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Progreso: el mundo nunca ha sido un lugar mejor

Es habitual pensar que el mundo va a peor. De acuerdo con una encuesta realizada en Reino Unido en 2015, un 71% de las personas consideraban que el mundo iba claramente a peor y sólo un 5% creían que iba a mejor. A todas horas nos bombardean con noticias negativas, todos los medios nos repiten que la situación actual es desastrosa y que no hace sino empeorar. A diario leemos que los pobres cada vez son más pobres, que el hambre aumenta, que nuestras condiciones de sanidad y educación empeoran, que cada vez hay menos libertad y más desigualdad, y que el mundo es un lugar cada vez más violento y peligroso. De manera constante se transmite a la población el mensaje de que, como escribió Jorge Manrique, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Y, sin embargo, la tan repetida idea de que cada vez estamos peor es absolutamente falsa. El autor sueco Johan Norberg lo demuestra en detalle en su último libro: Progreso: 10 razones para mirar al futuro con optimismo. Con la publicación de este imprescindible libro, traducido por Diego Sánchez de la Cruz y prologado por Juan Ramón Rallo, arranca la nueva colección de ensayo político lanzada por Ediciones Deusto con la colaboración del Instituto Juan de Mariana y Value School. Qué mejor manera de empezar este proyecto intelectual que refutando de manera inequívoca la visión sombría y pesimista del mundo que actualmente domina la sociedad.

Johan Norberg desde el principio deja claro el mensaje central de su libro: “La gran noticia de nuestro tiempo es que somos testigos de una mejora sin precedentes en los niveles de vida de la población mundial”. Durante los últimos dos siglos, y de manera acelerada durante las últimas décadas, la humanidad ha vivido un aumento exponencial del nivel de riqueza y prosperidad. La renta per cápita en el mundo sencillamente se ha disparado y un nivel de bienestar hasta ahora desconocido se va extendiendo por todo el planeta.

Este aumento de la prosperidad ha logrado que la pobreza en el mundo se reduzca de manera espectacular. Se estima que a principios del siglo XIX aproximadamente el 94% de la población mundial vivía con menos del equivalente actual de 1,9 dólares al día, lo que ahora consideramos pobreza extrema. En 1980 la población que vivía en esas condiciones se había reducido hasta el 44%. En la actualidad, la población en situación de pobreza extrema es menor, por primera vez en la Historia, del 10% de la población mundial. La reducción de la pobreza ha sido tan intensa que pese a que la población mundial ha aumentado en dos mil millones de personas durante los últimos 25 años, el número de pobres ha caído incluso en cifras absolutas.

Este aumento de la prosperidad económica y reducción de la pobreza, como demuestra Norberg, se materializa en una mejora en la calidad de vida de las personas. Por ejemplo, la humanidad avanza hacia la erradicación del hambre: la desnutrición, un problema que antiguamente afectaba a la inmensa mayoría de la población, en 1950 había caído hasta el 50% y en la actualidad se ha desplomado hasta el 10% de la población. De manera similar, el porcentaje de la población mundial con acceso a fuentes de agua potable ha aumentado de manera espectacular: del 52% en 1980 hasta el 91% en 2015.

La mejora sin precedentes de la alimentación, las condiciones sanitarias y el avance de la medicina y los medicamentos han permitido que la esperanza de vida al nacer se dispare desde apenas 30 años a finales del siglo XIX hasta los más de 70 años en la actualidad. Cada vez menos personas fallecen debido a hambrunas, pandemias e infecciones, y más por afecciones típicas en las personas longevas: cáncer, enfermedades cardiovasculares o degenerativas. La mortalidad infantil ha caído desde el 15,4% en 1960 hasta el 3,5% y el analfabetismo desde el 90% a principios del siglo XIX hasta menos del 10% hoy. Además, cada vez menos personas en el mundo mueren por causa de la violencia: las guerras, las matanzas, las ejecuciones y los homicidios que ocurren en el siglo XXI son comparativamente despreciables frente a lo que ha sido la norma a lo largo de la Historia.

Muchos tendrán la tentación de pensar que este aumento de la prosperidad se ha producido a costa de destruir el medioambiente y agotar los recursos naturales. Sin embargo, Norberg dedica todo un capítulo a describir cómo el mundo también ha progresado en este aspecto. A medida que la sociedad se enriquece, la protección del medioambiente y la sostenibilidad cobra importancia para las personas, y se tienden a poner cada vez más medios para lograrlo. Por ejemplo, la contaminación atmosférica en Reino Unido ha mejorado en más de un 60% desde 1970 hasta hoy. Los vertidos de petróleo al océano se han reducido de forma dramática, la contaminación en ríos y lagos disminuye, y la deforestación se ha detenido por completo en los países desarrollados o en China y se reduce en países como Brasil.

Además, todos los pronósticos catastrofistas sobre el agotamiento de los recursos naturales han sido refutados por la realidad. La innovación y la mejora de la productividad permiten que cada vez podamos hacer más con menos. El precio de las materias primas, lejos de dispararse, tiende a caer en el largo plazo: entre 1871 y 2010 se redujo en torno a un 50%. Norberg afirma que los principales problemas ambientales en la actualidad no ocurren como consecuencia de la riqueza de los países desarrollados, sino que se concentran en los países en vías de desarrollo: a medida que su riqueza, eficiencia y nivel tecnológico siga aumentando, experimentarán la mejoría medioambiental que ya están viviendo los países ricos.

Este extraordinario aumento de la prosperidad no sólo tiene consecuencias en el plano estrictamente económico. Las libertades individuales y la igualdad frente a la ley de la población mundial también aumentan. La lacra de la esclavitud, que hace sólo dos siglos afectaba a más del 60% de la población, ha caído prácticamente al 0%. Los trabajos forzados, la trata de personas o los matrimonios forzados también retroceden. En materia de igualdad ante la ley de minorías étnicas, mujeres u homosexuales, el mundo ha avanzado más durante las últimas décadas que en todos los siglos anteriores.

El uso arbitrario del poder estatal cada vez está más limitado y los países con gobiernos totalitarios o represores afortunadamente también son cada vez menos frecuentes. La libertad de expresión, de culto y los derechos civiles son cada vez mayores. Incluso la libertad económica, aunque a los liberales nos pueda parecer lo contrario, también avanza: por ejemplo, el índice de libertad económica que elabora el Fraser Institute señala que la nota a nivel mundial ha subido desde un 5,3 sobre 10 en 1980 hasta un 6,9 en 2013. Este hecho, por supuesto, no es una casualidad. Johan Norberg concluye que el aumento de las libertades es el principal responsable del espectacular aumento de la prosperidad y de bienestar que el mundo ha vivido durante las últimas décadas.

Que el mundo haya progresado tanto no significa que debamos caer en la complacencia: el mundo mejora, pero todavía siguen existiendo muchos problemas y sufrimiento. La clave está en comprender que la prosperidad llega como consecuencia de la extensión de las libertades individuales y los derechos de propiedad. El progreso jamás está garantizado. Los populistas y los enemigos de la libertad intentan de manera permanente socavar las instituciones que han hecho posible este espectacular progreso. Esperemos que este fantástico libro de Johan Norberg contribuya a extender la idea de que la libertad es la infalible receta para la prosperidad. Como dice el autor, existen sobrados motivos para mirar al futuro con optimismo.

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