Usted está aquí

Venezuela: ¿de dónde salen los dólares?

El 2019  será recordado como el año de la dolarización en Venezuela. Pero también como el año en que hubo un inesperado cambio de postura de Nicolás Maduro. La admisión de un hecho impostergable, impuesto por las fuerzas del mercado, sobre la economía nacional: la dolarización de facto. El mismo Maduro ahora admite que la masiva circulación del dólar ha sido una “válvula de escape para la economía nacional”.

Por ejemplo, en el año 2013 sostenía que “al perverso dólar paralelo lo vamos a someter, le vamos a torcer el brazo”. Era tal su obsesión con el dólar paralelo que lo llamaba el dólar criminal, principal responsable de la guerra económica, que, según su apreciación, era la culpable  de todos los males que había padecido el país, antes de que apareciera el otro chivo expiatorio: las sanciones. Hace apenas dos años, en septiembre de 2017, anunciaba que Venezuela iba a implementar un nuevo sistema de pagos internacionales, basado en una canasta de divisas, que iba a librar al país del dólar criminal. Con esta canasta de monedas de libre convertibilidad, como el yuan, el yen y la rupia, quedaría de una vez sustituido el dólar como moneda opresora.

Sin embargo, hace apenas un mes, sus apreciaciones sobre la divisa americana comenzaron a cambiar como producto de la nueva realidad que vive la economía nacional. Recientemente, sostuvo, sin asomo de vergüenza o arrepentimiento, que no ve mal que “ese proceso que llaman dolarización, puede servir para la recuperación y despegue de las fuerzas productivas del país y el funcionamiento de la economía”. El reconocimiento de Maduro a la nueva realidad que vive el país no tiene nada que ver con sus conocimientos de economía  o algún viraje del régimen hacia una apertura del país, donde ahora pueda regirse por la lógica del mercado. La realidad ha sido que el mercado ha preferido el dólar como moneda referencial para las transacciones minoristas, representando ahora más del 50% del total de dichas transacciones, ya que el monto en circulación ha aumentado hasta 2,7 mil millones de dólares. Según la firma Ecoanalítica, esto representa tres veces el valor de todos los bolívares efectivos existentes, más la cantidad en moneda local mantenida en cuentas corrientes y de ahorro.

Por otro lado, un dato no menos importante, es que, después del petróleo, las remesas se consolidaron como la principal fuente de divisas de Venezuela. En tres años las remesas pasaron de 78 millones de dólares en 2016 a cerca de 3.700 millones de dólares para 2019. En 2017 fue de 1.138 millones de dólares, según la firma Ecoanalítica.

Algunos economistas y voceros de la oposición y, en voz baja, afectos al Gobierno, están absolutamente seguros de que la gente no está muriendo de hambre de forma masiva porque los están salvando los venezolanos que huyeron del régimen y envían lo que pueden desde el exterior. Al igual que pasa con los médicos y técnicos cubanos que, bajo régimen de esclavitud, trabajan para la dictadura comunista en otros países y mantienen a su familia en la isla.

Según cifras calculadas por las principales consultoras económicas del país, en 2017 los venezolanos enviaron a sus familiares un promedio de 75 dólares mensuales, esa cifra subió a 90 dólares en 2018. Pero este año la cifra se ha quedado corta, los precios en dólares en Venezuela se han ajustado al ritmo de la hiperinflación y cada vez se compra menos con un dólar y los residentes en el exterior se han visto obligados a incrementar esa cifra.

Es notoria la situación de supervivencia que se observa en todas las ciudades del país, y cada vez se nota con mayor evidencia cómo crece la brecha entre los que cuentan con dólares y pueden resolver con relativa comodidad el día a día y aquellos ciudadanos que carecen de ingresos en divisas y de algún ahorro en dólares. Estos factores no son tomados en cuenta por la izquierda internacional, tan exigente y combativa contra el gobierno chileno, y siempre solidaria con el régimen chavista. En Venezuela sí existe una creciente brecha social. Basta tomar como ejemplo el salario de un empleado público, el cual no llega a 10 dólares al mes.

En los últimos meses se ha notado un visible abastecimiento de víveres y otro tipo de mercancías que ha llamado la atención de economistas, firmas encuestadoras y, en general, de toda la población, que ha visto cómo se han llenado los estantes de los supermercados, farmacias y han aparecido miniabastos con todo tipo de productos comestibles importados. Pero hay que destacar que toda esa mercancía está facturada en dólares y por lo tanto fuera del alcance de la gran mayoría de la población. Igualmente, la gente se pregunta de dónde sale el dinero para hacer tan grandes inversiones en divisas, que dan una sensación de abundancia en algunas ciudades del país.

Según el periódico digital Panampost, “gran parte de los dólares circulantes son de lavado y narcotráfico”. La abogada y profesora Andrea Rondón, del instituto  de tendencia liberal CEDICE, afirmó la semana pasada vía Twitter que “hay una pequeña burbuja económica, resultado en gran parte del lavado de dólares de fuentes ilícitas, principalmente narcotráfico”.

Igualmente, el destacado economista venezolano, exdirector de PDVSA, José Toro Hardy, aseguró que se estaba generando una economía subterránea en Venezuela, en la que se desconoce el origen de la masa monetaria que circula. Toro Hardy pronostica que en enero o febrero puede producirse una resaca económica cuando el país despierte del mini boom comercial producto de una dolarización atípica.

A pesar de los cambios que se registran en la economía nacional, según el FMI la contracción de la economía este año será de 35% del producto interno bruto (PIB). Si sumamos eso a la reducción de los últimos seis años, la economía se habrá contraído un 70% del PIB. No obstante, para cerrar el año con broche de oro para el régimen, la cadena de televisión Al Mayadeen, principal medio de comunicación del Líbano, ha designado a Maduro personaje del año. No es esta la primera vez que un medio de comunicación designa como personalidad del año a un sujeto de dudosa reputación. Es oportuno recordar que la revista Time designó como “Hombre del año” en 1938 a Adolf Hitler.