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Son todos muy listos

Me admira la facilitad con la que la gente, a título personal o como miembros de instituciones o centros de estudio, es capaz de estimar las cifras de crecimiento de los países para dentro de uno, dos y hasta más años. El mundo es un sistema tremendamente complejo (no sólo complicado), interdependiente y en el que los cambios se producen y transmiten a velocidades supersónicas; la previsión de crecimiento es sólo un número, pero un número que resume millones de variables, cientos de miles de millones de decisiones, individuales y/o de grupos. Y aun así, lanzan la cifra, impertérritos y sin pudor, hasta incluyendo decimales, como un órdago intimidante que trata de convencernos de la omnipotencia de esos arcanos que sólo ellos conocen y en los que basan su sabiduría.

Pero el rey está desnudo. Y lo está porque, por mucho que nos dirijan, impongan o amordacen, nadie sabe qué va a pasar con el virus; ni con nuestra estructura productiva; ni con nuestras costumbres; ni con cómo van a reaccionar los políticos, los gurús financieros o los burócratas.

Incluso si el virus hubiese sido diseñado con detalle en un laboratorio, y la información se hubiese compartido con esos aprendices de brujo, no podrían prever ni el clima en cada punto del planeta, ni las medidas que, para controlarlo, vayan a tomar cientos de países distintos, miles de millones de personas diversas: su comportamiento, movimientos, o viajes… ni lo que se va a tardar en obtener una vacuna, ni su grado de efectividad inicial, ni la velocidad con la que se van a testar posibles tratamientos. Ni siquiera sabemos hasta dónde puede resistir la gente, su grado de fortaleza o el punto a partir del cual caeremos, como sociedad, en el desaliento… o en la euforia, cuando esto pase.

Por mucho que nos aleccionen, amordacen o impongan, nadie puede prever en qué medida va a cambiar nuestra concepción del mundo, nuestros intereses, nuestros gustos y nuestras costumbres (pautas de ahorro y de consumo, formas de relacionarnos y de trabajar etc.). Ni siquiera si esos gurús hubiesen hecho antes experimentos con humanos en circunstancias similares sabrían la respuesta.

Tampoco es posible prever qué empresas concretas, subsectores o sectores pueden ser los primeras en caer, y los efectos que su caída puede suponer para el resto, ni el estado en el que van a quedar las demás. ¿Se van a producir cuellos de botella en según qué sectores? ¿Cuánto se tardaría en capitalizarlos (con recursos reales disponibles, no papelitos)? ¿Estará disponible el capital para que eso ocurra o se destinará a otros objetivos? ¿Si hay cambios en las pautas de ahorro y de consumo, cuánto va a tardar nuestro tejido productivo en adaptarse y con qué recursos va a contar para hacerlo? ¿Dejarán los políticos y burócratas que eso ocurra, o seguirán manteniendo, como a zombis, los sectores pasados de moda?

Y es que desconocemos, también, las medidas que van a imponer nuestros políticos y burócratas, aunque tengamos claro por dónde van. Y, aunque tuviésemos certeza sobre el tipo de ayudas y su cuantía, estando como estamos en terreno desconocido, con niveles de deuda nunca vistos y tipos de interés en mínimos, nadie sabe muy bien cuáles son las consecuencias económicas más probables y en qué momento se podrían producir.

Y, por terminar, aunque podríamos seguir, desconocemos los mecanismos que el ingenio humano arbitrará para adaptarse y sobrevivir, como lleva haciendo miles de años, a estas nuevas circunstancias. Innovaciones que, alentadas por una necesidad perentoria, podrán ser más o menos revolucionarias.

Somos miles de millones de personas totalmente interdependientes. Basta un pequeño cambio en el punto más recóndito del sistema para que sus efectos se transmitan, a enorme velocidad, por el resto del planeta; no digamos nada si se trata de un suceso más grave: una vacuna, una innovación, un descubrimiento, un misil que se escapa, un asesinato, la quiebra de un banco, el cierre de una mina… o el pánico.

Todavía si estuviésemos en un momento tremendamente estable, en el que las costumbres aprendidas dirigiesen nuestras vidas sin salirse del carril, quizás entonces… pero no lo estamos. Y, por mucho que se empeñen, riesgo no es igual a incertidumbre. E incertidumbre, se mire donde se mire, es lo único que se ve. Aún así, estos brujos petulantes tienen la desfachatez de tomarnos el pelo haciendo predicciones, que incluyen decimales, y que hasta ellos saben que son falsas. Más que un farol parece un chiste… bastante malo, la verdad.

Comentarios

Anónimo

El futuro me lo imagino desternillante.

Madrid, día 20 de febrero del 2022, tercer año triunfal.

Sale de su piso de la calle San Pedro de Madrid don Fulgencio García, con el traje de sustancias peligrosas bien puesto y las bombonas de oxígeno reglamentarias en la mochila. Pasa el control de la policía robótica de Apple en el portal de su casa. Va a la cola de la calle Atocha a esperar a que la funcionaria le dé el pan de precio regulado. Tras un par de horas le llega el turno y pide su barra de pan. El precio: 765.000.000.000.000 €. Por suerte, hace dos semanas que se ha prohibido el efectivo y ya no hay que llevar carretillas con fajos de billetes. Al volver a casa por el camino peatonal autorizado por el ministerio de sanidad, el cual es protegido por perros-robot de Samsung, nota que hay barullo en la esquina: otro chino que se está muriendo de un ataque de risa. Pasa todos los días. Estos inmigrantes chinos no son gente seria. ¿De qué se ríen?

Al llegar al portal, se deja limpiar por los chorros de desinfectante que proyectan unos drones de Hua Wei. Recojg la bolsa con el pan y sube a casa después de demostrar su identidad y de haber recibido la autorización por WhatsApp de la Policía Estatal. Prepara un bocadillo de tofu con sabor a jamón (prohibieron la carne real hace más de un año). Pone las noticias: informan de que los adolescentes que habían huido del centro educativo de máxima seguridad para vivir en el monte ya han sido apresados y se les ha puesto el collar electrónico explosivo para que no vuelvan a escapar de su centro. El nuevo líder de la oposición, Santiago Abascal, ha dicho desde su celda del nuevo parlamento que le parece muy mal la laxitud del gobierno al haber aprobado la colocación de collares explosivos para los fugados, pero no para los que planean fugarse, como recomienda la OMS. "Es escandaloso que este gobierno criminal se niegue a seguir al pie de la letra las recomendaciones de la OMS, que vienen a refrendar las anteriores directivas de la Comisión europea". "Esos adolescentes fugados que quieren vivir la vida desordenada de antaño son un desafío para el Estado de Derecho, y vamos a presentar una queja formal ante el presidente de la República Federal las Provincias de Europa Occidental."

Conmovido por la pésima textura del puñetero tofu con sabor a fracaso, Fulgencio recibe un mensaje: es la hora de tomar otra pastilla de soma. El sistema ha detectado síntomas de depresión en el pensamiento de este probo ciudadano. "¿Qué hacíamos antes de tener el soma? No lo recuerdo."

"No pasa nada. Si sigo ganando puntos, me dejarán ir de viaje a Nuevo Alicante un fin de semana en agosto. Ahí me asignarán una belleza ginoide, a la que podré cortejar durante un cuarto de hora. Estas son de segunda generación y la piel parece más realista. Y en el 2024 llegarán las nuevas ginoides, con simulación de temperatura corporal controlada por eblood. Todo va bien. Debo seguir siendo paciente."

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Es mejor reír ahora que todavía no es delito.

Anónimo

Ok. En China ya tienen el carnet por puntos de ciudadanos que te permite asistir a eventos y disfrutar ventajas sociales. Todos seremos millonarios ,pero solo podemos comprar los bienes autorizados en nuestra tarjeta , por eso no les importa subirnos el sueldo ,cada vez que lo pedimos...

Sir Trivaix

Listísimos; unos "espabilados" de tomo y lomo; casi todos.

Por el contrario, otros "tontos", en base a los datos y a la simple lógica (materia vedada de la enseñanza en España desde 1970), como Ryan McMaken, llegan a otras conclusiones: "Tan pronto como en julio, los estudios ya comenzaban a mostrar que los confinamientos no suprimían la mortalidad total en realidad. Este en The Lancet, por ejemplo, concluye: 'Las acciones gubernamentales como el cierre de fronteras, los confinamientos generales o una alta tasa de tests de COVID-19 no se asociaron con reducciones estadísticamente significativas en el número de casos críticos o la mortalidad general.' "
https://mises.org/wire/covid-deaths-mount-france-and-czech-republic-lock...
https://www.thelancet.com/journals/eclinm/article/PIIS2589-5370(20)30208-X/fulltext#fig0002

Y también: "De hecho, como las autoridades suecas han afirmado durante mucho tiempo, los datos apuntan hacia un resultado en el que la mayoría de los países terminarán con un total de muertes por millón similar, independientemente de la política de bloqueo."

Trivaix

Parece probable que uno ni siquiera tenga que comparar la privación económica con la pérdida de vidas humanas, ya que el número final de muertes después de los confinamientos autoritarios probablemente superará a las muertes que hubieran ocurrido si se hubiera dejado que las personas eligieran cómo manejar su propio riesgo. Después de tomar en cuenta la depresión económica sin precedentes, es probable que la historia juzgue estos bloqueos como el mayor error de política de esta generación.

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