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Sobre la superioridad de la sociedad occidental sobre la oriental

Aunque la afirmación que da título a este artículo es ciertamente controvertida y seguramente incorrecta incluso en los términos en que la propongo, no me resisto a compartir unas reflexiones sobre el tema.

Empiezo matizando lo que entiendo por “superioridad” social. Simplemente quiero recoger con este término un fenómeno fácilmente observable y creo que poco discutible. Y es el hecho de que en los últimos decenios parece haberse producido una homogeneización de modos de vida y culturas, y que dicha homogeneización ha ido de las sociedades occidentales (EE. UU. y Europa) hacia el resto del mundo, incluidas las orientales. Digamos que China, Japón, Corea o el sudeste asiático han adoptado más costumbres de nuestra sociedad que nosotros de las de ellos. Es en ese sentido empírico en el que hablo de superioridad social: el hecho de que ellos adopten lo nuestro, y nosotros no tanto lo suyo, implica que lo nuestro les parece mejor a ellos que lo suyo, lo mismo que nos ocurre a nosotros.

Sin embargo, si se acepta la existencia de esta “superioridad” social, también hay que apresurarse a constatar que dicha situación es una instantánea de la actualidad. Si abriéramos el foco temporal y a poco que retrocedamos unos cuantos siglos, la conclusión va cambiando paulatinamente, al principio, para luego hacerlo de forma acelerada. De hecho, una visión más amplia de la historia nos haría concluir, sin ninguna duda, que la sociedad superior es la oriental.

Hay tantas pruebas como uno quiera buscar. Traigo algunas:

  • La primera escritura procede de Mesopotamia, China y Egipto.
  • Los templos de Angkor Wat se construyeron entre los siglos IX y XIV. En Europa, estábamos con el respetable estilo románico, pero no hay obras de una magnitud semejante, ni cercanamente.
  • En Occidente tenemos a Cristóbal Colón; pero los chinos tienen a Zhang He, un siglo antes. No tengo ninguna duda de que si el océano Atlántico hubiera estado donde el Pacífico, y viceversa, hubiera sido Zhang He el descubridor de América, y 100 años antes al menos. De hecho, algunos historiadores piensan que llegó a tocar América en alguno de sus viajes.
  • Lo de Xian siempre me ha resultado fascinante. Su muralla actual data de 1370 y tiene 12 km de perímetro, pero en su momento de mayor esplendor, 200 a. de Cristo, tenía 25 km. Roma, capital del Imperio Romano, llegó a tener una de 19 de km. Las de Lugo, por ejemplo, son de 2 km.

Pero quizá la más evidente pueda ser la evolución demográfica. Los primeros registros de población en China (III a. de Cristo) hablan de 40 millones. En su momento de mayor población, el Imperio Romano (sin duda, el culmen de la civilización occidental hasta la llegada del Imperio Español), tenía unos 50-60 millones. Pero si nos vamos un poco más adelante, en el siglo XVII tenemos 160 millones de chinos, por unos 80 millones en Europa. La diferencia no ha hecho más que avanzar vertiginosamente, y ahora tenemos 1.300.000 millones de chinos frente unos 800 en Occidente (Unión Europea y EEUU). Y estoy equiparando, por pereza, Oriente con China, olvidando Japón, Corea, Vietnam y, ja, la India.

A ello uniré otra evidencia anecdótica, pero sobradamente conocida: la capacidad de trabajo de los chinos es proverbial. Esto lo conocemos de primera mano, y que se lo digan a los trabajadores occidentales de las empresas chinas. No hace falta tampoco: basta asomarse a las principales universidades del mundo para ver por quién están tomadas, hasta el punto de haberse propuesto esquemas de discriminación negativa. La cosa no es muy diferente si hablamos de coreanos o japoneses.

De hecho, yo los reconozco como una raza superior (y una vez más, espero que nadie me malinterprete). Su expansión demográfica, pese a haber sufrido el devastador régimen de Mao y pese a sus leyes de natalidad, puede constituir una demostración a posteriori de lo que digo. ¿Por qué la raza china ha conseguido cotas de población mucho más elevadas que otras? Estar mejor adaptados al medio es la única explicación; su capacidad de sacrificio y trabajo constituye una prueba adicional de dicha adaptación, y más en la sociedad actual.

Así pues, me atrevería a postular que esa superioridad racial podría explicar la superioridad de su sociedad durante la mayor parte de la historia. Y esa superioridad racial, en los términos antes dichos, se mantiene y se mantendrá, pues la especie ya no evoluciona.

Si esto es así, ¿qué es lo que ha pasado los últimos 100 años para que la sociedad occidental haya dado la vuelta a la tortilla y tendamos a considerarla como la superior?

Para explicarlo, basta mirar a la componente fundamental en la explicación de la “calidad” de una sociedad. Me refiero, por supuesto, al marco institucional. El mejor predictor del bienestar social de un país es el marco institucional en que se sustenta, lo que a su vez se puede sintetizar en el respecto efectivo (no legal) a la propiedad privada[1].

Pues bien, diferenciales en la calidad del sistema institucional explican mucho mejor la “superioridad” de una sociedad respecto a otra, de lo que lo pueden hacer diferenciales raciales. De hecho, la supuesta superioridad racial solo se traducirá en una sociedad superior en caso de que el marco institucional sea de la misma calidad. En otras palabras, la superioridad racial solo manda a igualdad de marco institucional.

Si traslado este postulado a la historia comparada de Occidente y Oriente, lo que me encontraría es que durante la mayor parte de la misma, las instituciones orientales han sido mejores que las occidentales, quizá con la excepción del tiempo del Imperio Romano, y también en los inicios del Imperio Español (la era del Renacimiento y de los grandes descubrimientos[2]).

Sin embargo, hay un momento en que la calidad institucional de Occidente sí superó claramente a la de Oriente. Estoy hablando de la revolución liberal encabezada por Inglaterra y que tiene su culminación a finales del XIX y principios del XX, con los EE. UU. como principal exponente. Si hay dudas sobre la calidad relativa de las instituciones entre Occidente y Oriente hasta esos momentos, entonces deja de haberla.

Las instituciones orientales, seguramente muy buenas cuando se las comparan con las primeras occidentales, apenas evolucionaron en 3500 años. En cambio, las occidentales, guiadas por la Iglesia, el Humanismo, la Ilustración, aunque con altibajos, sí lo hicieron. Y claro, por prueba y error, lo normal es que los seres humanos tendamos a hacer las cosas mejor.

Así que la “superioridad” de la sociedad occidental se habría debido a esos momentos de mayor libertad relativa. Desde entonces, Occidente y Oriente tuvieron que sufrir devastadores regímenes totalitarios. Los problemas para Occidente han comenzado después, cuando las instituciones han ido mermando su calidad, en gran parte por culpa de procesos democráticos contra la propiedad privada; en paralelo, las instituciones orientales, como sus culturas y sus costumbres, se han ido asimilando a las occidentales, también en el respeto de la propiedad privada.

Y en este cruce de caminos nos encontramos ahora: tras un efímero periodo de superioridad occidental basado en las instituciones liberales, tiene pinta de que Oriente no tardará en tomar una vez más la delantera. Conforme se reduce el gap de calidad entre las instituciones, volverá a ser patente la superioridad racial oriental, visible, por ejemplo, en su mayor capacidad de trabajo. Pero esta vez desde Occidente no tendremos nada con que compensar.

Occidente es ya el pasado; la sociedad que lideró el mundo a la mayor prosperidad nunca conocida se ha encenagado institucionalmente en una confusión de bienestar con estado de bienestar. Será difícil, pero no imposible, salir del pozo. Reino Unido y los EEUU siguen teniendo instituciones de las que se puede esperar una salida de la ciénaga; no lo veo tan claro en otros países occidentales.

Mientras ello no ocurra, el mundo será de los chinos. Y pienso sinceramente que será lo mejor para los sufridos y regulados ciudadanos occidentales.

[1] Como no he citado fuentes para los datos históricos antes apuntados, tampoco me molestaré en dar referencias de lo que acabo de decir. Espero que la mayor parte de los lectores estén suficientemente convencidos de la veracidad de la afirmación.

[2] Aunque ya he dicho que estos grandes descubrimientos solo se produjeron en Occidente por la situación geográfica. A igualdad de instituciones, era mucho más probable tener éxito en atravesar el Atlántico que hacer lo propio con el Pacífico.