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Vote por la sociedad civil

En unos días se celebraran las elecciones generales. Se habrá dado cuenta por la multitud de carteles electorales que hay colgados en las farolas de su vecindario o porque no se pueden ver unos informativos o abrir un periódico sin que aparezca la cara sonriente de los candidatos. A todo ello lo llaman la fiesta de la democracia... aunque no veo que nadie, aparte de los políticos, se divierta.

El ciudadano común sólo se tiene que preocupar por una cosa: decidir si vota y a quién. Hay opciones para todos los gustos; están lo que se abstienen para no legitimar el sistema, los que votan a alguna formación con poca representación para ser fieles a sus ideas o los que votan a alguno de los dos grandes partidos para que su voto "no se pierda" y apoyar lo que consideran el mal menor.

Lo cierto es que da igual lo que se haga. La clase dirigente es un simple reflejo de la sociedad en su conjunto, ya que un político solo puede gobernar si se pliega a la opinión mayoritaria de la población. Es bastante inocente pensar que si esa opinión mayoritaria nos lleva a la ruina, la solución pase por cambiar a ese político por otro, que irremediablemente, tendrá que hacer lo mismo si quiere gobernar.

El ejemplo más claro lo tuvimos en el debate que mantuvieron los dos candidatos a la presidencia del gobierno. En el bloque de "políticas sociales", prácticamente no se diferenciaban las posturas que defendían ambos. Los dos eran férreos defensores del "Estado de bienestar" y sólo se reprochaban la amenaza que suponía el otro para este maravilloso sistema. Pues bien, en las encuestas postdebate de todos los medios se daba un empate a los candidatos en este bloque. ¿Por qué? Pues porque la sociedad cree de verdad que el Estado de bienestar es irrenunciable y hubiera castigado a cualquier candidato que se hubiera salido del guión.

Y la sociedad cree esto pese a llevar 3 años sumergida en una crisis profunda que, si algo ha dejado claro, es que nuestro sistema de pensiones es un timo piramidal, que el subsidio de desempleo es la mejor manera de mantener el paro en niveles astronómicos manteniendo una economía sumergida bestial, que el sistema universal de salud hace aguas por todos lados y que la educación pública ha fracasado año tras año y sistema tras sistema en dar la formación mínima que las nuevas generaciones necesitan.

Por lo tanto el problema no es un político, un partido o la clase política en general. El problema es, y ha sido siempre, las ideas erróneas de la sociedad. Y esas ideas no se cambian yendo a votar o no votando un día cada cuatro años. Esas ideas se cambian con trabajo día sí y día también durante años y años, que junto a la cruda realidad pueda convencer a la mayor parte de los ciudadanos de lo erróneo de su forma de pensar.

O, dicho con otras palabras; la solución pasa por votar todos los días por la sociedad civil.