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Recursos naturales y Geografía, Instituciones y Desarrollo

Dentro de la corriente dominante en desarrollo económico, existe una creciente literatura que enfatiza la importancia de las instituciones en el desempeño económico, como ya comenté hablando de un trabajo reciente sobre las consecuencias de la Revolución Francesa.

Tras décadas en las que las instituciones (definidas grosso modo como reglas del juego o normas que regulan el comportamiento económico) apenas eran consideradas en la corriente ortodoxa, en la actualidad autores de la talla y el prestigio académico como Acemoglu, Rodrik y muchos otros las consideran como la causa fundamental de por qué unos países son ricos y otros son pobres. Pero surge otra pregunta: ¿por qué hay tanta diferencia en calidad institucional entre países? Una de las respuestas más aceptadas en la literatura es que distintas condiciones geográficas han podido afectar en un sentido u otro a las instituciones, las cuales han persistido desde tiempo atrás.

En este contexto general se sitúa el artículo "The Varieties of Resource Experience: Natural Resource Export Structures and the Political Economy of Economic Growth" de Isham et al., que pretende explicar el desempeño económico de un conjunto de 90 países en vías de desarrollo entre mediados de la década de 1950 y finales de los 90.

Lo que sucedió en este periodo, en media, fue un crecimiento por encima del 2% hasta prácticamente los años 80, seguido por una caída brusca que se extiende hasta el 85, para luego volver a crecer por encima del 2% a partir de 1995. El hecho estilizado al que prestan atención los autores es la notable divergencia en el desempeño de los distintos países dependiendo de cuál era su estructura exportadora. Se distinguen cuatro tipos de estructura exportadora: 1) manufacturera, 2) difusa (ganado y productos agrícolas), 3) ‘point source’ (combustibles, minerales, cosechas de plantación) y 4) especializadas en cacao y café. Desde 1974, la tasa de crecimiento media en los países exportadores de manufacturas fue del 4,58%, en contraste con la ridícula tasa para los países exportadores de recursos naturales, ligeramente superior al 0%.

Dados estos hechos (que no podemos olvidar que son contingentes a un periodo temporal y selección de países concretos), podemos preguntarnos: ¿cuáles son los mecanismos por los que la composición exportadora podría afectar al desempeño económico?, ¿se puede establecer que la calidad institucional es la pieza fundamental de estos mecanismos?

En la literatura sobre desarrollo económico es ampliamente conocida la ‘maldición de los recursos naturales’ (también llamada como ‘enfermedad holandesa’), que dice que los países ricos en recursos naturales tienden a tener peores resultados económicos, principalmente por su peor calidad institucional. Se han señalado diversos canales por los que sucede esto, que pueden clasificarse en tres: ‘rentier effect’, ‘delayed modernization’ y ‘entrenched inequality’.

El primero tiene que ver con los efectos negativos que se generan al tener el gobierno fácil acceso a recursos financieros sin necesidad de establecer un vínculo entre él y la sociedad a través de impuestos. El segundo sostiene que en países abundantes en recursos naturales las élites del poder se resistirán a la modernización e industrialización de la economía por miedo a perder su estatus privilegiado. Y el tercero, siguiendo la influyente tesis de Engerman y Sokoloff, se refiere al impacto de la composición exportadora sobre las estructuras sociales: cosechas como el trigo o el maíz propiciaron en Norteamérica una estructura de pequeñas granjas y derechos de propiedad sólidos, en contraste con las plantaciones de azúcar, café o cacao que generaron grandes plantaciones donde los derechos de propiedad eran débiles.

Así, según estos estudios, parece que diferentes tipos de dotaciones de recursos naturales tienen una importante influencia en el desarrollo económico a través de las instituciones. Países dependientes en recursos naturales de tipo ‘point source’ y de grandes plantaciones están predispuestos a grandes divisiones sociales y debilidad institucional. Esto afecta negativamente a la capacidad de los países para responder efectivamente a shocks, lo que reduce las tasas de crecimiento en el medio plazo, sostienen Isham et al.

A través de un indicador de estructuras exportadoras que construyen, realizan el análisis econométrico donde estiman dos ecuaciones: la primera trata de capturar el efecto de la estructura exportadora sobre variables institucionales, mientras que la segunda lo hace para ver cómo afectan estas variables institucionales al crecimiento económico.

Los resultados son consistentes con las hipótesis iniciales, es decir, países dependientes de recursos naturales de tipo ‘point source’ se correlacionan con instituciones de mucha peor calidad, en contraste con los países exportadores de manufacturas. Se muestra cómo una reducción de esta dependencia tendría un impacto muy importante sobre las tasas de crecimiento económico.

Otro resultado interesante es la correlación positiva entre la propensión exportadora de un país y su calidad institucional, lo que se puede explicar por qué los países más globalizados necesitan tener buenas características institucionales si quieren permanecer conectados en los mercados globales.

Las implicaciones para la política económica de los gobiernos y los organismos internacionales para favorecer el desarrollo no son nada fáciles ni obvias dado que la estructura exportadora que se origina de la dotación de recursos naturales no es una variable fácilmente controlable por el gobierno. Sin duda, una mayor transparencia y responsabilidad de los gobiernos podría dar buenos resultados, pero para países con baja calidad institucional puede ser muy difícil que los gobiernos se comprometan y cumplan estos compromisos.

Estas conclusiones ilustran lo complicado que puede llegar a ser que los gobiernos tengan un impacto efectivo y positivo sobre el desempeño económico debido a que éste en última instancia depende de condiciones institucionales que son difícilmente manipulables. Quizás el enfoque alternativo de poner el acento en qué políticas o qué cosas no deberían hacerse (primum nil nocere) pueda ser menos arriesgado y más efectivo en el largo plazo. El conocimiento de los economistas y científicos sociales es limitado, y las sociedades no son fácilmente maleables.