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Vox lo cambia todo

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Los partidos de centro derecha tienen dos opciones: aceptar las líneas rojas de la izquierda, y por tanto reforzarlas, o romperlas.

Las elecciones europeas son una macroencuesta que no podría manipular ni José Félix Tezanos. En ellas, España es una circunscripción única, y los votos de los españoles valen lo mismo, así lo depositen en Soria como en Barcelona. Una macroencuesta porque aquí entendemos que en realidad el voto no tiene mucha relevancia. Es un voto sin coste en el sentido de que la institución que se renueva no está en nuestro suelo, por lo que es el vehículo ideal para lanzar bravucones mensajes de protesta, como el de Ruiz Mateos o el de Podemos. En 2014 cambió la política en España con la irrupción-de-Podemos, sintagma tan manoseado como fin-del-bipartidismo, e igualmente certero. Ocurrió lo mismo en Francia, donde el Frente Nacional obtuvo uno de cada cuatro votos de los franceses; más de 4,7 millones de votos.

Este año hay elecciones europeas, pero el cambio político se lo han madrugado los comicios andaluces. Éstos han demostrado que Vox es una opción que puede ser útil a una parte del electorado, lo cual ha disparado sus expectativas electorales en el resto de España. Cómo asentarán las elecciones locales, autonómicas y europeas el nuevo panorama político sólo podemos suponerlo. De nuevo, las elecciones europeas son una gran oportunidad para Vox, pero pueden ser un fracaso si adopta una posición netamente anti-UE, aunque eso no quiere decir que no deban hacerlo. (Eran muy pro europeístas en 2014).

Vox se ha sentado en la mesa de los mayores, y esto cambia por completo el panorama político español. Vamos a ver cómo. Lo primero que tenemos que entender es qué es Vox, de dónde procede su voto, y cómo su espacio obliga a los demás a moverse, y en qué sentido.

El de Vox es un voto mayoritariamente masculino, y eminentemente joven: desde los 45 años su intención de voto cae a plomo. Es más joven que Podemos o Ciudadanos, cuyo reparto por edades del voto es más equilibrado. Pero el voto a Vox sí está equilibrado por tamaño de la población.

Cuando el CIS pregunta qué partido es más cercano a sus propias ideas, Vox sólo aparece en un 1,7 por ciento de las respuestas (la intención de voto declarada más simpatía es del 2,8), lo cual demuestra que es una formación capaz de recabar mucho voto descontento, que no comulga con varias de sus propuestas a la sociedad española, pero que lo considera útil de todos modos. Hay mucho voto antipolítico, como demuestra el hecho de que una parte no desdeñable de su voto, también según el CIS, proviene de Podemos y de la ultraizquierda (quienes se definen con un 1, en la escala 1-10 de izquierda-derecha).

Le votan más los obreros no cualificados, comerciantes y pequeños empresarios, y aquéllos a los que el CIS no clasifica, y más las clases medias que las bajas. Las elecciones andaluzas nos dicen, además, que es un voto con más renta y más formación que la media. Y que una parte de ese voto está motivado por la presencia de inmigrantes en las áreas en que viven los votantes.

Con todo esto nos acercamos, pero hay que ir un poco más allá. Vox es un partido abierta y sinceramente de derechas. A diferencia del Partido Popular, juega en campo propio; no asume los límites impuestos por sus rivales ideológicos. Ha cruzado el rubicón, lo cual quiere decir que se enfrenta a fuerzas muy poderosas; señaladamente a la práctica totalidad de los medios de comunicación. Pero hay que tener en cuenta dos cuestiones importantes.

La primera es que, en general, el poder de los medios de comunicación es muy limitado, lo cual es en sí una noticia excelente. Y es más limitado precisamente entre quienes están dispuestos a desobedecerles desde el principio y optan por Vox.

La segunda es que los partidos de centro derecha tienen dos opciones: aceptar las líneas rojas de la izquierda, y por tanto reforzarlas, o romperlas. Y al hacerlo (en ello están Pablo Casado y Vox), amplían su propio terreno de juego; pueden hablar con su electorado con más franqueza, y defender lo que quieren sus votantes. Vox ha llegado a condicionar el acuerdo político en Andalucía a poner fin a la ley de Violencia de Género de Andalucía. Saben que es muy fácil para los medios de comunicación hacer su trabajo y manipular diciendo que ellos están del lado de los maltratadores, pero les da igual. Vox abre el terreno al Partido Popular, y Pablo Casado está dispuesto a ocuparlo y reforzarlo. ¿Se referiría a eso Santiago Abascal con lo de la reconquista?

No es una cuestión baladí. Lucía Méndez, en su camino hacia el periodismo Global, ha hecho propia la posición del Gobierno de que hay cuestiones que no se debaten. Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno y su báculo intelectual, ha dicho lo siguiente:

Existe una violencia y desprecio específicos contra las mujeres y niñas, se llama machismo y patriarcado en todo el mundo. Nadie puede enmascarar esa realidad sin cometer una grave y miope injusticia contra más de la mitad la población. Esto no tiene debate, ni un paso atrás.

Es decir, hay cuestiones que deciden los partidos políticos y que sencillamente no se debaten. Bien, pues ese cerco es lo que explica el éxito de Vox y éste lo ha roto sin dificultad.

Un caso distinto es el de Ciudadanos. Su éxito electoral proviene de la cuestión nacional. Nacieron luchando contra el nacionalismo catalán, y han llevado esa lucha al resto de instituciones. Jugaron con saltarse algunas de las imposiciones ideológicas de la izquierda, como por ejemplo en el caso de la violencia doméstica, en nombre de una igualdad de todos los españoles que valía contra el nacionalismo y que le daba contenido y coherencia en su discurso. Hoy Ciudadanos ha desdibujado ese mensaje, y hay una razón para ello.

El futuro de Ciudadanos pasa por ser el referente de la izquierda nacional española. El PSOE va camino de convertirse en una corriente de Podemos con silla en la Internacional Socialista, al lado del Partido Baas. Lleva toda la democracia traicionándose a sí mismo en la cuestión nacional, y parece que es incapaz de dejar de hacerlo. Ha sonado la alarma de incendios en mitad de la noche, y el PSOE prefiere que el fuego queme lo que no le gusta, aunque acabe por arruinar toda su casa, que es la nuestra. El PSOE no reacciona, pero la sociedad española sí. Y lo va a orillar. Nació con un Pablo Iglesias y va a morir con otro.

Lo interesante es cómo va a hacer esa transición. Su postura hacia Vox muestra que han elegido mimetizarse con el PSOE. Ya han dicho que en Madrid será con ese partido con el que quieren pactar, del PP no han dicho nada y de Vox, que son unos apestados. Aunque hacen bien en volcarse hacia la izquierda, no está claro que apoyarse en el PSOE para acabar hundiéndolo sea lo más seguro. Si va a buscar su utilidad ante el votante en que es un partido defensor de la Constitución y de la nación española, sus ascos hacia Vox son contradictorios. Precisamente lo que debe defender es que aquí caben todos los partidos que no conspiren cada lunes y cada martes contra España.

Vox tiene elementos que personalmente me parecen repulsivos, pero mucho sería pedir que sometiesen a la corrección política a una voladura controlada y que además se adaptasen a las preferencias de cada uno. Lo cierto es que el partido de Abascal lo cambia todo.

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