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En la batalla del PP, Sáenz de Santamaría y Cospedal cargan con el peso muerto de Mariano Rajoy

Aunque no sean las únicas que aspiran a lograr la presidencia del Partido Popular, gran parte de la atención mediática en España se centra en María Dolores de Cospedal Soraya Sáenz de Santamaría. Al margen de la condición femenina de ambas, en este caso algo secundario, prima el morbo de ver cómo las dos enemigas íntimas libran en público la misma batalla que de forma soterrada mantienen desde hace casi ocho años. El enfrentamiento comenzó en diciembre de 2011, cuando Mariano Rajoy llegó a La Moncloa. Desde entonces es un secreto a voces que ambas pugnaban por sucederle.

Rajoy les dejaba hacer. Su estrategia fue fomentar entre ambas una competencia casi bélica en la que sus dos manos derechas, Sáenz de Santamaría en el Gobierno y De Cospedal en el partido, se esforzaran al máximo para demostrar cuál de ellas le era más fiel. Eran tiempos en los que todavía se consideraba que el dedazo volvería a funcionar como mecanismo de relevo al frente del partido. Sin embargo, eso ya es cosa del pasado (Ver más: El PP pasa del “dedazo” a ser el partido con mayor democracia interna de España).

De Cospedal y Soraya se batirán el cobre, entre ellas y con otros cuatro candidatos, en forma de primarias abiertas el 5 de julio. Por primera vez, la opinión de los militantes va a tener una influencia real en el proceso, aunque posteriormente los compromisarios elijan entre los dos candidatos con más apoyo. Nada garantiza a nadie que vaya a pasar a esa “segunda vuelta”. Dentro del PP casi nadie se atreve a hacer apuestas sobre el resultado de la competición entre los seis aspirantes. Tan sólo el valenciano José Luis Bayoy el exministro José Manuel García-Margallo parecen abiertamente descartados del combate final. Pablo Casado cuenta con muchas opciones de llegar a él. José Ramón García Hernández puede tener opciones, aunque no demasiadas, de “dar la sorpresa”, según apuntan algunas fuentes populares.

Desde el seno del PP algunos destacan que las dos mujeres que acaparan la mayor parte de la atención mediática son las que menos propuestas concretas presentan. Esto, apuntan algunas fuentes, es especialmente evidente en Sáenz de Santamaría. Muchos afiliados la identifican con el “vaciado ideológico” al que se vio sometido el partido y el Gobierno en los años de mandato de Rajoy. Tiene mejor imagen en el conjunto de la sociedad que entre los militantes, que son quienes van a votar. De puertas hacia afuera es vista como una persona moderna y eficiente. Esa idea es compartida por un sector de la militancia, pero no es la mayoritaria.

A favor y en contra

Muchos afiliados consideran a Sáenz de Santamaría una “arribista”, recuerdan que se afilió al PP cuando ya era vicepresidenta del Gobierno y creen que nunca se ha esforzado por la formación. En las filas del PP está muy extendida la idea de que es una maestra de la conspiración para quitarse del medio a rivales y que por años ha jugado al “intercambio de favores” con los medios para que le favorezcan a ella y perjudiquen a otros dirigentes de la formación, según comentan en privado algunos miembros de la estructura popular. Juega a su favor que se le identifica con la buena gestión del gobierno de Mariano Rajoy y que no se ha visto salpicada públicamente por ningún escándalo de corrupción.

De Cospedal goza de mayores simpatías internas en el partido, en el que se mueve con mucha comodidad tras años como secretaria general. Sin embargo, para muchos militantes que reclaman una recuperación de ideas y valores tampoco es lo suficientemente firme en este terreno. Reconocen que, tras anunciar su candidatura, ya ha hablado de la defensa de la unidad de España y del “humanismo cristiano”, que es la base doctrinal oficial del PP. Pero, como apuntan algunas fuentes, no va mucho más allá y queda lejos de los mensajes más concretos y fuertes que consideran que están lanzando Casado y García Hernández.

El principal punto fuerte de Dolores de Cospedal es que los militantes le reconocen, y le agradecen, que “se ha partido la cara por el partido en los momentos más difíciles. En las situaciones más complejas para la formación ha sido ella la que ha solido comparecer ante los medios. También juega a su favor el hecho de que es la única entre los aspirantes que se ha presentado a unas elecciones como candidata principal de la formación y las ha ganado, logrando presidir el Gobierno de Castilla-La Mancha.

Ambas se están manejando con soltura en la lucha por controlar los aparatos autonómicos del PP, si bien estos están fracturados en casi todas las regiones. La excepción, señalan fuentes del partido, es Castilla-La Mancha. La estructura partidaria en esta comunidad autónoma es controlada “con mano de hierro” por De Cospedal. Dos ejemplos de la ruptura del aparato entre ambas son Andalucía y Cataluña.

El sector oficialista en Andalucía ha tomado partido por Soraya Sáez de Santamaría, mientras que el crítico respalda a su rival. En Cataluña el exdelegado del Gobierno, Enric Millo, y sus partidarios apoyan a la expresidenta del Ejecutivo. El presidente regional del partido, Xavier García Albiol, y sus seguidores han tomado partido por De Cospedal. Achacan a Sáez de Santamaría debilidad frente al independentismo. Por diferentes motivos, la situación en el resto de España también es de fractura. Los aparatos se dividen, sobre todo entre ellas dos, pero en general no tratan de guiar el voto de los militantes.

El apoyo de los aparatos no es suficiente

De hecho, en muchas regiones los afiliados parecen inclinarse más por el tercer “peso pesado” en liza, Pablo Casado. Eso es lo que ocurre al menos en la Comunidad de Madrid, donde presidió la organización juvenil del partido, Nuevas Generaciones, y Cataluña, según comentan diferentes fuentes populares. La lucha por manejar los aparatos, por lo tanto, no le garantiza a ninguna de ellas superar las primarias abiertas y llegar a la segunda vuelta.

Un problema añadido al que se enfrentan ambas es su plena identificación con Mariano Rajoy, cuya imagen está muy deteriorada en el seno del PP. Una fue su mano derecha en La Moncloa, la otra en la sede central del partido en el número 13 de la madrileña Calle de Génova. Es difícil mostrarse como la “renovación” cuando se ha sido por ocho años la sombra del presidente que ahora se retira y al que se le ha mostrado de forma pública y constante la mayor lealtad. El sector de la militancia que sigue agradecido a Rajoy les puede premiar por esto último, pero el resto puede querer algo muy diferente.

De Cospedal y Sáenz de Santamaría se han preparado ocho largos años para afrontar la lucha por suceder a Mariano Rajoy. En este tiempo han ganado aliados y enemigos, al igual que se han granjeado simpatías y antipatías. Pero todos los movimientos que habían realizado estaban pensados para afrontar un escenario muy distinto al actual. Jugaban pensando en un escenario de dedazo y pura lucha de aparatos, y lo que se han encontrado es con que, por primera vez, la voz de la militancia popular va a ser tenida en cuenta. Y, aunque puede ocurrir cualquier cosa, eso es algo que no beneficia a ninguna de las dos.