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¿Un coeficiente de caja del 100%?

En la cuenta personal no se nota porque, en un ejercicio aceptado de contabilidad creativa, no ve que sus depósitos se esfumen, aunque estén ya comprometidos en un crédito a un tercero.

No pasa nada. No todo el mundo acude a la caja al mismo tiempo, por lo que, en realidad, esa ficción de que todos tienen sus depósitos a la vista y con total liquidez se mantiene sin ningún problema. Hasta que surge algún problema, es decir. Porque entonces lo que vemos son largas colas de clientes de la entidad yendo a la caja por su dinero. Saben, en realidad, que en la caja no hay para todos. Que su depósito a la vista estaba en realidad demasiado lejos para poder percibirlo. En una hipoteca por pagar, en la compra de maquinaria por una empresa, en las cuentas en rojo de una familia que se compra un nuevo coche… En cualquier caso no en su banco.

Y es peculiar, porque nuestro ordenamiento jurídico ve con malos ojos el préstamo de los depósitos. Con los bancos hace una excepción, pero el resto de los mortales no podemos seguir su ejemplo. A Jesús Polanco le llevaron a juicio por prestar los depósitos de los decodificadores de Canal+, aunque finalmente quedara absuelto.

Por estas y otras razones hay quien propone que se haga una clara distinción entre los préstamos y los depósitos y que estos últimos se mantengan al 100% en caja y no se presten. Y, siguiendo la misma lógica, proponen que no se pueda uno endeudar a corto plazo para prestar o invertir a largo, sino que los plazos del ahorro recibido por las entidades financieras y los préstamos que realizan casen entre sí.

Los bancos perderían la magia de crear dinero de la nada, pero no se encontrarían en situaciones como la que vive el Northern Rock. Pero ¿es necesario? ¿Tiene sentido recuperar la práctica tradicional de mantener un 100 por ciento de coeficiente de caja? El debate es relevante en tiempos de crisis.