
    En la línea de Pizarro, diría que el artículo es lúcido y acertado en su tesis inicial, pero incoherente al final en sus guiños al Estado minarquista. Si se sigue un razonamiento, séase consecuente y remátese con pulcritud la faena sin ambigüedad ni concesiones bienpensantes, que pareciera que nos atenazan los complejines y el miedo al anatema. Y es que tiene tela que se cargue contra el principal icono del populismo, la democracia irrestricta, pero tratando de salvar el concepto esencial: el ideal democrático no es malo per se.

    Si por ideal democrático entendemos meramente esa apelación abstracta a los derechos fundamentales, al pluralismo y la libertad, al rechazo de la violencia y patatín y patatán, conviene aclararlo escrupulosamente para no confundirlo con el principio de las mayorías, porque igual resulta que incluso las más acendradas de nuestras democracias liberales reales tienen muy poco de democráticas. También conviene establecer sin género de dudas que el principio mayoritario sólo puede ser aceptable cuando se ha asumido unánimemente, sin que deba gozar de especial preferencia sobre cualquier otro método de resolución de conflictos también libre y voluntario, como la pajita más larga de Pizarro o las opiniones del más fuerte o el más gordo. El procedimiento para adoptar decisiones es cuestión privada que sólo interesa a quienes deseen embarcarse en el proyecto de que se trate y, por tanto, irrelevante en el análisis sociopolítico: negamos que existan ninguna clase de insoslayables dilemas colectivos, no hay puntos en común de los ciudadanos susceptibles de ordenamiento forzoso o ultima ratio, en el sentido de implicar inicio de violencia, aunque sea mediante democracia o aristocracia de mínimos.

    Por supuesto que la democracia o principio mayoritario no es un fin, pero tampoco el menos malo de medios siempre superfluos una vez negada la mayor, o sea, la entelequia colectiva o que sí o sí tengamos que acordar algo (y entonces sería mejor la aristocracia).

    Señor Bódalo, iba usted muy bien pero la fastidió al final incurriendo en flagrante inconsistencia: democracia sí, pero poquita. Estado sí, pero poquito. ¿Y quién o qué va a establecer la medida exacta? Se trata de la consabida imposibilidad del cálculo económico y político, un elemental problema de procesamiento de información. Sólo el mercado tiene respuestas, pero eso es precisamente la antítesis del Estado por pequeñito que sea.

    • En primer lugar le agradezco
      En primer lugar le agradezco la extensión y fundamento de su respuesta, me llena de orgullo (y satisfacción) ver cómo mis artículos generan interés en lectores tan bien documentados. Entiendo la discrepancia y debo dejar clara una cosa; no son guiños al minarquismo, es minarquismo. No creo que el Estado sea bueno, pero sí necesario como última ratio. Entiendo que en este fin no nos podremos poner de acuerdo, pero debe entenderme en el sentido que es incoherente por parte de un anarcocapitalista afirmar que » Estado sí, pero poquito. ¿Y quién o qué va a establecer la medida exacta?» cuando igualmente de indemostrable sería un estado mínimo ahora (y de hecho a los minarquistas se nos plantea la duda de cómo hacer que ese estado no volviera a crecer) como argumentar que el anarcocapitalismo es la solución, dado que en ambos casos jugamos con teorías y no datos empíricos. Gracias por leer, y un saludo,.

    • Gracias por su amable
      Gracias por su amable respuesta y discúlpeme mi tono no tan considerado; nunca he podido evitar ser bastante bocazas, pero puedo disculparme.

      Sin embargo, no creo que nuestras diferencias sean esenciales por cuanto coincidimos en que el Estado y la violencia deben ser disminuidos lo máximo posible y es un empeño en el que porfiaremos con idéntico ímpetu sin descanso, pues ambos desconocemos el límite, si lo hubiera.

      Saludos

  4. En la Constitucion Helvetica
    En la Constitucion Helvetica hay un articulo:
    «El fundamento y límite de la soberanía estatal es el derecho.»
    _http://etrusk.blogspot.com.es/2013/08/la-constitucion-radical-del-siglo-xxi.html

    • Interesante, un saludo y
      Interesante, un saludo y gracias por el dato

  5. Bien documentado y expuesto
    Bien documentado y expuesto el articulo., pero comparto la «praxis» critica de Berdonio y Pizarro.
    Cierto es que la democracias no puede estar por sobre la ley , pero ambas son instituciones humanas de grado inferior a la veleidosa carta magna del estado llamada Constitución , la que ha sido siempre manipulada por las «democracias» gobernantes, La democracia no puede estar por sobre la ley, pero de hecho y de derecho siempre lo ha estado, El derecho positivo no es el primigenio y legitimo derecho natural, con su evolución social espontanea. La ley positiva es solo un compendio de compulsiones «legales» legisladas ad hoc por las oligarquías gobernantes para legitimar el monopolio de la coacción de un Leviatan dentro del que se esconden los políticos como ese «amenazante» viejito con humos y matracas trás el telón en Alicia en el Pais de las Maravillas.
    Y discrepo con el comentario de Etrusk, «El fundamento y límite de la soberanía estatal es el derecho.» El derecho es una secreción subsidiaria de la sociedad organizada como estado. La soberania del estado , ( potestad de un soberano), es otra ley positiva con sabor rousseauniano y como solo el soberano (lease oligarquia democratica gobernante) pude interpretar la ley natural: ¿Cual es el «justo» estado de derecho que se nos impone idolatrar?

    • No podría estar más de
      No podría estar más de acuerdo, en artículos venideros espero poder profundizar en el derecho natural. Saludos y gracias por la sana crítica.

  6. La democracia no debe entrar
    La democracia no debe entrar en la esfera puramente privada del individuo, pero si que sirve para regular la esfera pública, el ámbito en el que nos relacionamos como sociedad. En ningún caso los votos pueden servir para determinar tus creencias religiosas, pero sí para determinar si nuestro estado debe promover/facilitar/favorecer o no determinadas creencias. Teniendo en cuenta siempre que las creencias deben respetar unos derechos y libertades básicos (no se puede promover la Yihad, o el machismo, ya que esas ideas afectan a la convivencia colectiva). No «controla la vida» de las minorías, si no que regula(mos) la parte de ellas que se relaciona y afecta a los demás.

    Querría saber por qué en un estado está mal que el 51% imponga su visión al 49%, y en una junta de accionistas de una empresa cuyo desempeño, por su tamaño, afecta a muchas más personas de las que decide/trabajan allí, no está mal. ¿O también está mal? Me sorprendería descubrir que eres asambleario. ¿Pro cooperativas? 🙂

    Me sorprende también que estemos de acuerdo en que la «máquina legislativa» (el Estado) sirve para quitar privilegios a unos y dárselos a otros. Lenin también está de acuerdo con nosotros («El Estado y la Revolución» 1917). Sin embargo quitando el Estado no vas a eliminar la opresión, que no viene dada por el Estado, éste es solo su cristalización institucional, su «legitimación» si quieres. La opresión viene dada por las distintas posiciones en las relaciones de producción y la acumulación de capital que generan. Al estar el capital concentrado y la fuerza de trabajo diseminada (y ser sobreabundante), por pura ley de oferta-demanda, quien manda en la relación capital-trabajo (inevitable para llevar a cabo la producción) es la parte del capital. Se podría entrar aquí en lo absurdo de mantener jornadas de 8h (victoria del capital), heredadas desde hace más de 100 años (en su día conquista del trabajo sobre el capital), como si el progreso tecnológico no hubiera mejorado increíblemente la capacidad de los medios productivos. De esta forma quitando el Estado sin alterar las relaciones de producción el problema sigue igual, o se agrava (seguramente), pues solo le has quitado el envoltorio.

    Eso de que «de ninguna revolución colectivista ha salido avance de la civilización» es sencillamente absurdo, o tenemos nociones de avance que ni se parecen. Desde luego que no voy a entrar en un debate sobre la URSS o cualquier otro país socialista en la página del Juan de Mariana, pero es innegable que multitud de avances sobre medicina, computación, ciencia aeroespacial, comunicaciones o energía que disfrutamos ahora se desarrollaron allí o en otros países socialistas. La propia NASA o el ITER (reactor de fusión que se está construyendo en Francia) se apoyan en desarrollos soviéticos previos. Para muestra un botón, el padre de la telefonía móvil es soviético (Leonid Kupriánovich, aún vivo por cierto). Negar todo esto no hace más que plantearme que o estás muy mal informado, o tienes un prejuicio anti todo-lo-que-suene-o-parezca-socialista que toda la racionalidad que usas para hablar de otros temas no logra esconder. Este ultimo es un rasgo que descubro continuamente debatiendo con liberales, y que me impide tomármelos más en serio.

    Saludos.

    PD: no me ha dado tiempo a leer los comentarios así que no sé si sobre algo de esto se ha hablado ya.

    • Si comentas tan a destiempo
      Si comentas tan a destiempo es difícil que alguien te pueda responder, pero no imposible.

      La diferencia entre un Estado y una sociedad mercantil resulta obvia: el primero se basa en la violencia, mientras que la segunda en el acuerdo voluntario. Tu pregunta equivale a plantear cómo puede estar mal cierta práctica realizada durante una violación, siendo aceptable en una relación consentida.

      No se pueden meter en el mismo saco (llamándolo “esfera pública”), como si no existiera diferencia relevante, las relaciones humanas contractuales, y por ello libremente asumidas, y las impuestas. No sólo las relaciones sexuales (un tipo específico de relación social) indeseadas son ilegítimas. Con carácter general, lo será cualquier marco social coactivo.

      Por consiguiente, cuestión previa a cómo se regula una relación social es que la misma devenga procedente y ética; y está claro que sólo lo será si es aceptada de manera explícita, libre y voluntaria por todas las partes implicadas. NO ES EL PROCEDIMIENTO CONCRETO (democracia, autocracia o sofocracia) el que bendice una relación social indeseada. En realidad, éste es por completo irrelevante, pues una vez establecido por los promotores del convenio, los empresarios, se adherirá a él sólo quien lo estime oportuno o le interese colaborar en el proyecto.

      La confusión de conceptos (democracia y beneplácito) resulta literalmente aberrante. Equivale, siguiendo con el símil, con aprobar una violación si se hace con cariño. Es rotundamente falso que la democracia sea un buen procedimiento decisorio (en materias objetivas siempre deberían decidir los expertos), pero aunque lo fuera no convierte en buena la violencia. Nada puede hacerlo.

      El ámbito público legítimo, lejos de subordinar o desvirtuar lo privado, la inalienable soberanía individual, se resuelve privatizando cuando estalla la tragedia de los comunes. Fíjate en tu flagrante contradicción. Por un lado reconoces que la soberanía colectiva no debe imponer directamente las creencias (lo que además es imposible), pero sí hacerlo indirectamente (aunque no acabes de encontrar el eufemismo adecuado). Hablas de derechos y libertades básicos, pero en realidad te refieres a graciosas concesiones, pues la soberanía no puede ser colectiva e individual a la vez. Estado de Derecho y democracia, entendida como principio de las mayorías, son esencialmente incompatibles: no pueden, lógicamente, imperar ley y mayoría al mismo tiempo.

      Esgrimiendo los rancios dogmas marxistas, refieres una extraña opresión no violenta derivada de las relaciones de producción y la acumulación de capital. La pobreza no hay que explicarla ni buscar culpables, pues todos nacemos desnudos; lo que precisa esclarecimiento es la riqueza, que siempre supone mérito y sacrificio de alguien. Hace falta mucha ofuscación o desvergüenza para asegurar que el ahorro, la acumulación pacífica de bienes, pueda oprimir a quien carece de él (salvo, a lo sumo, causarle envidia). Por definición, en la libre relación capital-trabajo nadie manda, nadie puede obligar a lo que no se desea ni impedir el comportamiento pacífico; no se puede forzar a la otra parte a asumir condiciones que considere desfavorables o insuficientes, y frustrar expectativas no significa opresión de ninguna clase. Esa supuesta opresión no violenta que aludes (en franco oxímoron) no tiene el menor sentido equipararla a la violencia real y es una falacia evidente. Como evidente y burda falacia es asegurar que el trabajador medio de hace cien años gozara de idéntico poder adquisitivo que el actual facturando el mismo número de horas. La mayoritaria clase media de hoy no existía hace un siglo.

      Es muy posible que la URSS, o cualquier otro país socialista, tuviera éxito en algún proyecto concreto. Sería el colmo de la estupidez y la ineficiencia que tras esclavizar a millones no consiguieras culminar ningún objetivo. La pregunta es a qué precio. ¿Consideras que los logros soviéticos en ciencia y tecnología, aunque fueran superiores a los de Occidente, que ni de broma, justifican los millones de asesinatos y la miseria brutal que padeció el pueblo a causa del régimen?

    • Bueno creo que o no me he
      Bueno creo que o no me he explicado bien o no me has seguido. Lo primero, comento cuando me leo el artículo, sin más, si contesta alguien vale y si no pues también.

      Una sociedad mercantil con relaciones de producción como las existentes sin Estado es imposible, pues es el Estado el que se encarga de mantener esas relaciones, y SÍ utilizando la violencia, no sé donde has leído que yo haya puesto lo contrario. Entendiendo por violencia no sólo la agresión directa a la integridad física (que también). La soberanía individual sacrosanta de la que os encanta hablar a los liberales es una elección puramente personal en la medida que sus consecuencias sean individuales, en cuanto entran en conflicto con otras personas se regulan por un proceso de deliberación colectivo. La sociedad no me puede decir de qué color me compro el coche, pero si me puede decir en que dirección voy en un carril de la autopista, ya no porque yo me mate, si fuera mi elección, si no porque mi elección afecta a terceros sobre los que no puedo decidir. Si no entiendes esto pues no sé qué más decirte.

      No se de dónde te sacas que las relaciones contractuales por definición son libres. Llamar libre a elegir ser explotado por un sueldo de mierda, porque la otra opción que puedes elegir libremente es morirte de hambre, no sé, veo lagunas. Más aún cuando la tasa de ganancia es increíblemente alta en relación al salario. Más aún cuando el paro es galopante. Si no existe paro y la demanda de trabajadores es muy similar a la oferta todavía se podría asemejar en algo a tu mundo imaginario. Pero esto enlaza con las jornadas de 8h que siguen vigentes (aquí no has entendido nada de lo que he puesto me temo, en ningún caso he dicho que «el trabajador medio de hace cien años gozara de idéntico poder adquisitivo al actual» ¿? ) pese al espectacular aumento de la productividad (mayor que el aumento del consumo, por mucho que se intente estimular por todos los medios, sin entrar en lo insostenible de esto). Para mantener una relación capital-trabajo equilibrada (y estoy hablando desde una perspectiva capitalista) la jornada debería reducirse pues la tasa de ganancia es mayor con menos horas gracias al avance tecnológico, y no excluir a sectores grandes de población del mercado de trabajo. De esta forma la escasez de capital, que se acumula en pocas manos, se compensaría con la escasez de mano de obra necesaria, con lo que la correlación de fuerzas capital-trabajo se mantendría «equilibrada». Pero esto ni es así ni va a serlo. Los intereses inmediatos del capital y del trabajo son opuestos por definición de sus roles en el proceso productivo. Yo no he hablado nada en contra del ahorro, he hablado de acumulación capitalista pero como eres liberal supongo que solo mencionarte «plusvalía» te parecerá un «rancio dogma marxista» y me dirás que no existe, o que en cualquier caso es legítimo que el dueño se quede con ella por haber invertido, arriesgado, etc y aquí llegaremos al punto muerto de siempre. Ni te cuento si entramos en la TVL

      Si no pueden imperar la ley y las mayorías al mismo tiempo mi pregunta es muy sencilla, ¿quién hace la ley? ¿Tu solución es una aristocracia (en el sentido griego, «aristos» excelente)? Tecnocracia si quieres.

      Por otro lado, no me has explicado por qué si las mayorías son tan malas y la soberanía individual sagrada, un 51% de una junta de accionistas puede decidir sobre un 49% algo que además no solo les afecta a ellos sino a gran parte de la sociedad (pongamos una empresa eléctrica oligopólica, por ejemplo) ¿Es que las mayorías de capital no son tan malas, sólo las de personas? Vas a tener que explicarme esto.

      Como decía sobre la URSS y similar ni voy a entrar aquí, los libros de historia y demás información están ahí para quien los quiera.

      Saludos.

    • Bueno creo que o no me he
      Bueno creo que o no me he explicado bien o no me has seguido. Lo primero, comento cuando me leo el artículo, sin más, si contesta alguien vale y si no pues también.

      Una sociedad mercantil con relaciones de producción como las existentes sin Estado es imposible, pues es el Estado el que se encarga de mantener esas relaciones, y SÍ utilizando la violencia, no sé donde has leído que yo haya puesto lo contrario. Entendiendo por violencia no sólo la agresión directa a la integridad física (que también). La soberanía individual sacrosanta de la que os encanta hablar a los liberales es una elección puramente personal en la medida que sus consecuencias sean individuales, en cuanto entran en conflicto con otras personas se regulan por un proceso de deliberación colectivo. La sociedad no me puede decir de qué color me compro el coche, pero si me puede decir en que dirección voy en un carril de la autopista, ya no porque yo me mate, si fuera mi elección, si no porque mi elección afecta a terceros sobre los que no puedo decidir. Si no entiendes esto pues no sé qué más decirte.

      No se de dónde te sacas que las relaciones contractuales por definición son libres. Llamar libre a elegir ser explotado por un sueldo de mierda, porque la otra opción que puedes elegir libremente es morirte de hambre, no sé, veo lagunas. Más aún cuando la tasa de ganancia es increíblemente alta en relación al salario. Más aún cuando el paro es galopante. Si no existe paro y la demanda de trabajadores es muy similar a la oferta todavía se podría asemejar en algo a tu mundo imaginario. Pero esto enlaza con las jornadas de 8h que siguen vigentes (aquí no has entendido nada de lo que he puesto me temo, en ningún caso he dicho que «el trabajador medio de hace cien años gozara de idéntico poder adquisitivo al actual» ¿? ) pese al espectacular aumento de la productividad (mayor que el aumento del consumo, por mucho que se intente estimular por todos los medios, sin entrar en lo insostenible de esto). Para mantener una relación capital-trabajo equilibrada (y estoy hablando desde una perspectiva capitalista) la jornada debería reducirse pues la tasa de ganancia es mayor con menos horas gracias al avance tecnológico, y no excluir a sectores grandes de población del mercado de trabajo. De esta forma la escasez de capital, que se acumula en pocas manos, se compensaría con la escasez de mano de obra necesaria, con lo que la correlación de fuerzas capital-trabajo se mantendría «equilibrada». Pero esto ni es así ni va a serlo. Los intereses inmediatos del capital y del trabajo son opuestos por definición de sus roles en el proceso productivo. Yo no he hablado nada en contra del ahorro, he hablado de acumulación capitalista pero como eres liberal supongo que solo mencionarte «plusvalía» te parecerá un «rancio dogma marxista» y me dirás que no existe, o que en cualquier caso es legítimo que el dueño se quede con ella por haber invertido, arriesgado, etc y aquí llegaremos al punto muerto de siempre. Ni te cuento si entramos en la TVL

      Si no pueden imperar la ley y las mayorías al mismo tiempo mi pregunta es muy sencilla, ¿quién hace la ley? ¿Tu solución es una aristocracia (en el sentido griego, «aristos» excelente)? Tecnocracia si quieres.

      Por otro lado, no me has explicado por qué si las mayorías son tan malas y la soberanía individual sagrada, un 51% de una junta de accionistas puede decidir sobre un 49% algo que además no solo les afecta a ellos sino a gran parte de la sociedad (pongamos una empresa eléctrica oligopólica, por ejemplo) ¿Es que las mayorías de capital no son tan malas, sólo las de personas? Vas a tener que explicarme esto.

      Como decía sobre la URSS y similar ni voy a entrar aquí, los libros de historia y demás información están ahí para quien los quiera.

      Saludos.

    • Bueno creo que o no me he
      Bueno creo que o no me he explicado bien o no me has seguido. Lo primero, comento cuando me leo el artículo, sin más, si contesta alguien vale y si no pues también.

      Una sociedad mercantil con relaciones de producción como las existentes sin Estado es imposible, pues es el Estado el que se encarga de mantener esas relaciones, y SÍ utilizando la violencia, no sé donde has leído que yo haya puesto lo contrario. Entendiendo por violencia no sólo la agresión directa a la integridad física (que también). La soberanía individual sacrosanta de la que os encanta hablar a los liberales es una elección puramente personal en la medida que sus consecuencias sean individuales, en cuanto entran en conflicto con otras personas se regulan por un proceso de deliberación colectivo. La sociedad no me puede decir de qué color me compro el coche, pero si me puede decir en que dirección voy en un carril de la autopista, ya no porque yo me mate, si fuera mi elección, si no porque mi elección afecta a terceros sobre los que no puedo decidir. Si no entiendes esto pues no sé qué más decirte.

      No se de dónde te sacas que las relaciones contractuales por definición son libres. Llamar libre a elegir ser explotado por un sueldo de mierda, porque la otra opción que puedes elegir libremente es morirte de hambre, no sé, veo lagunas. Más aún cuando la tasa de ganancia es increíblemente alta en relación al salario. Más aún cuando el paro es galopante. Si no existe paro y la demanda de trabajadores es muy similar a la oferta todavía se podría asemejar en algo a tu mundo imaginario. Pero esto enlaza con las jornadas de 8h que siguen vigentes (aquí no has entendido nada de lo que he puesto me temo, en ningún caso he dicho que «el trabajador medio de hace cien años gozara de idéntico poder adquisitivo al actual» ¿? ) pese al espectacular aumento de la productividad (mayor que el aumento del consumo, por mucho que se intente estimular por todos los medios, sin entrar en lo insostenible de esto). Para mantener una relación capital-trabajo equilibrada (y estoy hablando desde una perspectiva capitalista) la jornada debería reducirse pues la tasa de ganancia es mayor con menos horas gracias al avance tecnológico, y no excluir a sectores grandes de población del mercado de trabajo. De esta forma la escasez de capital, que se acumula en pocas manos, se compensaría con la escasez de mano de obra necesaria, con lo que la correlación de fuerzas capital-trabajo se mantendría «equilibrada». Pero esto ni es así ni va a serlo. Los intereses inmediatos del capital y del trabajo son opuestos por definición de sus roles en el proceso productivo. Yo no he hablado nada en contra del ahorro, he hablado de acumulación capitalista pero como eres liberal supongo que solo mencionarte «plusvalía» te parecerá un «rancio dogma marxista» y me dirás que no existe, o que en cualquier caso es legítimo que el dueño se quede con ella por haber invertido, arriesgado, etc y aquí llegaremos al punto muerto de siempre. Ni te cuento si entramos en la TVL

      Si no pueden imperar la ley y las mayorías al mismo tiempo mi pregunta es muy sencilla, ¿quién hace la ley? ¿Tu solución es una aristocracia (en el sentido griego, «aristos» excelente)? Tecnocracia si quieres.

      Por otro lado, no me has explicado por qué si las mayorías son tan malas y la soberanía individual sagrada, un 51% de una junta de accionistas puede decidir sobre un 49% algo que además no solo les afecta a ellos sino a gran parte de la sociedad (pongamos una empresa eléctrica oligopólica, por ejemplo) ¿Es que las mayorías de capital no son tan malas, sólo las de personas? Vas a tener que explicarme esto.

      Como decía sobre la URSS y similar ni voy a entrar aquí, los libros de historia y demás información están ahí para quien los quiera.

      Saludos.

    • No he podido contestar antes
      No he podido contestar antes pero te respondo ahora, Alejandro. Es un placer leerte por aquí, más aún si me vienes a citar al Camarada Lenin. Voy a ser muy breve porque el tiempo no me da para más. Respecto de la analogía Estado-Sociedad Mercantil, para justificar que en el primero el 51% vincule al 49 restante es absurdo, porque mientras que el Estado es coactivo per se, la sociedad puede ser abandonada en cualquier momento. Es más, al estado no se entra conociendo las condiciones, ya que el contractualismo es mentira, mientras que a una entidad mercantil se entra conociendo los estatutos, y se decide con base en ellos. La comparación estado-sociedad es tan inverosímil como la de estado-familia. Así llamaban a Stalin «el padrecito».

      Respecto de que » La opresión viene dada por las distintas posiciones en las relaciones de producción y la acumulación de capital que generan» creo que hay poco más que comentar. No, claro que no es así. El poder no se determina por esos medios. Amancio Ortega tiene todo el capital acumulado y todos los medios de producción, pero si los que compran los bienes de consumo (proletarios como tú y como yo) eligen otra tienda, Amancio se hundirá.

      Por último, respecto de que muchos avances vienen de Estados colectivistas, bueno. Dices que la NASA viene de los soviéticos, yo te diría que los cohetes V2 vienen de Von Braun, de los nazis. En ambas opciones serían gobiernos socialistas. Y también se llegó a la Luna con dinero estatal, o a América con el de Castilla. ¿Quiere decir esto que sin el Estado no se hubiera logrado nada de eso? No, por una razón muy sencilla. Ninguna empresa privada podría haber desarrollado un móvil antes que el Estado, porque el espectro de radio es estatal. Ninguna empresa privada podría haber desarrollado Internet, porque las líneas de comunicación que usaba Arpanet eran estatales, y nadie podía entrar. Y ninguna empresa privada podrá hoy vender coches Tesla en España, si el Estado lo fríe a impuestos preventivos. El avance se basa en el conocimiento disperso y en la iniciativa individual, pero si el Estado coopta la entrada al mercado, no hay avance posible.

      Gracias por leer, y un saludo.

    • No sé de dónde sacas que los
      No sé de dónde sacas que los conflictos entre individuos “se regulan por un proceso de deliberación colectivo”. Si te robo, tendremos un conflicto seguro, pero ¿quiénes se sientan a deliberar y arbitran, tal vez, darme a mí la razón? No es nada usual que los conflictos se resuelvan al albur caprichoso de una asamblea, sino con arreglo a normas generales y abstractas, leyes materiales, que nada tienen que ver con la soberanía colectiva y todo con la formación espontánea y evolutiva de instituciones sociales que, como el lenguaje o el dinero, no se crearon deliberadamente por ninguna mente o asamblea.

      Soberanía individual no significa que cada uno pueda hacer lo que le dé la gana (los liberales insistimos en ello hasta la saciedad, pero da igual, porque no hay peor sordo que quien no quiere oír), eso es absurdo, sino que nada ni nadie puede ejercer violencia sobre el individuo pacífico. Cuando aparecen conflictos se determina, con arreglo a este principio, quién es el agresor, es decir, quién ha violado o invadido la legítima esfera privada del otro y asunto resuelto. La democracia, entendida como soberanía colectiva, significa que la mayoría actúa no como juez obligado por la ley, sino como supremo árbitro del bien y del mal. Ya te puedo robar y torturar, que si la mayoría democrática me declara inocente, lo seré según el criterio de la soberanía colectiva. Pretender atemperar esta democracia brutal mediante una Constitución, o diciendo que la ley está por encima de la democracia, supone imposible cuadratura del círculo, porque es lógicamente imposible que ambos principios contradictorios imperen a la vez. No es que la ley esté por encima de la democracia, es que ley y democracia coactiva (por cualificadísima que sea) no pueden en rigor coexistir. Y esto no es una opinión sino una conclusión inevitable y apodíctica, valga la redundancia.

      No es la sociedad la que te puede dictar en qué dirección circular por un carril de la autopista, ya que si así fuera, y le petara, te podría mandar de frente contra un camión o hacia un despeñadero. Por otra parte, ¿por qué no va poder obligarte a pintar el coche de un color caprichoso? Si el grupo manda, manda. ¿O qué? Aclárate, tío.

      No es la decisión mayoritaria del grupo la que impide que mis elecciones invadan otras esferas privadas o, como tú dices, afecten a terceros, sino la inviolabilidad de la soberanía individual de estos. No es decir lo mismo con otras palabras, existe una diferencia esencial que si no entiendes pues no sé qué más decirte.

      Me dejas de piedra con eso de que los contratos no son libres por definición, cuando resulta evidente que los pactos asumidos a punta de pistola no comprometen ni moral ni jurídicamente. Tú mismo.

      Claro que llamo “libre” a aceptar la mano que viene a sacarnos del agua y evitar que no ahoguemos. Hombre, todos preferiríamos que esa mano perteneciera a una chica guapa y no a un gañán maloliente, pero no veo ninguna laguna. ¿Qué mente divina es la tuya para decidir de espaldas al mercado cuándo un sueldo es aceptable y cuándo es de mierda? Me hacen mucha gracia esos que alardean de conocer los salarios adecuados dadas las tasas de ganancia empresarial ¿Cómo es posible que siendo éstas tan altas falten empresarios y sobren candidatos a asalariarse? ¿Cómo es posible que exista desempleo cuando meterse a empresario contratante es negocio tan pingüe? Lo que “arguyes”es una irracionalidad casi insultante.

      El galopante desempleo involuntario que sufrimos se debe exclusivamente a los impuestos y a la intervención política y sindical del mercado laboral. Esto también es apodíctico y no admite réplica. Quien intente rebatirlo sólo conseguirá demostrar lo despistado que está.

      Compruebo que apenas vas más allá de repetir las tonterías del pelmazo de Marx, al que ni siquiera pareces haber leído (aunque a Marx no se lee, se le desbroza: El Capital se compendia en medio folio, el resto es fárrago y basura). Marx aseguraba, camarada, que la tasa de ganancia se reducía (no aumentaba, como dices tú) con el avance tecnológico, ya que el incremento del “capital constante” y la absurda suposición de que las ganancias se derivan del “capital variable” (la imaginaria plusvalía arrebatada a la clase obrera) en retroceso acabarían matando a la gallina de lo huevos de oro. En suma, nos dice el guasón de Marx, la codicia del capitalista le lleva a pretender aumentar la masa de ganancia disminuyendo su tasa, de ahí el ineluctable colapso. Marx se cachondeaba de la gente con galimatías disparatados que ni siquiera pareces conocer. No me apruebas ni en marxismo, je,je. Y no me digas que eres profesor de política porque te lo creo.

      ¿O acaso pretendes haber hallado y resuelto la contradicción interna del marxismo? Claro, el fallo de Marx fue creer que la tasa se reducía cuando en realidad aumenta (lo cual es una verdad como una catedral), pero entonces reniegas del marxismo y sus premisas y no tiene sentido esgrimir ocurrencias tan obviamente estúpidas como la plusvalía y la Teoría Laboral del Valor.

      Quién hace la ley ya te lo he dicho: es un subproducto colectivo inintencionado. Nadie la creó deliberadamente y se reduce al principio de no agresión. Ni tecnocracia ni aristocracia, quiero empresarios en lugar de políticos.

      Sí que te he explicado de sobra por qué las entidades privadas pueden escoger el procedimiento decisorio: porque son de adscripción libre y voluntaria. Las públicas no es que no puedan escogerlo, es que no deberían ni existir porque son coactivas y violentas.

      Esto se está pareciendo a un diálogo de sordos, pero no es mi intención convencerte de nada, sino exponer unas ideas y demostrar la debilidad de tus planteamientos.

      Un saludo, y como no voy a entrar en bucles ni repeticiones, salvo que me contestes algo nuevo, ya me despido.


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