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Comerciantes contra la libertad de comercio

Su discurso hace parecer que todas las partes quedaron plenamente satisfechas (el típico y tópico "consenso"), cuando lo cierto es que la inmensa mayoría no fueron consultados en absoluto (los consumidores individuales) y una parte concreta fue legalmente discriminada (con lo feo que es eso), prohibiéndose a las grandes superficies (que obviamente no compartieron este presunto "consenso") la total libertad de horarios que sí consiguieron los demás comerciantes.

Como representante de los pequeños comerciantes, Llorens por un lado les hace la pelota como corresponde, recordando cómo llevan tiempo adaptándose a la sociedad actual y trabajando duro "para ofrecer los mejores productos y servicios a sus clientes, ofreciendo variedad, calidad y profesionalidad" (como si los grandes comerciantes vaguearan y ofrecieran mala calidad, o fueran aficionados). Por otro lado les presenta como víctimas indefensas ante la concentración del poder en las grandes cadenas: olvida mencionar quién da ese poder en un mercado libre, que son los consumidores; tal vez sus representados no lo están haciendo tan bien.

Con total desvergüenza asegura, refiriéndose a presuntas estadísticas del Ministerio de Industria y Turismo, que "los consumidores están de acuerdo con los horarios actuales": entonces no deben preocuparse, ya que nadie está obligado a abrir esos días que los consumidores no utilizarán porque ya están muy contentos con lo que hay ahora. También afirma que "no hay ninguna exigencia por parte de los comerciantes para ampliarlos": debe de ser que las grandes superficies, a quienes acusa de inconfesables intereses para reabrir el debate, no son comerciantes.

"Lo único que quizás conseguiríamos es crear disfunciones en nuestro modelo comercial, que es el que también está vigente en los principales países europeos y que garantiza el equilibrio entre comerciantes, consumidores y trabajadores." No es muy específico con lo de las disfunciones (pero suena muy mal y quizás a algún incauto le convenza al meterle miedo), menciona a otros países europeos como si fueran todos iguales y obligatorio imitarlos (algunos tienen libertad total de horarios comerciales y otros sufren restricciones peores que las nuestras), y se refiere a un "equilibrio" que no tiene ningún sentido en un mundo dinámico y cambiante.

En el colmo de su desfachatez propone que sean los trabajadores los que se adapten (¿mediante la coacción legal quizás?, ¿prohibiéndoles trabajar a alguna hora en la que deberían estar haciendo la compra?): "Con la incorporación de unos tres millones de mujeres al trabajo en los últimos años no sólo hay que ver la necesidad del comercio de adaptarse a los nuevos ciclos de vida, sino que quizás, lo que hay que cambiar son los modelos de empleo para adaptarlos a la vida social y compatibilizar la vida laboral con la familiar, para que así el tiempo para comprar o hacer cualquier otra de las actividades necesarias para nuestro día a día no suponga un problema."

Llorens da datos sobre Madrid, la comunidad autónoma menos liberticida en este ámbito: tiene la densidad comercial más baja de España y la ocupación en el comercio minorista es ligeramente inferior y crece menos que la media. Como necio en asuntos económicos, lamenta la eficiencia de que menos trabajadores sirvan en un entorno competitivo a más consumidores; "con la seguridad (sic) que nuestros clientes están satisfechos con el servicio recibido, afirmamos que no existe ninguna razón para plantear una ampliación de horarios". Es patético lo mal que ocultan algunos la defensa política de sus intereses a costa de los demás.

Entre los objetivos de la CEC está "la defensa y el fomento del sistema de libre iniciativa y de la economía de mercado". Tienen una forma extraña de entender lo que es la libre iniciativa, y respecto a la economía de mercado quizás les parece mejor no insistir con que también sea libre.