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Suárez en Lisboa y Ávila

Este año que termina se ha celebrado el cuatro centenario del fallecimiento en Lisboa del sacerdote jesuita Francisco Suárez. Nacido en Granada en 1548, estudió en Salamanca y fue profesor en Segovia, Ávila, Roma, Alcalá o Coímbra. Diez años más joven que nuestro Juan de Mariana, seguramente coincidiría con él en España durante la década de 1570-80; también suelen relacionarse a través de un discípulo de Mariana, el cardenal Roberto Belarmino, considerado “protector” de Suárez.

Se le conoce como el Doctor Eximio, y escribió sobre Teología o Filosofía. Sus Disputationes Metaphisicas fueron casi el único libro de texto de muchas universidades europeas durante el siglo XVII. A nosotros nos interesan especialmente dos tratados sobre cuestiones de derecho, pensamiento político y filosofía moral: el De Legibus (1612) y la Defensio Fidei (1613). Ya hemos señalado en otros Análisis la brillante propuesta de Suárez sobre el origen democrático del poder, que reside en la sociedad y ésta lo transfiere al príncipe (pero bajo su control, y el de las leyes): en realidad, forma parte de todo ese formidable corpus de doctrina sobre el gobierno limitado que a partir de Vitoria o Juan de Mariana se generalizó entre los autores españoles del Siglo de Oro.

Pues bien, con motivo de esta efeméride se han venido celebrando diversos congresos y seminarios por todo el mundo. Las universidades de Salamanca, San Dámaso o Navarra tuvieron ya sus reuniones (que pueden encontrar en la red); a las que añado dos iniciativas recientes: una en la Universidad Católica de Ávila y otra en Lisboa, ciudad donde falleció y descansan sus restos (en la bonita Igreja de Sâo Roque, del Alto Chiado).

El primero nos lleva a la Universidad Santa Teresa de Ávila, que acaba de poner en marcha un interesante Centro de Estudios Luis de Molina sobre Economía y Filosofía Política. Por su nombre ya se adivina la presencia allí del profesor Victoriano Martín, convencido de la relación entre ambas disciplinas así como de la importancia de aquellos doctores tardoescolásticos en su moderna formulación. Como gran evento de apertura convocaron un encuentro universitario internacional en el IV Centenario de Francisco Suárez. Lamentablemente, no tenemos suficiente espacio para describir todo el programa: que abarcaba tanto cuestiones de filosofía y metafísica (Alberto Medina, José Antonio Calvo, Idoya Zorroza), como de teología (José Manuel Sánchez Caro, Francisco Gómez Camacho, José Carlos Martín de la Hoz) o economía y pensamiento político. Aquí, además de Juan Ramón Rallo (que por enfermedad no pudo asistir), intervinieron los profesores Nieves San Emeterio y el propio Victoriano Martín. La primera habló sobre “Los derechos de propiedad en Francisco Suárez”, abordando ese aspecto más espinoso de la “extrema necesidad” como fundamento para una “apropiación” unilateral de bienes ajenos; y relacionado también con los límites morales a la posesión de riqueza. Efectivamente, la teología cristiana ha venido sorteando con dificultad estos conflictos (ahora no da tiempo a resumir la compleja doctrina social de la Iglesia al respecto); pero no me resisto a contarles una visión algo sorprendente de Suárez y su “tolerancia” respecto al uso y acumulación de riqueza: claro que puede ser perfectamente legítimo conseguir un patrimonio abundante, así como gastar el dinero en “usos vanos”. Vaya, que el lujo, el cobro de intereses o la formación de capital no estuvieron tan satanizados como se nos había dicho…

La conferencia inaugural corrió a cargo del propio Victoriano Martín, sobre “La filosofía política de Francisco Suárez”. Explicaba que, mutatis mutandis, aquellos doctores estarían en plena sintonía con la Nueva Economía Institucional: una comprensión del Estado como instrumento para garantizar un orden pacífico, la administración de Justicia y el crecimiento económico bajo presupuestos como la defensa de la propiedad privada o la necesaria limitación constitucional del poder político. Esta “estructura de incentivos”, como decimos hoy día, sería algo parecido a los fundamentos naturales de la convivencia para nuestros escolásticos.

Lo interesante del pensamiento de Suárez y sus contemporáneos es que trascendieron las fronteras ibéricas para influir en el acervo cultural europeo, con mucha mayor importancia de lo que se nos suele enseñar. Ya conocemos los estudios de Ángel Fernández sobre Mariana y John Adams (intervino en el encuentro hablando de “La influencia de Francisco Suarez y Juan de Mariana en la obra de John Locke”), o del profesor en Salamanca Francisco Baciero. 

Esa expresión de “Escuela Ibérica” proviene de un reciente libro del profesor de Filosofía en Lisboa, Pedro Calafate, quien asistió al congreso junto a su colega de Derecho, Margarida Prides. Ambos han dirigido poco después otra fabulosa conferencia: "Suárez em Lisboa", donde volvieron a ofrecernos interesantes reflexiones sobre el origen popular del poder y el derecho de resistencia (aplicado por ejemplo a la Restauración de Portugal en 1640), la esclavitud o el moderno arbitraje internacional. Allí tuve la ocasión de presentar un estudio sobre el pensamiento escolástico y las independencias iberoamericanas (de lo que ya les vengo escribiendo con frecuencia). También participó el profesor de filosofía Juan Cruz, hablando sobre “La costumbre, como fundamento del Derecho de Gentes en Suárez”: para el jesuita, el hombre vive en comunidad no por una especie de indigencia -como si le faltase algo-, sino porque su naturaleza es radicalmente social. Además, la capacidad política de los pueblos no se agotaría en una nación, sino en muchas: por eso consideraba necesario el derecho de gentes.

Cerró por cierto el Congreso otro profesor español, Francisco Carpintero (gran especialista y difusor de Fernando Vázquez de Menchaca) con el discurso: “Suárez o la emergencia de los tiempos modernos”. Y con esa mirada en nuestros doctores escolásticos, les deseo a todos una feliz Navidad.