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Profesores, más preocupados por su sueldo que por la enseñanza

Una de las grandes falacias que usan los lobbies para mantener sus privilegios es apelar al miedo y al “bien común”. Nadie dice: “si eliminan mi puesto de trabajo, la empresa irá mejor”, o “si privatizamos el sector donde trabajo, éste será más competitivo, económico y ofrecerá más opciones al consumidor y ciudadano”. Claro, algo así iría contra el propio “privilegiado”. Los lobbies mantienen sus privilegios con un estado de amenaza constante. Le dicen al Gobierno: “si me elimináis mi estatus, haré manifestaciones y diré lo malo que eres en la tele”. Dicen a la gente: “si permitís que el Gobierno toque mis privilegios, os quedaréis sin servicio”, o “éste degenerará”.

Esto es lo que ha ocurrido este martes en Madrid con la manifestacióndelosprofesores. Este tipo de amenazas están tan trilladas ya que difícilmente se las cree alguien ya. Seamos serios, ¿es que puede ir peor la educación en España? Los profesores hacen el horario que les da la gana y no se adaptan para nada a las necesidades de los padres. Sus enseñanzas se basan en los libros que el Estado considera “aptos”, adoctrinando a los niños, adolescentes y jóvenes en el pensamiento único. Los colegios y universidades públicos son fábricas con el único propósito de crear borregos. Votantes en masa.

Recientemente un padre me dijo que la maestra de su hijo había dicho a la clase que los reyes magos no existen, que son los padres. Toda la clase lloró y la profesora se justificó afirmando que ya tenían edad para saber esas cosas. ¡No tanta si todos lloraron! Y es que, ¿es función de un profesor decir esas cosas? Se ve que en la escuela pública, sí.

En realidad, todo lo que dicen los “profesores públicos” es falso. Viendo los estragos que causan en las mentes de los pequeños y los resultados que está dando la enseñanza de cualquier ciclo en este país (hasta Grecia está por delante nuestro en el Informe PISA), solo podemos concluir que la educación pública ha de ser abolida de forma urgente. Las principales razones:

  1. La educación pública solo crea una casta de privilegiados, los profesores, que siempre lucharán primero por sus intereses corporativistas (sus privilegios) que por los valores ligados a su trabajo al no depender del favor de los padres. No es el ciudadano quien ha de elegir, ni el Estado, sino la unidad familiar, tenga la forma que tenga ésta.
     
  2. La educación es soberanía individual, de los padres, no del Gobierno ni ningún profesor. Un mecánico nos ha de arreglar el coche, pero no tiene derecho a manipularlo como le venga en gana en pos de “una sociedad mejor, más justa, más igualitaria…”. Un profesor es un técnico y ha de estar a las órdenes de los padres y tutores. Punto.
     
  3. La educación pública es un monopolio que no deja avanzar la diversidad. Solo hay las materias que el Estado dicta. Abolir la educación pública no solo significa que se privatice el sector, sino apartar al Gobierno del todo y para siempre de la enseñanza. Ésta la eligen los padres, no burócratas.
     
  4. La educación pública nace del latrocinio y del crimen. Desde que nacemos hasta que morimos estamos pagando la educación de otra persona sin ni siquiera conocerla. Es la máxima irresponsabilidad de esta sociedad. Cada persona ha de pagar por aquellos servicios que consume. De no ser así, la complacencia, dejadez y empeoramiento de la enseñanza irá en crecimiento. España lo ha visto muy bien.
     
  5. La enseñanza no puede estar a merced de los políticos. Cada vez que cambia el Gobierno, nos encontramos con un modelo educativo diferente basado en los valores del Estado que ningunea a los padres. El Estado no crea buenos ciudadanos, el ciudadano crea buenos ciudadanos.
     
  6. La enseñanza puede ser un sector lucrativo que cree puestos de trabajo y riqueza. Todo lo que regula el Estado queda inerme y devastado. Las escuelas no son un negocio debido al efecto expulsión (crowding out). No puede haber competencia, ni diversidad de precios. En un sistema donde el Estado domina la producción en monopolio, toda alternativa siempre será carísima.
     
  7. La educación pública no es gratis. Es cara e ineficiente. Si la enseñanza fuese “gratis” significaría que los recursos son ilimitados y los profesores no tendrían que cobrar por ello, o que, al no valorarla nadie, se “regalaría”. No es así, todos los padres quieren una buena educación para sus hijos. Buena educación que el Estado, hasta ahora, no ha podido dar.
     
  8. La educación obligatoria no garantiza un futuro mejor. En este país tenemos educación obligatoria hasta los 16 años y una de las tasas más altas de desempleo juvenil del mundo. Sí, más que en Palestina, Marruecos, Egipto o Túnez. El “pleno empleo” lo da el nivel de desempeño, capacidad de autoformación y ambición, no pasarse media vida estudiando tonterías desvinculadas del mundo real que nunca usaremos.
     
  9. La educación pública no ha hecho que los pobres dejen de serlo por sus profesores. Quien no quiere estudiar no lo va a hacer aunque lo metan siete horas en un aula. Una escuela no es un correccional. La sociedad ha de crear incentivos para que los jóvenes vean útil estudiar. Otro gran fracaso del Estado al tomar esta responsabilidad bajo su mandato. ¿Para qué estudiar si luego pasamos de curso, no encontraremos trabajo o podemos vivir de ayudas?
     
  10. En estas épocas de crisis, Cáritas ha dado de comer a más de un millón de personas. La iniciativa y empuje privado es millones de veces más fuerte que las burdas promesas y leyes del Estado. Si apartamos para siempre a los políticos de la enseñanza, cientos y miles de organizaciones, mecenas y empresas que promocionen el talento pagarán los estudios de niños, adolescentes y jóvenes.
     
  11. Los profesores no son un fin, sino una herramienta. El actual sistema estatal de educación protege al lobby de los maestros para recaudar votos. Los niños y padres son instrumentos que sufren cada día los desvaríos de este colectivo. El profesor es un técnico. Trabaja por un sueldo, como todos hacemos; y ha de depender de los padres, de sus clientes. Si depende del Estado, la sociedad está desamparada.

La educación pública es muy conveniente para los funcionarios que la ejercen, los profesores con amplios privilegios sociales y dinerarios; pero nada tiene que ver con el bienestar y nivel de excelencia que buscan los padres. Sospeche del “profesor público”, no quiere ningún bien para su hijo ni para usted, solo pretende vivir de usted disfrazando sus privilegios de “bien común”.