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Que viene el lobo

Cada vez son más numerosas las noticias que indican que las nuevas tecnologías están cambiando el mundo en que vivimos, y que lo que va a ocurrir en los próximos 10 o 15 años va a suponer una revolución completa en nuestra forma de vivir, lo queramos ver o no. Hasta los poderes públicos se están dando cuenta de ello y están incorporando estas ideas a sus propios programas y proyectos, y destinando ingentes cantidades de recursos a conseguirlo, al considerar que se trata de inversiones que harán mucho más fácil y agradable la vida del hombre sobre la tierra y, a la larga, ahorrarán grandes cantidades de dinero.

Los ejemplos son numerosísimos, y no hace falta irse a China o Estados Unidos para verlo. Un ejemplo que llama la atención es el de Emiratos Árabes Unidos, que se ha fijado como meta, en su estrategia 2021-2030, ser un referente futuro en varios sectores: smart cities, energías limpias, transporte autónomo, infraestructuras sostenibles, etc.

Así, por ejemplo, Dubai estableció ya en 2016 una estrategia en la que su intención es que el 25 % del transporte total dentro del Emirato, para 2030, se haga mediante vehículos autónomos, lo que, según sus estudios, supondrá un ahorro anual de costes de 22.000 dírhams (a día de hoy, 18 de marzo, 1 euro cotiza a 4,16 dírhams). Ello irá unido con estudios y proyectos de desarrollo de inteligencia artificial que afectarán no sólo al tráfico, sino también al control de las personas. La tecnología está ya allí, y salvo que los políticos de unos y otros países lo eviten, es cuestión de tiempo (no mucho) que se convierta en una realidad. Una realidad muy distinta a la que tenemos hoy.

Incluso los políticos europeos son conscientes de dicha situación. Así, en una  noticia aparecida en la propia web del Parlamento Europeo hace apenas dos meses, se reconoce que en el mercado europeo ya existen y están disponibles vehículos con conducción asistida (atención a la vía, control por el vehículo de dirección, aceleración y frenado). Lo interesante es que nuestros políticos prevén que entre 2020 y 2030 estén disponibles vehículos -ahora mismo en pruebas- con automatización media-alta que permitan conducir teniendo las manos temporalmente libres, para que, a partir 2030, se llegue a una situación en la que la automatización sea plena y se pueda circular sin que la atención del ocupante esté concentrada en el hecho de conducir. De hecho, en la información se señala que para 2022 todos los vehículos nuevos estarán conectados (recordemos que el desarrollo de la tecnología 5G permitirá un aumento tanto de la velocidad de conexión, con reducción de la latencia, como del número de “elementos” conectados por kilómetro cuadrado).

Pero los cambios no se van a producir sólo en el transporte y la distribución. Las impresoras de 3D, por ejemplo, van a suponer un importantísimo cambio en la forma también de vivir dentro de 10 o 15 años y, sobre todo, en la estructura económica y empresarial. El desarrollo de la inteligencia artificial y el descubrimiento de nuevos materiales va a suponer una revolución tremenda en muchos de los sectores productivos. En el caso que citábamos de Emiratos, por ejemplo, encontramos que dentro de los objetivos que se ha fijado Dubai, en su “Dubai 3D Printing Strategy”, está conseguir un importante desarrollo de las impresoras de 3D en sectores como el de la construcción, los productos médicos (dientes, huesos, órganos artificiales y aparatos médicos y para intervenciones quirúrgicas) o los de consumo, hasta conseguir, por ejemplo, que para el 2030 el 25 % de sus edificios estén basados en la tecnología de este tipo de impresoras. Para fijar dichos objetivos se basan en informes que indican que las tecnologías de impresión en 3D podrán reducir los costes de construcción entre un 50 % y un 70 %, y los costes laborales entre un 50 % y un 80 %. El desarrollo de nuevos materiales, como el grafeno o el bio-hormigón, capaz de “curarse” por sí sólo de la degradación normal generada por el paso del tiempo, supondrán ahorros de costes, no sólo en la fabricación, sino también en la conservación y el mantenimiento de las infraestructuras que se desarrollen.

Se podrá discutir si los plazos fijados o previstos son o no ambiciosos, o si es adecuado que sean o no los poderes públicos quienes lideren los cambios. Pero lo que es evidente es que las tecnologías ya están aquí, están en fases avanzadas de pruebas y sólo es cuestión de tiempo que se conviertan en una realidad. Y esa realidad va a suponer un cambio drástico en la mayor parte de las industrias y sectores que existen en la actualidad, un cambio que se acerca a nosotros a toda velocidad. Otra cosa es que haya gente que no lo quiera ver.