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El falso “septiembre histórico”. El Gobierno destruye el potencial de recuperación

"The vow that we made, you broke it in two". Elvis Costello.

La euforia del Gobierno con los datos del paro de septiembre contrasta con la realidad. "El mejor septiembre de la historia" con la cifra de paro más alta en años. Una caída del paro que ni cubre el aumento de agosto y la tasa de paro más alta de Europa, 669.774 parados más que en septiembre de 2019 (+22,6%), 22% menos contratos que en septiembre de 2019, y a final de mes todavía quedan 728.909 personas en ERTE después de cinco meses de reapertura.

Hablar de dato "histórico" cuando el incremento interanual del paro es el mayor desde 2009 es engañar. Sin la flexibilización de los ERTE de la reforma laboral los 728.909 trabajadores en ERTE estarían en paro y, por lo tanto, el aumento de paro sería un 40% superior al de 2009.

Es aterrador ver la destrucción empresarial. En agosto ha continuado la destrucción de empresas tras cinco meses de reapertura. Hay casi 8.500 empresas menos y se han destruido más de 100.400 en el último año. Una cifra mayor a la de todo EEUU. Esto implica menos potencial de empleo, de inversión y de crecimiento.

Los datos publicados por la Agencia Tributaria también nos muestran el nivel de daño infringido a la economía tras el confinamiento más agresivo e incompetente de la OCDE. Mientras países que han tenido una política sanitaria preventiva, seria y sencilla no han acudido a la represión para esconder su falta de gestión, también han preservado el tejido empresarial y la economía mejor.

Según el consenso de Focus Economics, España en 2020 será la economía que más caiga en 2020, más de un 12%, con el mayor déficit de toda la Unión Europea y con la segunda mayor tasa de paro sin contar ERTE.

España superará en déficit a todos los países y la cifra será más de un 40% superior a la media de la eurozona.

El Gobierno nos repitió una y otra vez que no iba a reducir impuestos porque “hay que recaudar”, y recaudaron mucho menos que ninguno. Unos genios.

La idea de que mantener o subir la tasa impositiva a empresas y familias aumenta la recaudación solo se le puede ocurrir a alguien que jamás ha creado o gestionado un negocio.

La destrucción de empresas, empleo y con ello, bases imponibles por negarse a reducir cargas fiscales en crisis nos lleva a un agujero estructural insostenible.

Ténganlo claro: Ninguna estimación optimista de rebote en 2021 reconducirá el aumento del déficit estructural y el agujero de déficit creado en 2020.

Las estimaciones más voluntaristas reflejan un déficit en 2021 que volverá a ser de más del 7% del PIB y no bajará del 5% (nivel de rescate) hasta 2023. Eso si alguien se cree un crecimiento sostenido entre 2021 y 2024 de más del 3% anual.

En esas mismas estimaciones optimistas de rebote, España tendrá el mayor déficit de la Unión Europea en 2020, 2021, 2022, 2023 y 2024.

¿Cómo se ha creado semejante agujero fiscal? Fiando toda la recuperación a la política monetaria, aumentando gastos estructurales y subvenciones sin memoria económica ni presupuesto, y manteniendo una fiscalidad anticompetitiva que ha hundido ingresos y bases imponibles.

Esta crisis nos ha demostrado que tener una fiscalidad extractiva y no competitiva como la española es ineficaz en crecimiento y muy dañina en recesión. Cuando la economía crece el gobierno gasta mucho más de lo que ingresa, y cuando la economía cae, también.

Por eso la falacia de "no se pueden bajar impuestos porque hay déficit" es un engaño. En crecimiento, aumentan el déficit estructural gastando más y, en recesión, gastan todavía más. Mantienen administración de ricos en un país de economía de guerra.

No, este agujero no lo han causado "los ERTE". Los ERTE son mucho más baratos para el Estado que el paro, un trabajador en ERTE le cuesta al Estado menos de la mitad que un parado con prestación. El agujero sin ERTE sería mucho mayor.

No, este agujero no lo han causado "los avales" ni préstamos del ICO a empresas. Los avales y préstamos no computan como gasto -porque no lo son- ni déficit. Que le concedan a una empresa un aval o un préstamo para pagar impuestos en el futuro no es un chollo ni una ayuda. Es una carga.

Este agujero es entero por mantener una administración hipertrofiada y no reducir ni un solo gasto innecesario en periodo de debacle económica y desplome de actividad.

"No hay que bajar impuestos" nos ha llevado a una debacle sin precedentes. La recaudación por IVA cae 15,6% hasta julio -ya con rebote de la economía-, el IRPF se desploma un 27,4%. Renta y patrimonio, un destrozo del 20,4% y el impuesto sobre sociedades baja un 7,1%.

Ningún país de nuestro entorno con fiscalidad más atractiva ha visto un destrozo de tal calibre.

Es aterrador que esta destrucción, alentada desde las capas más intervencionistas del Gobierno, nos lleven a que incluso si el rebote fuera del 9% en 2021 el déficit no caería de los 70.000 millones de euros.

Los ingresos fiscales y bases imponibles de 2019 no se recuperarían hasta 2024 siendo optimistas.

Los fondos de la Unión Europea no cubrirán ni una quinta parte del agujero fiscal acumulado en el periodo.

El destrozo en las cuentas refleja la equivocada decisión de dejar hundirse a empresas y familias por negarse a bajar impuestos y permitirles sobrevivir. El agujero fiscal llegaría a -160.000 millones de euros (-14,7% del PIB) comparado con estimaciones previas de -100.000 millones de euros.

El 80,2% de los apoyos de Europa para 2020-2021 ya se han consumido, y la mayoría son préstamos que tendrán que devolverse.

El préstamo del SURE no cubre ni un 5,27% de los ingresos fiscales y todas las ayudas europeas combinadas -si las recibimos, y esa es otra cuestión- ni cubren un 20% del agujero fiscal de 2020 y 2021. De hecho, los fondos netos de la Unión Europea que pueda absorber la administración ya se han consumido con creces.

Conviene recordar por enésima vez que los fondos de Europa no se van a dar para cubrir desequilibrios estructurales, gasto corriente o subvenciones. Son para proyectos de inversión específicos y con rentabilidad económica real.

Un problema de solvencia no se soluciona con prestamos y ayudas, y el Gobierno ha creado un grave problema de solvencia entre los contribuyentes.

A todas estas cifras hay que añadirles el efecto negativo de confinar Madrid, que supera los 5.000 millones de euros y casi 45.000 empleos, según la patronal de empresarios de Madrid.

El Gobierno de España está jugando un juego muy peligroso al vender las ayudas europeas como un cheque en blanco para su gasto político. Nos arriesgamos a no recibir ni una fracción de esa ayuda.

En cualquier caso, las ayudas de la Unión Europea ni solucionan el problema estructural ni el de solvencia. Los dos problemas que el gobierno ignora con su política del avestruz.

Un déficit anual que supera en un 40% el de la media de la eurozona y que supera a todos los países de nuestro entorno no se va a disfrazar con política monetaria. Lo sabe Italia, y lo sabe cualquiera que entienda que el riesgo se acumula lentamente y salta muy rápido cuando generas un problema de stock (deuda) y déficit excesivo (flujo) creciente y al unísono.

Muchos creen que todo esto da igual porque la deuda la compra el BCE y Europa levanta el techo de gasto. Es de una ingenuidad y un desconocimiento absolutos. La cadena de confianza y solvencia de la UE que permite al BCE endeudarse para aplicar políticas monetarias es tan fuerte como el más débil de sus eslabones. Si el Gobierno de España juega a ser Grecia, el resultado será el mismo.

La conclusión es clara. Negarse a implementar una fiscalidad competitiva y atractiva ha destruido más empresas y bases imponibles que ninguna economía de nuestro entorno y generado más déficit que ninguno.

Mantener y aumentar gastos estructurales y exceso presupuestario no es defender el gasto social. Es ponerlo en peligro.

Subir impuestos a un tejido productivo al borde del colapso es ahogar a un enfermo en la UCI y hundir las posibilidades de recuperación.

Subir impuestos a un país de empresas abocadas a la quiebra y con millones de parados es como pedir dinero en la puerta de un edificio derruido.

Si el Gobierno no pone las medidas urgentes para reducir gasto innecesario, crear empresas, empleo y preservar el tejido empresarial ni se van a sostener los servicios públicos ni se va a recaudar nada.