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Por unos consumidores liberados

Siempre me han interesado las políticas públicas, la política y el destino de nuestra sociedad. Los que compartimos esta pasión hemos seguido análisis y controversias sobre la regulación, sus efectos, sus costes y beneficios. Sin entender bien este tipo de cosas no se puede hacer una política solvente, y eso es lo que ocurre en demasiadas ocasiones. En este campo, los economistas tienden a analizar asuntos de mucha relevancia para la sociedad: el mercado laboral, el sector financiero, la provisión de energía. A mí siempre me ha llamado la atención la falta de referencias asequibles sobre un tipo de regulación que afecta a nuestras vidas cotidianas, y con las más diversas excusas empeoran nuestra calidad de vida. Es la llamada protección al consumidor, que en tantas ocasiones se convierte en una limitación concreta de la libertad de los consumidores y en una disminución tangible de la calidad de los productos que consumimos.

Hace unos años viví fuera de España y a mi vuelta me traje un coche de una marca y un modelo que se vendía en España y que se fabrica en un sólo lugar. Como se trataba de un bien perteneciente al ajuar doméstico, su importación no exigía pagar más impuesto que el de matriculación. Pero antes había que hacerle la inspección en una ITV para comprobar que el vehículo estaba homologado. La administración rápidamente comprobó que había un problema: la regulación española exige que las luces anti-niebla sean accionadas separadamente, y no con el mismo interruptor. No me acuerdo cuánto me costó dejar el coche en condiciones homologables por las autoridades españolas, pero se trató de una factura relevante.

Entonces compré una cafetera eléctrica. Como mi familia es numerosa, tenemos la costumbre de que el primero en levantarse -yo- hace café, que los demás miembros de la familia van sirviéndose cuando desayunan. ¡Pues el café estaba siempre frío! Al principio yo creí que había comprado una mala cafetera, o que no había entendido las instrucciones. Hasta que conseguí averiguar la causa: la regulación europea exige que las cafeteras tengan un temporizador que impida su funcionamiento durante más de 40 minutos.

El otro día leí un artículo en el Wall Street Journal que me dejó extraordinariamente sorprendido: hace 35 años los lavavajillas limpiaban perfectamente en una hora de media. Hoy, para hacer el mismo trabajo, necesitan entre 3 y 4 horas. La regulaciones medioambientales obligan a que sea así, y también afectan a lavadoras y secadoras, que podrían ser mucho más eficientes de no ser por la regulación.

En el origen de muchas de estas regulaciones están consideraciones relativas a la seguridad de los consumidores o al efecto sobre el medio ambiente. Pero las maquinarias burocráticas dedicadas a estos asuntos siempre encuentran construcciones intelectuales que sirven a sus propósitos. Un fundamento muy frecuente de todo tipo de restricciones es el del etiquetaje de los productos. Se trata de que cuando uno compra jamón de Jabugo sea, efectivamente, de Jabugo y no de Tarancón. La garantía del origen de los productos podría dejarse perfectamente al mercado, por supuesto. ¡Pero es tan tentador regular el lenguaje! Muchos recordamos las controversias europeas sobre lo que es y no es un plátano, pero les traigo aquí un caso espectacular: el pasado 27 de diciembre ha sido declarado el de la “liberación del aliño francés”. La FDA americana definió en los años 60 lo que es, lo que puede contener y lo que no el famoso French dressing que se usa para aliñar las ensaladas: “(the)…French salad dressing be made of oil, 'acidifying ingredients' such as vinegar or lemon juice with vegetable oil constituting 35% by weight, though it need not include tomato paste”. Ahora, la FDA está derogando estas absurdas normas.

Mucha gente cree que esto son excepciones, pero no es así. La FDA exige que el kétchup tenga un PH de 4,2 o que las tartas de cerezas no tengan más del 15% de las mismas en malas condiciones. El motivo por el que el 14% de las cerezas estropeadas no es un problema, pero el 16% sí pertenece al reino de una fe que no está a mi alcance.

La crisis que hemos empezado a vivir a consecuencia de la COVID-19 no ha desplegado aún todas sus consecuencias, que para nuestro país van a ser devastadoras. Tenemos una extraordinaria ocasión de revisar tantas cosas que impiden que los españoles alcancemos nuestro máximo potencial de bienestar. Las regulaciones de “lo pequeño” discriminan a los más humildes, al encarecer los productos sin una justificación solvente. Hagamos de la revisión de la regulación una prioridad nacional.

Comentarios

Acusador

La primera obligación debería ser dejar de mentir sobre la gravedad del Covid. Sois todos los periodistas unos asquerosos colaboracionistas de los políticos, tiranos totalitarios, ladronazos y asesinos, sean mil veces malditos, los cuales han causado, ellos y no el covid, la peor crisis de la historia. Tenéis todos las manos manchadas de sangre y no deberíais asomar vuestra asquerosa cara público nunca más, mucho menos escribir o hablar.

Después de que desaparezcáis todos los miserables traidores de la escena, los demás podríamos empezar a hablar de lo asqueroso que es el hipertrofiado estado que nos habéis dejado, y cómo ir desmontándolo con la mayor celeridad posible. Empezando por la mierda esta de las patentes sobre medicamentos, cuya erradicación debería ser el principal tema de estos días. Pero como sois unos truhanes y unos golfos preferís hablar de chorradas superficiales, demostrando vuestra iniquidad.

No volváis a escribir en la lengua española, ya una lengua muerta, maldita, propia de gente desalmada y sin honor, un pueblo deleznable que prefirió arriesgar la vida de sus hijos pequeños y dejar en la estacada a los moribundos por miedo a desairar a sus infames gobernantes. Es mejor que aprendáis la lengua del nuevo imperio comunista, en la que podréis adular como solo adulan los canallas a los monstruos que os pisotean después de robaros. Merecéis todo el horror que vais a sufrir, porque habéis cometido los mayores delitos.

¡Que os den a todos mucho por el DNI!

(Esta es la versión descafeinada y para toda la familia de lo que realmente pienso de todos vosotros.)

Sir Trivaix

¿Se puede llegar a hacer creer a toda una población "cualquier cosa"?
Con esta pregunta Victor Klemperer interpelaba, incrédulo, a sus compañeros en los primeros años 30 del siglo XX, a la vista de cómo veía que iba evolucionado el habla, la "información" y la cosmovisión* alemanas. En aquel momento todavía estaba en "su" puesto de profesor universitario y en "su" casa, y aún funcionaba el estado de derecho (que él no valoraba):

"I have scribbled down the raw material from my diary relating to the new conditions and the new language for the few months of Nazism. At that time I was incomparably better off than latter; I was still in post and in my own house. I was still the observer left almost entirely unmolested. On the other hand I was not yet at all dulled, I was still so used to living in a state governed by the rule of law that I considered many things at the time to be the dephts of hell which I would later deem to be at most its vestibule --Dante´s limbo. At any rate, regardless of how much worse it was going to get, everything which was later to emerge in terms of National Socialist attitudes, actions and language was already apparent in embryonic form in these first months" (párrafo final del capítulo 5 "Desde el cuaderno del primer año", dentro de "LTI, Cuaderno de un filólogo/ El lenguaje del Tercer Reich" de Victor Klemperer).

(*) Dos palabras características que tomaron primacía en aquel lenguaje:
Gleichgeschaltet: homogeneizar, estandarizar o sincronizar; se logra cuando todos los instrumentos de propaganda se coordinan hacia el mismo fin para influir sobre los individuos en la misma dirección y producir el característico Gleichschaltung de todas las mentes.
Weltanschauung: cosmovisión, ideología; esta palabra reemplazó o más bien extinguió a la palabra filosofía, pues se vino a implantar una única e indiscutida ideología-cosmovisión-teoría-del-conocimiento que entendía que la realidad solo se puede conocer o captar desde la intuición "del todo", y nunca desde los elementos más simples.

Anónimo

Hans-Hermann Hoppe sobre los confinamientos:
https://mises.org/es/wire/hoppe-sobre-los-confinamientos
... diciendo "lo obvio" (pero que nadie se atreve a decir):
la verdadera afectación del Coronavirus (datos del propio CDC).

Trivaix

Cuando "una" cosmovisión única (monopolio moral e intelectual, que solo puede ocurrir utilizando el monopolio de la coacción) reemplaza la diversidad de opciones con libre adscripción, nos adentramos en el camino al desastre.

Feliz año a todas las personas de buena voluntad (y medios no coactivos)

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